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LOS PROBLEMAS NI SE CREAN NI SE DESTRUYEN, SOLO SE TRANSFORMAN
2009/06/07

Lo típico, lo innegable, lo irreparable, lo que suele suceder cuando todo parece ir de lo más bien, Y no pretendo exagerar, ni nada por el estilo. Pero es que a veces el destino me juega bromas de lo más increíbles. Es como ir tentando a la suerte con cada paso que doy. No está demás, y de verdad que lo he considerado seriamente, pero el chistesillo ese, tan popular, que dicta que si eres un tipo con tan mala suerte y compras un circo, los enanos crecerán, me asusta. Y es que a mí me puede suceder cualquier cosa, en verdad. Alguna vez soñé que a mi novia le crecía un pene, y me desperté temblando de miedo. Pensé que para mala suerte mía, mi novia se mutaría en hombre, ¡Que terror! O me pasa que me meto a la ducha, me enjabono del todo, y suceden dos cosas: Que la bomba de la cisterna se estropea, o que el teléfono comienza a timbrar. Pero ojo, si decido salir escurriendo de jabón y contesto, es llamada equivocada, y si lo dejo ir, seguramente es la noticia de que fui aceptado en Yale para mi maestría. Mierda. Así es queridos educandos, no estoy hablando de otra cosa, que de las Leyes de Murphy.

Edward A. Murphy Jr. hubiera inspirado su Ley en mí, seguramente. Existen diferentes teorías acerca del origen de la Ley de Murphy y de los detalles de cómo fue formulada inicialmente. Desde el período que va de 1947 a 1949 se desarrolló un plan denominado MX981 en campo Muroc (llamado más tarde Base Aérea Edwards) destinado a probar la resistencia humana a las fuerzas G durante una desaceleración rápida. Las pruebas usaban un cohete sobre rieles con una serie de frenos en un extremo.

Las pruebas iniciales usaban un muñeco humanoide, atado a una silla en el trineo, pero las que siguieron fueron hechas con John Paul Stapp, capitán en ese entonces, reemplazando al muñeco. Con esto se cuestionó la precisión de la instrumentación utilizada para medir las fuerzas G que el capitán Stapp experimentaba. Edward Murphy propuso utilizar medidores electrónicos de esfuerzo sujetos al arnés de Stapp para medir la fuerza ejercida sobre ellos por la rápida desaceleración. El asistente de Murphy cableó el arnés y se hizo una primera prueba utilizando un chimpancé. Sin embargo, los sensores dieron una lectura de cero.

Se vio, entonces, que habían sido instalados incorrectamente, cada sensor cableado al revés. En este momento Murphy hizo su enunciado. Según George Nichols, otro ingeniero que estaba presente, Murphy, frustrado, le echó la culpa a su asistente, diciendo: «Si esa persona tiene una forma de cometer un error, lo hará». La versión de Nichols es que la «Ley de Murphy» salió en una conversación entre otros miembros del equipo; fue luego condensada a «Si puede ocurrir, ocurrirá» y llamada la ley de Murphy de forma socarrona.

Vale, lo que me pasa a mí va un poco más allá de todo esto. Me ha sucedido, infinidad de veces, que estoy esperando una llamada, importante. Pero justo cuando me siento en el inodoro, es cuando comienza a timbrar el teléfono. Basado en la ley de Murphy que dicta: “Todo cuerpo sentado en el inodoro, hará sonar el teléfono” es cuando comprendo la gravedad del asunto. Y no es para menos. Los que me conocen, saben que puede sucederme cualquier cosa. ¿Cuántas veces no he llegado corriendo al teléfono sólo para escuchar como cuelgan? Y eso me sucedio el 4 de noviembre del 2008. Yo estaba maravillado porque un avión sobrevolaba cerca del anillo Periférico, y Reforma. Todos corrían histéricos, habían perdido la cabeza. (“Si mantienes la calma cuando todos pierden la cabeza, sin duda no has captado la gravedad del problema”) Y bueno, después supe que el Secretario de Gobernación se había hecho pomada a escasos 200 metros de donde yo estaba.

O voy a comer a casa de mis padres, o en una comida de negocios, y ya sea que mancho de vino la camisa, o de plano se me viene el plato de comida encima. (“La probabilidad que te manches comiendo, es directamente proporcional a la necesidad que tengas de estar limpio”)

Señores, es terrible lo que me sucede. En fin, solo quería lacerarme un poco, autofelarme con este post. Sin lugar a dudas seguiré siendo un imán de las cosas bizarras, pero estaré tranquilo, pues en realidad, nadie sale vivo de esta vida.

Hoy comeré pescado, pero esta vez, Murphy, pedazo de cabrón, no me joderás. Porque hoy sí estoy preparado. Sé que para ponerle limón al pescado, lo único que debo hacer es: Poner el pescado en mi ojo derecho, tomar el limón y exprimirlo apuntando en cualquier dirección… nunca falla.

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