Archive for the ‘Cuento’ Category

CUENTO: NOCHE DE TREGUA
2011/05/30

Tal vez la única posibilidad que tenía el hombre del bar era la de guardar sus recuerdos en la valija del desdén. Los ojos brillosos y desquiciados lo hacían parecer un dibujo de Egon Schiele. Alargado y deforme, con los labios húmedos de ron, sonreía con la última esperanza de un degollado. No había sueños ya. La memoria comenzaba a fallarle mientras avanzaba la noche. Alguien lo vio dibujar en un papelito una vaca. El problema no era la vaca ni los recuerdos. Tampoco era el ron. La lluvia hacía estragos afuera. Una vieja melodía sonaba en el ambiente. La atmósfera era gris y sin sentido. Todo olía mal. El hombre sacó una pistola de agua y se disparó. Pero el agua no puede perforar el cráneo, y él lo sabía. Tomó el último trago de ron y caminó de regreso a casa. La noche parecía ser una larga tregua.


CUENTO: VERÓNICA
2011/02/23

Verónica se pone de rodillas y comienza a buscar por la alfombra un alfiler. Sus dedos largos y delgados se deslizan suavemente, como una caricia atenta al sobresalto. Su espalda arqueada y sus ojos intensos se inyectan de cuidado al avanzar a gatas tratando de encontrar. Mientras busca, Verónica tararea una canción. Los recuerdos de pronto se agolpan en su mente. Afuera llueve y el viento golpea el cristal de la ventana. Verónica se queda quieta. Se toca los senos tratando de recordar las viejas caricias que hace tiempo ya no sentía. De pronto se siente vulnerable. Un vestigio de excitación recorre su espalda. Verónica se levanta la falda y explora su entrepierna. Se deja caer boca arriba y se acaricia. Descrube que su cuerpo aún es vulnerable al tacto, a las caricias. Sus sentimientos se mezclan. Se pierde en un trance de océano salvaje. Su piel se erecta. Se enfurece. Verónica se pone en pie y camina al espejo frente a su cama. Se quita la blusa y se mira de frente, de perfil. Levanta el pecho, sume el vientre. Aún está extasiada. Sus piernas tiemblan. Su figura aún sugiere la belleza de antaño. Un relámpago ilumina la habitación. Los fotones se incrustan en sus pupilas dilatadas. Hay lágrimas por sus mejillas. Se arranca la ropa y se tira en la cama. Alcanza las tijeras del buró. Verónica cierra los ojos mientras siente la tibieza de la sangre mezclada con el frío metal.


CUENTO: ELOISA
2011/01/26

Eloísa corrió la cortina. La noche era un barco de papel que se perdía en el horizonte de sus ojos. No había conciencia absoluta del tiempo, pero la noche dictaba las sentencias que apenas podía distinguir. Caminó pesadamente hacia la cama. Se quitó las zapatillas y descubrió que una lágrima corría por su mejilla derecha. Apenas pudo desabrochar la blusa cuando un vértigo de tristeza la invadió por completo. El rumor de la noche caía como un misil. Se quedó quieta. Ahora era sólo esperar que el olvido haga lo suyo.


CUENTO: LA MUJER DE DEDOS LARGOS
2010/11/24

Los dedos largos y delgados se deslizaron lentamente para abrir el cajón. Dentro estaba la fotografía. En ella hay una galaxia atravesada por el asfalto. Y un aullido de perros que no fue capturado en esa instantánea. Los recuerdos son una mancha de sangre que fractura a la noche. Los ojos de una mujer bellísima se dilataran en pleno orgasmo en otra parte. No hay frazada que puede abrigar el invierno de su corazón. La anciana se sienta al borde de la cama. Hace tiempo que esa cama es usada únicamente para dormir. Ya no hay jadeos que le den sentido a las noches. Ella era la mujer de otro. Siempre fue así. El reflejo del espejo le regresa una imagen que ella no quiere ver. La vida transcurre afuera de la ventana. El miedo a morir. O a vivir. Todo se tuerce en su memoria. Todo tiene otro nombre. Sus dedos largos se deslizan por el cajón. Ahí sigue el frío revólver.




CUENTOS IDIOTAS: EL NEGRO
2010/11/12

El personaje salió de la novela y comenzó a golpear al escritor. Lo obligó, a punta de escopeta, a escribir un final feliz para él. Entonces el hombre le escribió una mujer bellísima, que se enamoraba del personaje, y le hacía el amor repetidamente. El personaje brincó dentro de la novela que el hombre escribía para disfrutar de aquellos placeres que el escritor le inventaba. Pero el hombre siguió escribiendo sin parar. Se le había ocurrido describirse a sí mismo como un negro enorme, de grandes bíceps y marcados pectorales. Dentro de la novela el negro avanzó hasta la cama en donde su personaje se apareaba repetidamente con la bella dama, y con un misil que traía cargando, golpeó al personaje en la cabeza hasta que se la salió el cerebro. Paró por un momento. Salió de la novela y en un afán de quedarse con todo, escribió que la bella mujer se excitaba ante tal escena y se enamoraba del negro. El negro regresó a la novela, y quiso aparearse con ella. Pero eso no pudo ser posible, porque al escritor se la había olvidado escribirle al negro un pene.


CUENTO: AMERICAN EXPRESS
2010/10/01

El ruido de la calle te hizo sentir miedo. No había metamorfosis en tus mariposas cerebrales. Tampoco el viento podía borrar las calamidades internas. Hablaste como un profeta. En tu memoria no cabía más recuerdo que el abismo. Llegaste a casa a media noche. Encendiste un cigarro en la oscuridad. No había esperanza en tus movimientos. Sentiste náuseas después de la tercera inhalada. Abriste la ventana. Pero no te lanzaste. El aire te hizo recordar que debías pagar American Express.


CUENTO: LUCRECIA
2010/09/15

 Lucrecia sale de la ducha. Se enreda una toalla en la cabeza y otra en el torso. Se mira al espejo. Se unta crema facial. Camina lentamente y vuelve la cabeza para encontrar su reflejo de espaldas. Parece que aún conservaba su figura. Sale a la habitación y se sienta sobre la cama. Estira una pierna y la observa detenidamente. Se derraman los peces de su boca. De pronto comienza a llorar. Es fuego lo que llora, es impotencia. Se levanta y se sienta frente al espejo. Se maquilla. Hace muecas y trata de sonreír. Pero la sonrisa es fingida. Se quita la toalla del torso y se mira los senos. Son de buen tamaño. Se deja caer sobre la alfombra y escribe en un papelito: muerte puta. Afuera llueve. Más allá de lo impensable están los ángeles de humo y los sueños rotos. Lucrecia sabe que no vivirá más de tres meses, el cáncer lo devora todo.


 

CUENTO: NATTY
2010/08/28

Cuando Natty cierra los ojos, entonces despierta. Hay más razón en sus libros en blanco, que en los discursos de sus amantes que la quieren poseer. Natty baila en la penumbra, enciende la música del olvido, el silencio de sus voces. ¿De qué molécula no abandonaste lo que nunca tuviste? Natty posa los ojos al misterio, para reabrir abismos. Ella podía mirar su llegada en la distancia como en un sueño de fuego, como en un viento de sol. Enciende las velas que son cada vez más corazas en las casas marcadas. Siempre hay un cielo en la llegada del insomnio.

Natty baila desnuda y llora. Escucha el llamado en la distancia. Son las voces de sus antiguos dioses: “Cuando la vida se ve maltratada, uno se defiende por instinto. A veces no es sino el miedo, pero la noche dice que así sea.”

Natty sabe que cuando el miedo es casi negro, lo que hay dentro durmiendo en la noche, se convierte en fantasma. Ya no hay sopa que le dé hambre. Natty se sienta al borde de la cama. Se lleva las manos a la cara. Sus senos son pequeños, pero eso nunca importó. Se recuesta lentamente. Será una larga noche.


CUENTO: LAURA
2010/08/21

El espejo no le regresaba a Laura lo que ella quería ver. Sus formas se confundían con las sombras. Ella se levantaba los pechos con las manos, sumía el vientre, se ponía de perfil. Pero el espejo no miente. El tiempo había hecho su trabajo. Ya no era la misma que hace diez años. Ya no era ni lo sería nunca. La intensidad de sus ojos se disipaba. Pero a ella ya no le importaba. Encendió un cigarro y se sentó al borde de la cama. Tenía una tristeza inexplicable. Tomó la navaja suiza y se quitó las pulseras. Afuera había luna llena.


CUENTO: EL DIBUJO DE LA MUJER CON PECES EN LA BOCA
2010/08/02

De pronto el escritor se detiene. Escribe al margen de un libro de poemas de Dylan Thomas, pero las palabras ya carecen de fuerza. Entonces dibuja a una mujer con peces en la boca. Ella sostiene un laberinto en sus manos. Una pieza de jazz se escucha en el fondo. El escritor encuentra el límite. No sabe como dibujar a la pieza de jazz. Porque además no es saxofón lo que se escucha. Es un contrabajo que suena como un corazón podrido de latir. Como arritmia cardiaca. Él sabe que es una buena pieza de jazz. Podría ser Victor Wooten interpretando Classical Thump. Pero también sabe que no puede durar eternamente ese contrabajo tocando. No existe una pieza de jazz infinita. En algún momento del dibujo se debe detener. Y cuando esto suceda, alguien habrá caído al suelo. Con un infarto. Con un paro cardiaco. Pero la mujer con peces en la boca se niega a ser ella la que caiga. Se incorpora y camina, desnuda, por el margen de la hoja. Entonces la pieza de jazz termina. Y el escritor siente un agudo dolor que lo deja inmóvil. Suelta el bolígrafo y cae al suelo. Se lleva las manos al pecho. El dibujo de la mujer con peces en la boca brinca del cuento a la realidad. Acomoda al escritor sobre la alfombra. Le hace el amor como para rescatarlo. Ambos se llenan de peces la boca. El laberinto se derrama por la alfombra morada.


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