Archive for the ‘Delirio’ Category

SEÑORAS CABEZAS LILAS
2015/02/13

Las señoras que se tiñen el cabello de lila, también son hijas de dios. O al menos deberían. No sé si Nostradamus haya profetizado a estas señoras, o quizá sea una señal apocalíptica del fin de los tiempos. Sea como sea, estas señoras cohabitan con nosotros. Puede ser tu vecina, la mamá de algún amigo, tu amada suegra, o la señora de la tanda. Pueden ser espías rusas, Reptilianas o Illumanitis. A mi en lo personal me asustan. Podrían ser un pararrayos en forma de señoras, o un recordatorio de que la humanidad está en decadencia.

Pero las señoras de cabello lila salen a la calle, cruzan las avenidas, compran una coca cola, o un té chai. Van al supermercado, y compran cilantro. Pasean a sus perritos chihuahueños, o las más pudientes, sus french poodle toy’s. Ya no creen en el amor. Huelen a naftalina o a algún perfume de Avón. Algunas son Testigos de Jehová, y con la Atalaya en la mano, se acercan al timbre de tu casa, amenazantes. Saben que la Tierra es redonda, y que Michael Jackson no murió, sino que fingió su muerte porque debía muchos impuestos.

Usan anteojos grandes, muchas veces bifocales, con una cadena dorada al cuello, para evitar que se les caigan. Entre ellas no se hablan. Al menos no he visto a dos cabezas lilas juntas compartiendo el café. Quizá sus convenciones sean clandestinas, en un lugar secreto, con aquelarres y rituales malditos.

Pensar que tu novia podría convertirse en una cabeza lila cuando llegue a la vejez, es aterrador.

Quizá el bastón que algunas traen, sea solo un sable de luz y ellas sean un Jedi de Cabeza Lila. No sé que poderes sobrenaturales tengan. No necesitan un smartphone porque tienen una ouija en su casa.

Quizá el cabello lila mejore las ondas de radio interestelares, y puedan así, recibir instrucciones de inteligencias extraterrestres, para aniquilar a la raza humana.

Sea como sea, hoy vi a una señora Cabeza Lila, paseando a su perrito. Quise tomarle una foto, pero su chofer medía dos metros, y no quise que me rompiera la cara en pedacitos.

¿También se teñirán el pubis de lila?

COSAS QUE DEBO HACER EL ÚLTIMO DÍA DEL 2014.
2014/12/31

– Levantarme temprano y después regresar a la cama para tomar una siesta.

– Flores a mamá.

– Decir te amo a mi novia.

– Un mate bien cebado.

– Abrazar a mi novia.

– Decirle a papá que lo amo.

– Comer pizza.

– Tomar cerveza.

– Beber un buen vino.

– Que me ajusten mis lentes de sol.

– Besar a Simona y Félix.

– :. Reconciliarme con Yahvé.

– Lavar mi auto.

– Decir te amo a mis hermanos.

– Hacer el amor.

– Ponerme una camisa.

– Cenar.

– Matar a los Reptilianos y fundar una República en la constelación de Draco nombrando a Andrés Manuel López Obrador como Líder Supremo Legítimo de la Galaxia.

BANG BANG
2014/12/30

La luna es solo una arbotante mal colocada en un cielo fisurado, el infinito dolor doliente, el as bajo la manga, y todas esas coyunturas que se desvanecen en la noche del abismo. La ventana frena torpemente al violento viento que arroja resacas de hojas muertas. Y luego el caos de la confusión. Las pisadas torpes de un elefante herido e imaginario. La sonrisa que es mueca de dolor. La vida orinando la cara de los alegres mutantes del azúcar. Ya es tarde. Ya casi acaba de escribirse la biografía anónima de un desconocido. No hay disparo bien colocado en la sien al que podamos sobrevivir. Bang bang.

ENOUGH
2014/12/30

Never is not enough. Life is not enough. Pain is not enough.


ENOUGH

PRIMER DÍA DE TRABAJO, GANAS DE ORINAR, SALCHICHA COCIDA
2011/11/02

Hace algún tiempo que no me acerco al blog. Y es que he estado inmerso en diferentes aventuras. Los que somos superhéroes a veces tenemos poco tiempo de postear entradas al blog, porque nuestro deber es cuidar que el mundo no acabe. Pero esta vez hice una pequeña excepción.

Los que me conocen saben que he cambiado de empleo. Hace un par de semanas fue mi primer día de trabajo en un despacho de arquitectos diferente. No diré el nombre por seguridad. Porque las mujeres podrían ubicar el lugar en donde trabajo y esperar a que salga para violarme. Mi mamá dice que desde niño fui nalgoncito. Y por lo tanto siempre corrí peligro, y que debo cuidarme de las mujeres que se me acercan para no sufrir violación. Y yo le hago mucho caso.

Hoy les hablaré de mi primer día de trabajo. Y todo esto sucede porque yo vivo al norte de la ciudad de México, y para trasladarme, necesito usar el Viaducto Bicentenario que corre desde Valle Dorado y termina en Conscripto para seguir por el Periférico hasta Viaducto. Todas las mañanas, lo primero que hago después de verme al espejo, es cebar un buen mate. Esto supone tomarme casi dos termos antes de ducharme. En ese tiempo aprovecho para preparar el desayuno de Simona y Félix (Para los que no me conocen, ellos son mis hijos, una Cocker Spaniel bellísima, y un gato negro con patas blancas).

Corro a la ducha, me visto como puedo, subo las laptops al auto y acelero, sabiendo que nunca faltará algún cabrón que me cierre el paso, o en el mejor de los casos, recibiré un par de mentadas de madre con el claxón de algún compañero de tráfico, porque al cabrón fui yo, el que cerró el paso.

La mañana transcurría sin sobresaltos. Puse algo de música en el auto, tomé el iPhone y fotografié el amanecer sobre el Viaducto Bicentenario y lo posteé en Twitter, con mensajes propositivos, de muy buena vibra, y casi se podía adivinar mi sonrisa y mi optimismo en cada twitt que escribía mientras los autos rugían a mi lado y yo era, uno más en esas venas de tráfico que se inflaman por las avenidas de la ciudad de México a las 7 de la mañana.

Todo parecía perfecto. Llegaría, aún y pese al tráfico, veinte minutos antes de las nueve de la mañana a mi oficina, y mi jefe diría: “Qué chico tan puntual”.

Para bajar del Viaducto Bicentenario a Periférico Sur, se hace un embudo. Bajan el flujo de autos por la lateral. Justo en el desemboque, están las obras que continúan al Viaducto. Por esa alegre razón, la lateral del Periférico se reduce a dos carriles, en donde vienen los pobres que no pueden pagar el Viaducto, los más pobres que viajan en Microbús y nosotros, los que bajamos del Viaducto. En ese cuello de botella puedes estar una hora sin problemas. Pero a mi no me importó, porque yo escuchaba a Saint Germain en el auto, y había previsto el tiempo de tráfico, y llegaría a tiempo a la oficina. Así que sonreía a mis compañeros de tráfico y continuaba sin problemas.

Lo que no preví, fueron esos dos termos que me tomé en la mañana de mate. Así que sentí el primer calambre, ese pequeño aviso de que se están acumulando los dos litros de esa exquisita bebida sudamericana en la vejiga y anuncian sus ganas absolutas de salir al mundo. El primer calambre me puso alerta. Así que comencé a acelerar y no dejar pasar a nadie, inclusive cambié la música y decidí poner a Metallica y a Rammstein para poder manejar más agresivo. De Conscripto a Polanco es casi un Kilómetro. Justo frente al Conservatorio Nacional de Música, hay una Gasolinera en una cuchilla al cruce de Palmas y Periférico. La meta: Llegar ahí para poder correr al baño y orinar sin problemas.

Las ganas de orinar se iban acumulando en la medida que el tráfico no avanzaba. Era matemáticamente perfecto el algoritmo. Era exactamente proporcional las ganas de orinar en aumento, que la desaceleración de los autos en ese tramo. Einstein hubiera dicho cualquier pendejada, hubiera hecho alguna fórmula para representar ese momento. Yo apretaba para que no se me escapara alguna gotita de orín. Y comenzó a ser insoportable. Comencé a sudar frío. Apretaba y me aferraba al volante del auto con mis manos ya temblorosas. Como buen superhéroe busqué una solución ante esa problema que se me presentaba. “¿Qué haría Batman en esta situación?” me preguntaba, “¿Que haría Superman, el Capitán América o el Che Guevara?” Recordé que traía un sandwich envuelto en una servilleta, acomodado perfectamente en una pequeña bolsa de plástico. Ya casi no podía moverme. Pero aún así hice un esfuerzo, solté una de mis manos del volante y comencé a buscar histéricamente. Aventé el sandwich al asiento del copiloto. Me bajé la bragueta y justo se me emparejó una camioneta con una mujer que se me quedó mirando como diciendo: “Qué gran pene”. Ese acto me inhibió. Puse la bolsa por un lado mientras yo ya tenía los ojos desorbitados, la cara roja, las manos temblorosas, y con una ganas terribles de llorar. Pensé que podía llorar mucho para que el líquido saliera en forma de llanto, pero recordé mis clases de ciencia, y supe perfectamente que no existe ninguna conexión entre las glándulas lagrimales y mi vejiga.

Comencé a ver negro, las imágenes se me oscurecían, sentía que en cualquier momento habría una explosión de vejiga en mi auto. Cosa que me hizo reaccionar, porque jamás se ha sabido que un superhéroe muera en el tráfico por explosión de vejiga. Así que volví a jalar la bolsa, abrir mi bragueta, porque ya era imposible contener esos dos litros de mate. Yo temblaba y comenzaron a darme espasmos. Pensé en Gustavo Cerati y tuve miedo de caer en estado de coma. Recordé ese viejo dicho que dice que el que madruga Dios lo ayuda. No vi a Dios en ese momento ayudarme a orinar dentro de la bolsa. Oriné. En esos momentos pasaron por mi cabeza los cinco mil años de historia hombre. Pensé en Napoleón Bonaparte orinando antes de una batalla. Pensé en el primer homo erectus orinando antes de abandonar África. Pensé en los Samurais, en los romanos, en los fenicios, en los egipcios, en Cleopatra, en Cristobal Colón orinando antes de pisar América, en Newton, en Gandhi, en Nelson Mandela, en Nietzsche, en Shakespeare, en todos los hombres queriendo orinar.

Ahora orinaba y parecía eterno ese momento. Se conjugaba ahí un placer infinito que no sé describir. Pero lo que tampoco preví, es que eran dos litros que salían con potencia y con una tibieza aterradora. Por alguna estúpida razón la bolsa se conservó intacta, sin gota de orín. Había orinado fuera de la bolsa sobre mi humanidad, sobre mis pantalones, sobre mis piernas, sobre el asiento del auto. Sentía esa tibieza por mi trasero, por toda la zona media de mi cuerpo. Puse la bolsita de plástico nuevamente en el asiento del copiloto, estaba intacta. El tráfico comenzó a avanzar. Por mi costado finalmente apareció la gasolinera y Palmas. Yo ya tenía la mirada llena de rencor. Llegué veinte minutos antes de las nueve a la oficina. Tenía ganas de llorar.

Cuando me bajé del auto estaba mojado todo mi hermoso trasero, y el pantalón por la parte de enfrente hasta las rodillas. Caminé torpemente hacia un Oxxo. El frío de la mañana comenzó a enfriar mi pantalón. Ahora solo faltaba que me diera pulmonía. Compré un café. Salí del Oxxo y abrí las piernas un poco, y cuidadosamente me vacié el café entre las piernas. Tampoco preví lo caliente del café. Así que pegué un grito terrible, puteé hasta que me cansé, bailaba en la calle como un idiota, la gente que pasaba me esquivaba y me miraba como cuando se mira a un loco. Me ardían los testículos y el pene. Pensé que jamás tendría descendencia, que mi pene era ahora una salchicha cocida. No podía caminar con las piernas cerradas. Caminaba como si me hubiera bajado del caballo en mis clases de equitación y estuviera rozado. O como si me hubiera violado un mamut. Así subí al cuarto piso de la oficina. Así me recibieron. Lo primero que dije fue: “Se me vació encima el café que traía entre las piernas mientras manejaba”. Me miraron con ternura y pena ajena en el trabajo. Pasé al baño y traté de asearme de alguna forma. Comenzaba mi primer día en el despacho. Yo había llegado veinte minutos antes de mi hora de entrada tal y como me lo había propuesto. Así comenzaba una nueva etapa en mi vida.


APUNTE DE INSOMNIO 1
2011/09/19

Quizá solo sea el insomnio, la locura, la soledad, el viento. De pronto el sueño es avanzar hasta llegar al olvido. Detenerse a beber agua, o bailar mientras el tren sacude la calma. Todo se parece a ti, a las estrellas que viajan vertiginosamente en el espacio. Las galaxias colapsan, se expanden, se contraen, como amantes en una cama de piel, o de tristeza.

Hoy las nubes me dictaron figuras que no entendí. Los dibujos que hacía de niño, quedaron olvidados en un montón de basura inertes en el tiempo. De alguna forma todo ha quedado atrás. Las risas con los amigos en algún bar, el filtreo con las cajeras de algún supermercado, todo quedó atrás. Los pensamientos me ametrallarán al amanecer. Una melodía de Keith Jarrett suena amargamente. El piano podría generar lágrimas auditivas. Pero ignoro todo eso. La noche dice que así sea.


DE CUANDO VOY AL GIMNASIO
2011/09/02

Bueno, hace mucho que no escribía en mi blog. Por diversas razones que no nombraré, porque son aburridas. Y además sé que nos les interesa. Tampoco haré un show con ello. Tengo algunos fieles lectores que me animan, y otros que seguramente me desprecian. Cosa que me chupa un huevo (Ustedes disculpen la jerga latinoamericana, pero me salió la frase del corazón).

 Cuando es viernes, el peor castigo para un mortal es ir al gimnasio. Porque mientras tus amigos se emborrachan en algún bar o se encierran en un motel con alguna bella lolita, uno tiene que estar entrenando para… No tengo idea para qué; pues no competiré jamás en un torneo internacional de Kick Boxing, ni estaré en la MMA o en la UFC, o en la WEC. Pero voy puntual a mi entrenamiento. Para recibir patadas, puñetazos, y salir adolorido, con mi cara de idiota, sonriéndole al mundo que no me hayan roto la jeta mucho.

 En el gimnasio hay toda clase de personajes increíbles. Y sé que me odiarán cuando me lean, pero es cosa que debo hacer, escribir acerca de ellos, ya que son esa especie de fauna con la que convivo todos los días.

 He encontrado muchos perfiles. Los hay desde el chavito flaquito que sueña con tener una musculatura espectacular, o las señoras pasadas de peso, que pasan horas haciendo ejercicios cardiovasculares para bajar esas lonjas que no ceden.

 La mayoría son tipos arriba de los treinta años, en su mayoría divorciados, que intentan modificar sus cuerpos con la esperanza de resultar atractivos a una chica 10 años menor. Y es patético. Los musculosos, los entrenadores, son farmacias con patas. Es bien sabido que una musculatura bien desarrollada en un cuerpo propio de un latino, es moderada. Y requiere de años de trabajo. Pero los asteroides, la testosterona, las hormonas, son el pan de cada día. Jamás habrá un cuerpo musculoso naturalmente por comer atún y jalar peso libre dos horas diarias. Se requiere inyectarte cualquier clase de mierda para poder lograr esos cuerpos deformes y marcados. Pero todos los que están ahí (Me excluyo totalmente) están en una constante competencia silenciosa para tener los mejores bíceps, pectorales, tríceps, pierna, nalga, pecho… Tristemente veo a muchas mujeres que no tienen nalgas haciendo sus ejercicios para glúteo. En un año ninguna evolución en ellas. Pero ellas tienen las miradas llenas de esperanzas, se miran al espejo, levantan las nalgas, y nada.

 La música electrónica suena por todas partes. Ayer platicaba con un amigo que se inyectó hormonas, y un día amaneció mamado de repente. Él tiene una altura de 1.65mts. Está feliz con su cuerpo, se mira al espejo mientras hace mancuernas. Sonríe. La seguridad ha vuelto a él. Yo le dije: “¿Y cómo te va con tu nuevo cuerpo?” Y él, con su sonrisa franca y su felicidad desbordante me dice: “Pues este cuerpo le gusta a las mujeres”. Y yo, con mi agradable forma de ser, mis bromas increíbles y las cosas chistosas que digo cuando me siento inspirado le digo: “El problema debe ser cuando te quitas los bóxers, porque es bien sabido que los asteroides reducen el tamaño de los testículos y el pene…”

 Él me mira con cierto rencor. Es cierto. Le he dado en el amor propio. “Cabrón” me dice. Y sigue ejercitando sus bíceps. Yo me doy la vuelta, y hago la siguiente analogía: “Un tipo de 1.65mts de altura no pudo tener jamás un pene gigante. Seguramente era un “pito chico”. Y con los asteroides se le desapareció. Por eso su felicidad fingida, su mirada con cierto rencor.”

 A mí, en mi caso, no me cabe la polla en los calzoncillos.


CÓMIC: ÉL NO PIDIÓ SER…
2011/06/03


POEMA: DELIRIOS EPIDÉRMICOS 1
2011/04/25

Estos besos que son labios o feroces infinitos
mi mano en tu inocencia
el jadeo que no es más que un océano profundo
la unión del esqueleto
tus vértices en la frontera del delirio
estrellas escarlata que nacen de tu cuerpo
mirada palpitante
memoria dactilar
un rinoceronte que observa sigiloso
rinoceronte cruel
rinoceronte amor
montaña sagrada que colapsa
el viento de mañana
el desvelo que se traduce en ojeras de fotones
así libramos las batallas del caimán
en una cama de viento sideral
mientras un saxofón se desgarra y escurre como sangre
en un rincón de vino y sed
o de muslos reptando por mi eternidad plutónica.


CARTA DE AMOR II
2010/12/07

Justo cuando te pensaba se me desarmó la noche. El espacio entre mis pensamientos y tu existencia se reducía irremediablemente. Y no era por tu próxima cercanía. Sino que llegaba lentamente el olvido. Pude darme cuenta que podía vivir sin ti. La noche seguía cayendo en pedazos mientras yo me sentaba en la cama para comprender los hechos. La luna se resistió como un profeta. Quise pensarte como un ectoplasma, como un fotón o como una lagartija. Ya no era molesta tu existencia. Ahora podías confundirte idiotamente con tus amantes y sus cerdos. La noche cayó inexorablemente a mis pies. Además hacía frío. Todos los recuerdos comenzaron a sucederse desarticuladamente. Como un viejo títere con los hilos rotos manipulado por unas manos gotosas. Había pedazos de noche por toda la alcoba. Encendí un cigarro. Estaba en paz. El olvido hacía el sucio trabajo..


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