Archive for the ‘K&S’ Category

¿A DÓNDE FUE MI LUCIDEZ?
2009/10/03

En una ciudad en donde los elefantes rosas cada vez son más comunes, en donde los hipopótamos de color violeta se pasean con sombrillas hilvanadas de tela de himen, yo me pregunto, ¿A dónde se fue mi lucidez? ¿Será acaso que huyó con el Señor Imaginación para poner una marisquería? ¿Será que se comió grandes rebanadas de nubes y fue al doctor para que le quitaran el acné? ¿O talló sus manos en el pavimento hasta que se deshilacharon todos sus dedos y dejó volar esos hilitos enamorados hasta que se perdieron entre los cables de alta tensión? ¿O está escondida detrás de una puerta, hurgándose la nariz para sacar mariposas? ¿O se estará paseando en Paris? ¿Praga? ¿Venecia? ¿O Iztapalapa? ¿Se habrá ido para siempre? ¿Regresará?

Yo por mi parte, me quedaré esperando escondido detrás de un colibrí, masticando pedacitos de estrellas, sentado, eructando moscas enamoradas…

HIJA DE LA CHINGADA
2009/08/09

Poema de Kleskurichvog, un día que estaba con ganas de matar a cualquier cadáver…

Espiralizada tu lengua
laberínticos tus dedos
¿atea de vos?
¿de qué te sirve tener entre las manos un colibrí muerto?
mi cerebro se desliza en silla de ruedas
por el mapa de vos
tu lengua se habla de sí
me humedece tu saliva que me hierve en los ojos
¿cerraste las piernas inexorable de vos?
¿estás ahí? ¿pero vivís?
ya no encuentro la espiral
vienes desde adentro
y no sé ni para que te extraño
con una chingada
me derramo y es inútil
no podés extinguirme con tu cruel agua bendita
en el fondo de tu beso o de tu crimen siempre es así
se descruzan los dedos
se muestran los dientes
¿de quién te defenderás
cuando alguien te ignore?
¿escupirás al espejo cuando te regrese la batalla?
cierro la puerta y unto al deseo con tus muslos
se llena de ojos y saliva el recuerdo
no sobrevivo a vos ni al sobretodo
ni a tu vientre
se inventa la locura
en todos tus labios
tus orificios se abren
al otro lado del sueño
¿te importaron mis pupilas
salpicadas de vos?
¿doblaste el miedo y lo guardaste?
¿le diste permiso de cambiar?
me esculco el cráneo para sacarte de mi insomnio
cuando estaba entre tus pechos
se me olvidaban mis muertos
o se morían deveras
se me llenan de pestañas tus fantasmas
el tiempo se resbalaba
¿eyaculaba de vos?
¿ya no hay que besarnos?
¿o sí pero fingiendo?
¿hacer el amor como corriendo las cuentas?
ahora ya no importa porqué me dejaste ir
¿lo roto por dónde ya se fue?
no me perdí de vos aunque quería
entraste a mi paciencia
como terror íntimo
y ya casi no me acuerdo de mí
alzándote de vos misma
ahogándote en ninguna sombra
¿ruinas de vos?
¿sacaste tus pies de mi nariz?
no logro salir del colibrí muerto de tus brazos
¿abandóname de una vez?
¿es tan inhumano volver a vos?
la razón amasa a su ceguera
y dios huye como héroe
se descubre el dolor devorándose como herida
¿desatás la voz que no habla?
¿desvelás el hueso?
¿mis sienes aún te laten como tenerme o no?
¿lo necesario en su animal?
¿dónde estamos?
¿en qué infierno pasado o por pasar?
¿en qué espanto?
¿en qué amor?
¿el yo en su absurdo de no poderse liberar?
¿residuos de mi?
¿aléjate pero te extraño?
¿te amo pero no estemos juntos?

KLESKURICHVOG Y SIMONA
2009/08/06

La gente que ha estado cerca de mi, sabe que llevo más de 4 años preparando una novela. Conformada por cuentos, textos esquizofrénicos (apuntes de Kleskurichvog) y las crónicas (que se componen básicamente en diálogos entre Simona y Kleskurichvog) He recibido mails de amigos que piden que publique los cuentos. Les comento al respecto. Estamos ya en revisiones y diálogos con algunas editoriales. Quieren el material inédito. Pero no por eso les voy a privar de esto. Les dejo una de las Crónicas, es decir, la Crónica 31.

Gracias a todos por el entusiasmo y el apoyo. Muchos de ustedes ya saben de la historia, ya que en talleres literarios, reuniones, en la fundación, recitales de poesía, he leído mucho de lo que abarca este proyecto. Esto va por todos ustedes…

CRÓNICA 31

Simona pensaba que Kleskurichvog había colapsado de tantas ideas mal pensadas. Sacó de nueva cuenta el papelito que encontró tirado bajo la mesa de la sala. Leyó:

“En la luz que se nacía como un molusco, el féretro de los recuerdos tomaba vida de una forma casi rencorosa. Los puntos en donde los moluscos caminaban en rabdomancía, los puntos que a veces eran viruela, los malditos puntos que no eran más que un grupo de estrellas en espera de la eternidad. Como se acostumbraba en los antiguos ritos de iniciación, las pancartas de las híbridas constelaciones, los carteles aún teñidas de la sangre que todas las vírgenes dejaban con pedacitos de hímen embarrada por los muros de los conventos, en donde los obispos, los cardenales, los curas, y hasta el mismo Papa mezclaban ávidamente con el semen que nacía de sus entrañas. Todos los cristos de los muros eran testigos silenciosos de las tremendas caricias del Papa con sus súbditos. Luego de penetrarse mutuamente, se lavaban las manos, se untaban el incienso, las cenizas del cordero, para seguir, eternamente, alabando a los cristos de madera y bronce, en una eyaculación eterna de cucarachas y ratas putrefactas.”

Pero Simona no entendía muy bien la intención del texto. Se pensaba que Kleskurichvog también era una maraña de ideas como bola de estambre, que se abandona en cualquier rincón después de que la vieja que tejía la bufanda para el hijo pródigo, había muerto. Eso era Kleskurichvog, una bola de estambre con agujas y todo. Entonces Simona se agarró una nalga, y comenzó a comprender todo. Era la única forma de tener a Kleskurichvog controlado…

KLESKURICHVOG Y SIMONA CRÓNICAS 02
2008/06/11

EL MOCO

Kleskurichvog se metió el dedo a la nariz y comenzó a jirarlo suavemente.
– Ojalá no me sangren las posas, carajo – pensaba Kleskurichvog. Entonces hizo un movimiento ágil y se sacó un moco.
– ¡Caray, es el moco más grande que he visto! – exclamó Kleskurichvog – ¡Es el moco más grande en los cinco mil años de historia hombre!
Y caminaba Kleskurichvog con su mano en alto, y su dedo índice coronado por su moco gelatinoso y verdoso.
– Tendré que inscribirme el el Guinnes Records, todas esas mierdas, mi trascendencia está en juego. – Pensaba Kleskurichvog. Entonces entró a una tienda y compró una cajita negra. Lo acomodó y regresó a casa en busca de Simona.
– Este es como nuestro anillo de compromiso – pensó Kleskurcihvog.

– Tomá querida, esto es para vos – dijo Kleskurichvog
– Kles, eres un amor
– Abrilo Simona, sólo abrilo
– ¿Estás loco imbécil? – preguntó Simona – ¿Crees que soy tu estúpida?
– Es soberbio, nunca había visto uno igual – dijo Kleskurichvog
– ¡Es demencial! ¡Estás enfermo! Cómo te atreves ¡Pendejo!

“Todo eso pienso cuando me rechazas en las noches” pensó Kleskurichvog cerrando la puerta tras de si.

KLESKURICHVOG & SIMONA CRÓNICAS 01
2008/06/07

SOLEDAD

Y de pronto fue que algo se impacientó en el medio del sueño, no sé explicarte en que momento las lágrimas brotaron, y yo estaba sentado en la cama, un poco jadeando y tembloroso, el cuerpo no daba para más, era el importante hemisferio norte de mi mente que babeaba de a poco en medio de esta terrible soledad, era el fin del principio, pero también era algo que no me dejaba tranquilo, algo que me atormentaba de a poco, sencillamente más cabizbajo, más entero y más demonio, era la baba del cerebro hundido en formol, la baba terrible que inundaba la mirada, y que yo no sabia correr sin piernas, besar sin saliva… Y de pronto sentí dolor de parto, o me parto de dolor, el tema es que no sabía a donde extender mis alas, que nunca existieron, pero que además las defendía hasta la muerte, como enjuagarte la cara con enjuague bucal, lavarte el cabello con dentífrico, tirarte del piso 7 para caer en un colchón de alfileres, por ese puro capricho de sentirte lastimado. Era la media noche de todos los días, en donde comienza siempre puntual el confundir todas las realidades, la imaginación se hace tan verídica, que uno no sabe si atarse a la cama o gritar de espasmo, arrancarte el testículo de rabia, quedar como cíclope, como alimaña de desventaja, como animal rastrero o como puerco astral, Oliveira, mi querido Oliveira, la Maga, aquellos vecinos como Talita o Traveler, Kleskurichvog o Simona, todos los tiempos los orgasmos pequeños, el laberinto terrible, la soledad que lame como lengua de gato que raspa, que duele y jode, que no me deja dormir. Es el feto que cobra conciencia de ser feto, y le caga ser feto, y prefiere abortarse, y la madre que aprieta para que el feto no se asome, y el feto carajo, puta madre, se avienta al vacío, cae de cabeza, hundido entre sangre y excremento, y todos los días así, le recuerdan que es un hijo de puta, cuando crece, el muy cabrón mata a sus congéneres, feto de mierda, mierdaencefalia, George W. Bush. Ya no son tanto las estrías cerebrales, la lengua con celulitis, ya no es tanto el saxofón que llora bajo la luna, también son los gatos que corren como sombras por las bardas y las azoteas, que además de todo, copulan y aúllan, y los cuervos dan vueltas por las ventanas del cerebro, y enciendo un cerillo para ver si así, pero no apareces, Simona cabrona, no apareces, pues te sientes diva, y te divierte tanto que me rasque los testículos de desesperación, de hija de puta angustia, de soledad que sube como espuma, que ladra en medio del movimiento 3 de una obra de Bach, o además de todo, el muy cabrón del político, se pasea por la avenida central con las manos en alto, con toda la gente que grita y mueve las banderitas, por un pedazo de pan, sabiendo de antemano que este hijo de puta se robó las urnas, y además se va a coger a tu familia, y el pan se acabará, pero se mueven las banderitas, como una orgía de caricias de manos gotosas, mientras el pueblo sigue llorando, buscando el pan, en donde no existe, a menos que uno mueva la banderitas y aplauda mientras se pasea este puerco que se llama Calderón, y que además de dejar las nalgas de su amadísima esposa pegajosas, también busca quien le deje sus nalgas de la misma forma, ah carajo, además de puto también es Licenciado en Derecho, la puta que te parió. Todas las ideas fornican, Simona, con una chingada, sólo vuelve a mi cama, que sino mal recuerdo, en realidad es tu cama, y yo soy el que sale sobrando y no, porque si me retiro de esta cama, vaya llegar algún otro pendejo, a escribirte poemas como lo hago yo, sólo por un momento de orgasmo y caricias, hundido en tu vértice, siempre con el ano rosita, con esas piernas tan largas que también sirven para caminar, y esa boca que besa, pero que también me maldice… Pero ya es de mañana y sé que me estoy durmiendo…

Extracto del diario de Kleskurichvog titulado: “Poemas a esa grandísima cabrona, que es el amor de mi vida.”

EL TRANVÍA, KLESKURICHVOG
2008/05/12

Después del estornudo, la Señora Flatulencia cerró las piernas, sin proferir palabra alguna. El señor del tranvía la miró con un gesto terrible, no se sabía si era lascivo el gesto, o de asco, pero el tema era que la miraba a través del espejo retrovisor. Doña Flatulencia apretaba más las piernas, y se sonrojaba. La gente que estaba a su lado decía cosas como:

– Puta madre, maldita vieja, es usted una puerca, vieja pedorra.

De pronto asomó la cabeza Benedictus XVl. Y doña Flatulencia, presa de la emoción aflojó un poquito, y entonces el ambiente se tornó un poco más turbio.

– ¡Carajo vieja! –dijo Benedicto –no sea turra, aguántese hasta llegar al baño.
– Joseph –dijo doña Flatulencia –de verdad que no has cambiado nada, sigues siendo un grosero de primera.

– No me diga Joseph, señora, con todo respeto, soy el Papa Benedicto XVl.

– Mira Joseph, jamás olvidé tus caricias lascivas, cómo me pedías que te mostrara mi trasero, mis senos, que te agarrara el pajarito, esas cosas no se olvidan.

– Señora, con todo respeto, me parece que usted me confunde, o quizá no se ha dado cuenta, pero soy el Papa.

– Jamás pude olvidar una cara, y menos la tuya Joseph, tu nombre es Joseph Ratzinger, ¿no es así?

– Bueno, sí señora, pero no tiene porqué decir todo esto en voz alta, además, hasta donde yo me acuerdo, jamás fui un mujeriego.

– Claro que nunca fuiste un mujeriego Joseph Ratzinger, eras pedófilo, en ese entonces yo era una niña de nueve años.

– Señora, usted me ofende. Todo esto no me queda claro, además, no entiendo qué estoy haciendo en un tranvía en una fabela brasileira.

– Tú tranquilo Joseph, al final puede que tú no seas el culpable, en todo caso el culpable es el autor de este cuento. Además bajo tu sotana, se dibuja claramente una erección.

– ¡Pero Señora Flatulencia! –dijo el chofer del tranvía –¡no le hable así a nuestro Santo Padre!

– Pero yo fui una víctima tuya Joseph, y en todo caso, no le falto el respeto a nadie, las palabras me las está escribiendo Kleskurichvog, talentoso cuentista de principios del Siglo XXl.

– En todo caso señora, tener una erección no es pecado –dijo Benedicto.

– Claro que no es pecado tener una erección, pecado es tener una erección de ese diminuto tamaño. Y sino es pecado, en este cuento debería serlo –dijo Flatulencia.

– Ahora que lo dicen –dijo el señor del tranvía, recuerdo que en los cuentos del señor Kleskurichvog yo siempre soy chofer de tranvía, y bien puedo ser brasileiro, o italiano, pero siempre estoy hablando en castellano.

– Bueno, quizá ahí no tiene nada que ver Dios ni Kleskurichvog, se le nota a leguas que usted es un pendejo –dijo Benedicto XVl.

De pronto el señor del tranvía sacó un revólver.
– A mí nadie me dice pendejo, por muy Papa que sea.

Doña Flatulencia se tiró un pedo del susto. Benedictus XVl miró más arriba del cielo raso del tranvía, miró más alla de las nubes y del cielo, miró con ojos profundos y mirada de odio más allá hasta donde llegaba el bolígrafo a la hoja en donde se escribía este cuento, miró más allá hasta encontrar los ojos de Kleskurichvog. Pero fue en ese momento que Kleskurichvog se percató de todo, de alguna manera se le estaban saliendo de control los personajes, así que decidió cerrar la libreta y dar por terminado el cuento.

KLESKURICHVOG ESCRIBE:
2008/05/05

Sin embargo hoy llueve, y cuando llueve se agrisácea el temperamento rojo del ser. Es decir, llueve y de pronto los días de no verte, son el ritmo que se rompe y la melodía parece desacorde. Es la azucena, o el agua de fuego la que nos quema con su frío de luna o de saturno. Entonces tenemos frío y fuego en las venas. No podemos retroceder del todo, porque sabemos que las historias han sido contadas por los sabios primeros. El silencio también es una pena y un campo minado. Llueve, y al llover también se lava un poco la carrocería del ser. Es como lavar al desierto con jabón y manguera. No sabemos nada de aviones, pero de pronto es tan fácil comer lentejas, o cualquier semilla. No cierro los ojos. Estas noches de trabajo y de aburrimiento, también son la antesala en donde se cocinan los sueños. Casi nunca quiero hablar de algo para que no se “sale”. Pero si todo esto se traduce mañana en sueños vueltos realidad, entonces nos reiremos como niños, porque de antemano sabemos que los duendes aún muerden pedazos de estrellas, mastican fuegos siderales, para comenzar a danzar la noche, que quieta se queda….

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