CUENTO KS KURICH.

—Creo qué hay gente que le hace falta sufrir Simona, que le rompan un poco la cara, que pase hambres, que llore, que se le muera alguien, que le hagan una hijoputez, una guarrada, que le rompan el culo, los dientes, entonces eso te ablanda, te regresa al lugar en donde reconoces que no tienes derecho a todo —Dijo Kleskurichvog, mientras cortaba suavemente el puro para encenderlo.
—No lo veo así Kurich, creo que la sensibilidad viene también de la hermosura, y de la belleza
—Detente un poco Simona, no me digas Kurich, pronunciá completo mi nombre o ándate un poquito a la mierda, lo digo con amor y ternura, prefiero que me digas boludo, o querido, pero Klesku es como si me dieras una patada en los cojones, con un pie forjado en hierro puro, o plomo, y justo en el instante de impacto, el dolor corriera por todo el cuerpo y se hiciera eterno congelándote en el tiempo y espacio y reducirte a un saco de sangre y excrementos, amorfo, tirado en el piso, convulsionándote mientas partes tu lengua con los dientes, y ese instante nunca acaba, te quedas así para siempre, hasta que Enoc regresa al planeta solo para decir que Dios siempre fue un símbolo y no un ente.
—A ver querido, la que tiene la vagina en esta casa soy yo, así que si quiero decirte Kurich o basurearte, mandarte no a la mierda, sino al quaser más lejano, o decirte campeón, así se queda y punto. En estos tiempos hemos perdido a esa señora dama llamada Caballerosidad. Y me importa un pito si en tu cabeza esa señora dama llamada Caballerosidad te resulta un ser andrógino, es por tu primitiva forma de androgenizar tus ideas e inventar tus propios dioses.
—Vaya Simona, tú discurso ahora después de los años se ha hecho ácido, certero, casi asesino, despiadado y poético.
—Kles, la gente no necesita ser castigada para mostrar sensibilidad. Necesita viajar más y tener más amor en sus vidas.
—Quizá en alguna de las primeras etapas de formación, porque ya en la edad que hacen mierdeces, es cuando la conciencia cae por muerta, y es diagnosticado con mierdaencefalia terminal.
—Sos tan dramático querido, que pareciera que no es insomnio lo que padeces, sino esquizofrenia.
—Nietszche tenía esquizofrenia.
—Trump tiene mierdaencefalia.
—Entiendo el punto Simona, pero es que la chimenea encendida, y la lluvia afuera de la ventana hacen sentirme demasiado sensible.
—Y no puedo creer que no te des cuenta, que esta tanga ha comenzado a estorbarme Kleskurivog.
—Mirá que buen cierre, la sugerente desnudes y tu piel cálida coronada con mi nombre pronunciado completo, como un faro que irradia luz y guía dejando fragmentos de verdades que te guiarán a la verdad absoluta.
—Mi amor, o venís a hacerme el amor o me duermo, creéme que estoy a segundos de quedarme dormida, dale vení, y besa mis lunares que tengo en mis muslos.
—Solo deja que le dé dos caladas al pucho, cierro la ventana, que por cierto se ha metido el agua se ve maravilloso, me lavo la boca y estoy con vos, no te duermas Simona.

Simona extendió su mano hacia el buró y apagó la lámpara.

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