APUNTE DESDE LA FIEBRE

La primera vez que morí fue mirando al cielo. Venía una ola que no pude contener y mi cabello se enredó con la guía de mi tabla de surfing. El impacto del agua hundió mi tabla y sentí un golpe en el rostro que me desmayó por quizá un par de segundos. Tragué bastante agua y hubo una parte de mí que se venció. No sé explicarlo coherentemente. Solo recuerdo que mi vida la podía ver como diapositivas. Toda mi niñez se agolpaba en recuerdos que corrían por mi cerebro. Pasé del terror de morir a asumirlo. Y dejé de luchar. Mi surfboard hizo el resto. Buscó la superficie y las mismas olas que me habían jodido me revolcaron hacia la orilla. Seguí mirando al cielo hasta que llegó alguien que intentaba resucitarme. Y aquí estoy forenses. Resucitado y con gripe.

¿A qué viene todo esto? No lo sé. Me desperté con angustia. Y no es que tenga miedo a morir. Absolutamente no. Hay una parte de mi que se ha vencido… pero no es depresión. Quizá el cáncer sea lo más jodido que he podido experimentar y he luchado solo, como todas mis luchas. Quizá se repita la historia y mi surfboard haga el resto. Y no es que haya tenido varias muertes.

La segunda fue el suicidio después de la muerte de mamá. Y eso no lo voy a contar porque resulta dantesco. Cuando desperté en el hospital estaba encabronado de haber sido resucitado. Fin de la historia. La tercera siempre es la vencida. Tengo personas cercanas que me han apoyado de alguna forma. He sido demasiado feliz. Demasiado. Y ahorita que tengo gripe, mientras los mocos escurren por mi nariz para salir y ver la luz del sol, pienso que mi vida ha durado solo un instante. Se pierde la percepción del tiempo. Debido a mi condición de niño y el autismo que casi he superado, perdí la noción del tiempo. He olvidado los nombres de casi todos mis compañeros de escuela. He olvidado bastante. Solo he acuñado los recuerdos de niño, tomado de la mano de mamá. Amo a mi mamá como a nadie jamás. Me sigo sintiendo ese niño aislado en mis pensamientos y extraño tanto a mamá siempre haciendo magia por sacarme de ese ausentismo. Sentía por ella desde niño una infinita ternura. También sentí pánico, pues ella me castigaba fuertemente.

Mi padre sigue siendo un extraño desconocido. No coincido con él. Si estás leyendo esto padre, non posso dimenticare le tue umiliazioni. Pero está todo bien querido. Son cosas que suceden. O se es hijo de puta o se es la Madre Teresa de Calcuta. Pero mediar entre ambos polos no va.

En mi niñez únicamente aparece mi hermana y mi mamá. Una novia que tuve de niño que estaba por las tardes en casa jugando con nosotros. Nos prometimos casarnos cuando grandes. No la volví a ver. Recuerdo que mamá tomaba un estudio bíblico con una pareja ya grandes. Don Rogelio y doña Claudia. Ese matrimonio fue lo más parecido a unos abuelos para mi hermana y para mi. Mi padre siempre estuvo ausente, por su trabajo o por sus putas. Así que todas las tardes las compartimos mi mamá mi hermana y yo. Y el estudio bíblico era de lo más aburrido. Pero al final siempre había café y galletas. Yo tendría quizá cinco años. Y adoraba ese momento de las galletas. Y también adoraba otro momento; un hijo de ese matrimonio, estaba casado con una dentista que tenía un par de tetas que ya me seducían a esa corta edad. Cari era su nombre, y sentía cosquillas en mi cerebro cuando ella aparecía. Sé que yo le simpatizaba, cómo podía no simpatizarle si yo era tan callado y sonriente. Yo la miraba no sé si con deseo o ternura. Y ella me daba la mano, me acariciaba o me daba besos sentándome a su lado. Yo le veía el trasero disimuladamente. Tenía yo cinco años. Y sus escotes hacían que las galletas y la charla de los adultos fueran mágicas. Al final de la noche, don Rogelio y doña Claudia nos llevaban a casa en su camioneta blanca. Mi mamá sonreía y para mi eso valía muchísimo.

Ay mamita linda. Cuantas veces te vi llorar por el pasado o no sé si también por el presente de ese entonces. Quizá ahora esté más cerca de vos. Cómo añoro que me vuelvas a tomar de la mano y me leas Jorge Isaacs, Borges, o Cortázar.

Nadie se preocupe de nada. Es solo la fiebre y esta puta gripe que no me deja pensar con claridad. Sean buenos forenses o al menos finjan serlo.

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