Archive for the ‘Mujeres’ Category

POEMA: XOCHITL
2011/03/19

Hicimos muchas cosas en nombre del amor
como correr desnudos en una plaza
o incendiar al ave Fénix
era el sueño que comenzaba a correr por nuestra piel
las caricias que construían algoritmos o estrellas
encendíamos fotones que se incrustarían en nuestras pupilas
no todo estaba escrito pero qué importaba
tuvimos hambre y frío
también sed y la pasamos mal
a veces no importaba que no hubiera dinero
nos teníamos nosotros
dormiamos como en un paraíso al ras del suelo
hacíamos el amor como dos gacelas
yo buscaba encontrar en tu piel la explicación de la vida
tú buscabas tesoros o melodías absolutas
tomaba el pincel a media noche para retratar
a todas esas mariposas que se agolpaban en mi pecho
esas ansias de vos inundaban mi cerebro
quería que siempre fuera de noche para estar a tu lado
con mi mano en tu desnudez
quería hacer mapas de tus muslos
o iniciar el rito del jadeo o del temblor de piel
vivía a tu lado con la sangre erecta
completo sin mediar otras ansias
la vida sucedía del otro lado de nuestra ventana
no había tormenta que apagara nuestro sol
vivía prendido a vos
me alimentaba de tu cruel agua bendita
pero un día amaneciste con la mirada perdida
en el infinito de aguas turbias
apareciste de la nada con un gato entre las manos
había tormentas insaciables en tu nostalgia
tu sonrisa era ridicula
dijiste
ya no te amo
solemne como un profeta
fría como un cadaver
te fuiste sin decir nada
empacaste hasta la última estrella
de nuestra bóveda celeste
hincaste el puñal en la tierra
y la noche se hizo oscura
dejaste tras de ti la desolación
todo se derrumbó tras tu nuca
Xochitl
el chamán bajó los brazos
sabiendo que todo estaba en llamas
¿Por qué mataste al colibrí?


CUENTO: VERÓNICA
2011/02/23

Verónica se pone de rodillas y comienza a buscar por la alfombra un alfiler. Sus dedos largos y delgados se deslizan suavemente, como una caricia atenta al sobresalto. Su espalda arqueada y sus ojos intensos se inyectan de cuidado al avanzar a gatas tratando de encontrar. Mientras busca, Verónica tararea una canción. Los recuerdos de pronto se agolpan en su mente. Afuera llueve y el viento golpea el cristal de la ventana. Verónica se queda quieta. Se toca los senos tratando de recordar las viejas caricias que hace tiempo ya no sentía. De pronto se siente vulnerable. Un vestigio de excitación recorre su espalda. Verónica se levanta la falda y explora su entrepierna. Se deja caer boca arriba y se acaricia. Descrube que su cuerpo aún es vulnerable al tacto, a las caricias. Sus sentimientos se mezclan. Se pierde en un trance de océano salvaje. Su piel se erecta. Se enfurece. Verónica se pone en pie y camina al espejo frente a su cama. Se quita la blusa y se mira de frente, de perfil. Levanta el pecho, sume el vientre. Aún está extasiada. Sus piernas tiemblan. Su figura aún sugiere la belleza de antaño. Un relámpago ilumina la habitación. Los fotones se incrustan en sus pupilas dilatadas. Hay lágrimas por sus mejillas. Se arranca la ropa y se tira en la cama. Alcanza las tijeras del buró. Verónica cierra los ojos mientras siente la tibieza de la sangre mezclada con el frío metal.


CUENTO: LA MUJER DE DEDOS LARGOS
2010/11/24

Los dedos largos y delgados se deslizaron lentamente para abrir el cajón. Dentro estaba la fotografía. En ella hay una galaxia atravesada por el asfalto. Y un aullido de perros que no fue capturado en esa instantánea. Los recuerdos son una mancha de sangre que fractura a la noche. Los ojos de una mujer bellísima se dilataran en pleno orgasmo en otra parte. No hay frazada que puede abrigar el invierno de su corazón. La anciana se sienta al borde de la cama. Hace tiempo que esa cama es usada únicamente para dormir. Ya no hay jadeos que le den sentido a las noches. Ella era la mujer de otro. Siempre fue así. El reflejo del espejo le regresa una imagen que ella no quiere ver. La vida transcurre afuera de la ventana. El miedo a morir. O a vivir. Todo se tuerce en su memoria. Todo tiene otro nombre. Sus dedos largos se deslizan por el cajón. Ahí sigue el frío revólver.




CUENTO: LUCRECIA
2010/09/15

 Lucrecia sale de la ducha. Se enreda una toalla en la cabeza y otra en el torso. Se mira al espejo. Se unta crema facial. Camina lentamente y vuelve la cabeza para encontrar su reflejo de espaldas. Parece que aún conservaba su figura. Sale a la habitación y se sienta sobre la cama. Estira una pierna y la observa detenidamente. Se derraman los peces de su boca. De pronto comienza a llorar. Es fuego lo que llora, es impotencia. Se levanta y se sienta frente al espejo. Se maquilla. Hace muecas y trata de sonreír. Pero la sonrisa es fingida. Se quita la toalla del torso y se mira los senos. Son de buen tamaño. Se deja caer sobre la alfombra y escribe en un papelito: muerte puta. Afuera llueve. Más allá de lo impensable están los ángeles de humo y los sueños rotos. Lucrecia sabe que no vivirá más de tres meses, el cáncer lo devora todo.


 

CUENTO: NATTY
2010/08/28

Cuando Natty cierra los ojos, entonces despierta. Hay más razón en sus libros en blanco, que en los discursos de sus amantes que la quieren poseer. Natty baila en la penumbra, enciende la música del olvido, el silencio de sus voces. ¿De qué molécula no abandonaste lo que nunca tuviste? Natty posa los ojos al misterio, para reabrir abismos. Ella podía mirar su llegada en la distancia como en un sueño de fuego, como en un viento de sol. Enciende las velas que son cada vez más corazas en las casas marcadas. Siempre hay un cielo en la llegada del insomnio.

Natty baila desnuda y llora. Escucha el llamado en la distancia. Son las voces de sus antiguos dioses: “Cuando la vida se ve maltratada, uno se defiende por instinto. A veces no es sino el miedo, pero la noche dice que así sea.”

Natty sabe que cuando el miedo es casi negro, lo que hay dentro durmiendo en la noche, se convierte en fantasma. Ya no hay sopa que le dé hambre. Natty se sienta al borde de la cama. Se lleva las manos a la cara. Sus senos son pequeños, pero eso nunca importó. Se recuesta lentamente. Será una larga noche.


CUENTO: LAURA
2010/08/21

El espejo no le regresaba a Laura lo que ella quería ver. Sus formas se confundían con las sombras. Ella se levantaba los pechos con las manos, sumía el vientre, se ponía de perfil. Pero el espejo no miente. El tiempo había hecho su trabajo. Ya no era la misma que hace diez años. Ya no era ni lo sería nunca. La intensidad de sus ojos se disipaba. Pero a ella ya no le importaba. Encendió un cigarro y se sentó al borde de la cama. Tenía una tristeza inexplicable. Tomó la navaja suiza y se quitó las pulseras. Afuera había luna llena.


CUENTO: EL DIBUJO DE LA MUJER CON PECES EN LA BOCA
2010/08/02

De pronto el escritor se detiene. Escribe al margen de un libro de poemas de Dylan Thomas, pero las palabras ya carecen de fuerza. Entonces dibuja a una mujer con peces en la boca. Ella sostiene un laberinto en sus manos. Una pieza de jazz se escucha en el fondo. El escritor encuentra el límite. No sabe como dibujar a la pieza de jazz. Porque además no es saxofón lo que se escucha. Es un contrabajo que suena como un corazón podrido de latir. Como arritmia cardiaca. Él sabe que es una buena pieza de jazz. Podría ser Victor Wooten interpretando Classical Thump. Pero también sabe que no puede durar eternamente ese contrabajo tocando. No existe una pieza de jazz infinita. En algún momento del dibujo se debe detener. Y cuando esto suceda, alguien habrá caído al suelo. Con un infarto. Con un paro cardiaco. Pero la mujer con peces en la boca se niega a ser ella la que caiga. Se incorpora y camina, desnuda, por el margen de la hoja. Entonces la pieza de jazz termina. Y el escritor siente un agudo dolor que lo deja inmóvil. Suelta el bolígrafo y cae al suelo. Se lleva las manos al pecho. El dibujo de la mujer con peces en la boca brinca del cuento a la realidad. Acomoda al escritor sobre la alfombra. Le hace el amor como para rescatarlo. Ambos se llenan de peces la boca. El laberinto se derrama por la alfombra morada.


CUENTO: ALEJANDRA
2010/07/31

Alejandra se sienta a la orilla de la cama y enciende la contestadora. No hay mensajes. Sólo el silencio. Afuera trinan los pájaros. Hay niños corriendo, mujeres que esconden su celulitis en jeans ajustadísimos y hombres de miradas duras. El ronroneo de la ciudad se hace sentir por todas partes. Alejandra dibuja una caricatura en la libretita de notas. Se posa frente al espejo. Desabotona su blusa y deja deslizar la falda. Se mira detenidamente. Tiene una cicatriz bajo el obligo pero una piel suave y sedienta. El tatuaje de la espalda no logra verlo. Ese tatuaje fue hecho para que lo vieran sus amantes. Pero ahora todos sus amantes se confunden con los cerdos, o se pudren. Más allá de las montañas están los ejércitos de papel. Los campos de refugiados. Alejandra se acomoda las bragas. Sabe que dormirá sola por tiempo indefinido.


CUENTO: ANDREA
2010/07/30

Atrás sólo está el espacio ritual del enemigo. La soberbia que escurre como baba por las quijadas de los cerdos. Un demonio taciturno rebajado a calamidad. Andrea escribe con rabia. Da un sorbo a la copa de vino. Siente frío. Camina hacia la ventana. Pero no se tirará porque no es romántico. Busca a la luna en su ropero. Busca sin encontrar. Toma la bata con sus dos manos y cubre sus hombros. Llora. Por un momento vacila. Sigue escribiendo. Un fotón se incrusta en mi ojo derecho. Me lagrimea el alma. Tuétano de vos. Calambre de vos. Andrea fuma mientras la noche tiembla bajo las galaxias. Se tira en el piso. Ríe. Después empieza el estertor. Andrea toma conciencia de las pastillas. Sabe que debe llamar al doctor. Que debe producirse el vómito. Intenta incorporarse. Pero no lo logra.


CUENTO: MAGDALENA
2010/07/29

Magdalena abre el grifo del agua. Se mira al espejo y se levanta los senos sosteniéndolos con ambas manos. Sonríe. Se moja un poco el cuello y regresa a la habitación. Junto a la lamparita de noche están los cigarros. Toma el bolígrafo y comienza a dibujar un elefante. El dibujo es nítido. Estira una pierna y se acomoda la media. Piensa que Donna Lee es la mejor pieza de Jaco Pastorius. Busca su reflejo en la ventana. Se mira de lado –parezco puta –se dice. Un modo inusual de aniquilar a las bestias. Afuera llueve. Un poco más lejos está el tedio felino. El ejercito de vidrio. Magdalena hace el amor con los ojos cerrados.


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