Archive for the ‘Conversación’ Category

BLOG 2.0
2014/12/03

Ha pasado tanto desde que no me acerco a mi blog. Pero el blog ha sido parte de mi vida, desde antes que YouTube tuviera anuncios, o cuando todos éramos amigos de Tom en MySpace y gastábamos horas y horas cambiando la apariencia de nuestros profiles con códigos de HTML y nacía con mucha fuerza Suicide Girls. Yo ya tenía un par de blogs y ganaba lectores de forma inexplicable.

Compartí cuentos, injusticias, poemas, fragmentos de mi diario, cortometrajes, programas de radio, podcasts, desilusiones, idioteces, lágrimas, fotografías, algunos viajes… siempre algo de mi.

La vida es una cabrona, y esta gran frase llena de verdad no es mía, pero siempre la pienso. Es de Arturo Ripstein, un grandísimo cabrón.

Cerré blogs que ya no quise administrar, proyectos que me entusiasmaron hasta el desvelo, hasta las noches de insomnio, y cumplieron en su momento su misión, y terminaron, como todas las cosas buenas que tienden a terminar. Pero este blog no lo he cerrado. No entiendo aún por qué. Tal vez porque le tengo un gran cariño, tal vez porque era el único blog que leía mamá, y que papá merodea de vez en cuando para saber en qué estoy.

Y no me estoy despidiendo ni tampoco calculo que lean todo este post, largo, desarticulado y no del todo tan sin sentido. No.

Sucede que alguien me ha escrito, una especie de Doppelgänger, y no supe qué contestar. Porque a veces tiendo a ser un antisocial. O no entiendo por qué a veces tardo en contestar. Pero desde acá te contesto Juan Francisco H. Rodriguez: Gracias totales.

Me puse a revisar mis estadísticas, y encontré que aún tengo visitas, a pesar de que he dejado de postear.

¿Será que tengo más visitas cuando no escribo que cuando escribo regularmente? No lo sé.

Siempre he tenido problemas de atención, y me aburro rápido de las cosas. Por eso creo en el trabajo de “primera intención”. No concibo ninguna obra plástica o artística sin que sea trabajo de primera intención. Claro que en la plasticidad existen etapas creativas, pero en la literatura, en la poesía, valoro el trabajo fresco de la idea primera. Detesto los textos estudiados, y las correcciones de estilo. Los detecto de entrada, y es la literatura barata, la mediocridad de escritorsuchos, escribanos sin talento. El oficio es uno, y el talento otro.

Después de lo de mamá, no he podido terminar un solo texto. Los dejo a la mitad y después termino por borrarlos. Pero volveré a lo que soy. Sacaré mi cámara, mi caballete, y mis poemas.

Pero dicho sea de paso, retomaré el blog, no entiendo bien por qué, ni para qué, idéntico a cuando lo abrí, y quiero que quede asentado en el acta, Su Señoría.

A vos, mamá, siempre.

SALIRSE DE CASA
2011/04/20

Anoche me dice un amigo: “Ya me voy a salir de casa, me caga que mi mamá me cheque mis horarios, que no acepte a mi novia, que se enoje cuando llego tarde, que me regañe porque me levanto tarde, que no le gustan mis amigos…” y un largo etcétera que no tiene sentido.

Yo lo escuchaba, parpadeando a veces, jugando con el cigarrillo entre mis dedos… Había llovido, se sentía el fresco después de la lluvia, y el olor a tierra mojada revuelto con el olor a asfalto mojado y smog.

Él estaba molesto, asustado. Lo vi decidido. “Me voy a salir de casa, estoy buscando un apartamento no muy caro, para empezar mi vida…”

De pronto se me agolparon los recuerdos. Esos recuerdos de cuando tienes 17 años y ya te sientes un hombrecito y piensas que el mundo es un lugar fácil. Lo que más extrañaba yo en mi caso cuando me salí de casa, era la seguridad, el amor, la heladera llena siempre, el olor (que apenas a esta edad he comenzado a entender) el olor a hogar.

Mi amigo insistió tanto en consejos para salirse de casa. Le di los esenciales, los que a mi me sirvieron. Sobretodo evitar los excesos. Desbocarse por esa libertad que no es más que un espejismo.

El problema no es así. Ahora entiendo que ustedes se comiencen a preguntar a qué viene este tonto post.

Si bien es cierto, muchos de ustedes (suponiendo que tengo lectores) salieron de casa y fue fácil, complicado, etc. Pero no hay ningún acto de heroísmo en salirte de casa, dejar la niñez atrás, los cuidados de mamá, el infinito amor que todos tuvimos en casa… Lo sé, y el post no tendría ningún sentido, a menos de principio.

Pero cuando escuchas a un amigo hablar de que se saldrá de casa, es divertido. Y digo que es divertido porque este tipo, que es mi amigo, lleva “saliéndose de casa” ya un par de meses. Y dudo que se salga. No porque sea cobarde. Al contrario. Se necesitan cojones para vivir con tu mamá a los treinta y ocho años. Cojones y cinismo.


LA MUJER QUE PODRÍ ANOCHE
2010/11/25

Anoche que llegué a casa, me senté en la mecedora. Así es forenses, tengo una mecedora en casa. Quizá sea porque me estoy acercando vertiginosamente a la tercera edad. Mis padres me regalaron esa mecedora, seguramente porque vieron que su hijo se estaba haciendo viejo. Cosa que agradezco infinitamente. Y sentado en la mecedora, de pronto fui testigo de como una hueva infinita se apoderaba de mi ser. No podía moverme. Era como si todo el cosmos se concentrara para dejarme inmóvil presa de la hueva más devoradora.

Quise extender mi mano para tomar mi celular, pero no pude. Mis ojos se cerraban y el primer pensamiento que tuve fue el no querer ir al gimnasio. Dormitaba y cabeceaba como si hubiera tenido un maratón sexual la noche anterior, cosa que no fue así. Y de pronto timbró el teléfono y me saco de ese pequeño trance en el que me encontraba y me puse de mal humor. Yo me pongo de mal humor por cualquier cosa, lo sé, pero cuando me sacan de mi ensoñación, mi mal humor es más ácido de lo normal. Entonces me levanté y decidí por fin irme al gimnasio. Todo sea por mis fans.

Hay una tipa que siempre coincide conmigo. Ella cree que es la mujer más buena del mundo. Y su cara de mamona (no porque se le hayan modificado sus facciones por hacer tanto sexo oral, sino por su cara de insoportable) es algo que inhibe a la mayoría de los chicos. A mi sencillamente me pudre su actitud. Y cuando alguien me pudre, por algún oscuro instinto busco la forma de joderle. Y esta vez no fue la excepción. La mujer es guapa, y tiene unos glúteos interesantes. Punto. Se pone licra para ir a entrenar, y contonea el cuerpo como si estuviera apareándose con el aire. No tiene más de 35 años. Quizá menos, nunca fui bueno para acertar con la edad de las mujeres.

Me subo a la corredora, comienzo a hacer mis ejercicios y descubro que la tengo a un lado. Entonces me dice: “Disculpa, pero yo iba primero”. Y eso me pudrió. Me pudrió y me pudrió. Es como si una patada en los huevos me hubiera sido dada, y mi mal humor se acentuó. Así que contesté: “Discúlpeme señora, no vi que alguien estuviera esperando la corredora, pero mire, se está desocupando esa”. Y con eso yo le podrí la noche. La tipa de glúteos temblorosos se subió a la corredora contigua y me miró con resentimiento. Yo la miré y le sonreí tan inocentemente, que si Dios me hubiera visto en ese momento, me hubiera llevado al cielo para dirigir la orquesta de ángeles que seguramente debe tener.

Después de unos interminables minutos, ella me dice: “¿Te puedo preguntar algo?” Yo muevo mi cabeza hacia ella, y con una sonrisa franca, amplia y amable le digo: “Por supuesto se-ño-ra”. Justo ahí veo como se desvanece su vanidad. Su amor propio se cae por los suelos. Le tiembla ligeramente la barbilla. Le asaltan las dudas, se mira al espejo que tenemos frente a nosotros, y me vuelve a mirar atónita. Yo sigo sonriendo como cuando se le sonríe a una abuela. “¿Por qué me dices señora, por qué me hablas de usted, qué tan grande parezco?”. Yo sabía que ahora la podrida era ella, y no yo. Así que con mi sarcasmo más sutil, con mi sonrisa más amable que tengo le contesto: “Lo que pasa es que yo vengo de una familia conservadora, y mis padres me enseñaron a hablarle de usted a mis mayores”. Es cuando veo claramente como las venas del cuello se le inflaman, como la sangre le sube a la cabeza. “Soy de tu edad” me dice. “No soy tan grande” contesto.

Toda la noche me estuvo observando con resentimiento. Yo bajé alegremente de la corredora y me puse a hacer mi rutina de ejercicios. Al final de la noche me despedí de mi instructor. Pedí las llaves de mi auto y entonces sentí como su mano tocaba mi brazo. Volteo y le digo: “Buenas noches señora”. Si no lloró, es porque Dios, indudablemente, es grande. Me dijo: “Por favor no me hables de usted, y además estoy segura que tenemos la misma edad”. Yo le digo: “Si es tan importante para usted tener mi misma edad, entonces tenemos la misma edad.” Ella frunce el ceño y dice: “Por favor háblame de tú”. Yo sonrío nuevamente: “Me siento extraño hablándole de tú a mis mayores, pero claro que lo intentaré”.

Salgo del gimnasio y ella sale atrás de mí. Me dice: “Buenas noches niño” y me da un beso en la mejilla. Los chicos del gimnasio no podían entender qué le había dado a la mujer más mamona del gimnasio como para acompañarme hasta mi auto para despedirse de beso. “Buenas noches tú, señora” le contesto, y entonces ya no puedo contener la risa. Me subo al auto y veo claramente por el espejo retrovisor, cómo se queda mirando mi auto, llena de dudas, de inseguridades, con sus glúteos y sus senos, con su barbilla temblando, absurda, dolida, enojada, confundida, sin poder entender nada.


¿ES SU TAMAÑO?
2010/11/04


SOÑÉ QUE ERA BENITO JUÁREZ
2010/02/17

Aunque Mariana me diga no me burle, he decidido publicar esta charla interesantísima. No se sueña diario que se es Benito Juárez, ¿O sí?

HISTORIAS DE CAOS
2010/02/09

El viento tramitó la última hoja que cae a mis pies, como una bandada de pájaros desvalidos, y tristes, mientras el haitiano me explica lo que había sucedido: Un rugido en la tierra, un caótico movimiento, y luego el horror. Me contaba de la gente que corría confundida por las calles, me expresaba la impotencia, el olor a desesperación. Son cientos y cientos los cadáveres, las ruinas de Puerto Príncipe. Un cristo no se cayó, es lo único que sobrevivió. Un verdadero milagro. Yo lo escuchaba atento, mientras veía como el viento se llevaba la hoja en el medio de un pequeño remolino. En ese momento tuve unas ganas terribles de escuchar a Björk. Pero el haitiano movía sus manos y me explicaba el porqué de la gravedad del terremoto. Él se gana la vida enseñando francés en una academia en México. Me habló también de las profecías Mayas, del apocalipsis, de la cólera de Dios. Yo encendí un cigarrillo y sonreí. Me contó que había escrito algunos poemas por Haití. Que deberíamos volver a hacer jazz. Que todos nos vamos a morir. Lo único que él olvidó decirme, es que lleva más de cinco años de exilio, y por ningún motivo ha regresado a Haití. ¿Cómo es que pudo vivir el terremoto si nunca salió de la ciudad de México?

CAROLA Y SUS POEMAS
2010/01/31

Rodrigo sacó el mate, y se sentó a la mesa. Hablamos de las técnicas de cómo cebar de la manera correcta. Claro que un uruguayo puede ser reconocido por el termo bajo el brazo. Pero Rodrigo estaba orgulloso de su argentinidad. Teníamos un par de amigos en común, y por eso me había llevado a su parrilla. Le sugerí, que mi bife, lo quería termino medio, y que el vino de la casa, debía venir acompañando a las empanadas. Apareció Carola, con su cabello recogido, y su figura inconfundible. Me dijo que había visto algunas fotografías, y que quería posar para el libro. Yo le di un sorbo a mi vino, y no pensaba en otra cosa que en el bife. Rodrigo, el argentino, se levantó de la mesa para dar algunas instrucciones. Carola sonrió. ¿Cómo te trata México? Me preguntó mientras cruzaba una pierna. Me trata… contesté, pensando que las empanadas deberían de ser un poco más grandes. Carola tomó su copa, y me dijo algo acerca de su próximo libro. Está jodido ser poeta, y tener unas tetas que los editores desean todo el tiempo. Yo no miro tus tetas ni leo tus libros Carola, le dije. Quizá el problema radica en que tus poemas sean un poco aburridos, y tus tetas nos recuerdan a las nodrizas del medievo, o en todo caso, a las damas patricias de la antigua Roma. Ella sonrió, diciendo: Siempre tenés algo qué decir grandísimo salame. Yo reí. Quiero estar frente a tu lente insistió. ¿Con tus poemas, o con tus tetas? Le pregunté. Rodrigo apareció con mi bife. El otro plato era una ensalada para Carola. El sol se ocultaba detrás de los edificios viejos, del otro lado de la calle. Deberíamos cocinar un día juntos, dijo Rodrigo. El bife estaba en su punto, el chimichurri, Rodrigo, el vino, Carola. Detrás de esa cortina de humo, me espera el mundo. Teníamos que regresar al templo. Rodrigo tomó un par de libros de su oficina, detrás de la cocina. Carola se levantó. ¿Te volveré a ver? Me dijo como si yo estuviera subiendo a un buque de guerra. Con esa misma solemnidad le contesté. Sí, si sobrevivo a la calamidad. Carola me extendió un papelito con sus nuevos números. No te desaparezcas más. Creí que Carola había viajado en el tiempo. Tenía aún su cuello de cisne, sus hombros frágiles, y un mechón de cabello rubio mal agarrado que caía sobre su cuello. Recuerdo cuando apareció en mi casa con un gato entre las manos. Sus ojos estaban llenos de agua. ¿Te volveré a ver? Me hizo esa pregunta una tarde de lluvia en el aeropuerto. Ya habían pasado siete años desde aquella tarde. Ahora no había gato, ni llanto. Era Carola, con sus labios rojos, intentando hacer poemas, desde que leyó los míos.

DESDE IBIZA
2009/12/08

¿DE DONDE SALE EL LADO CURSI?
2009/11/18

ESTA HERMOSO TU PENE
2009/11/04

Pet Society es una de las miles de aplicaciones que existen en Facebook. ¿En qué consiste? En crear una mascota virtual. Después de crear a mi mascota, no sabía qué nombre ponerle.

Chat Felicidad

En fin, este post va para ti Feli….

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