LOS VETERINARIOS DE MIERDA

Muchas cosas han pasado estas últimas semanas. Un cambio radical además de los ya sabidos. Vamos, que de cualquier forma las cosas terminan y los cambios deben de hacerse aunque nos duelan los testículos. Nunca fui lo suficientemente bueno para tomar decisiones acertadas en mi vida. Pero sin duda he sabido defender mi mundo a garra y espada. He viajado, como decía el poeta, con un ladrillo bajo el brazo para mostrar al mundo cómo es mi casa. La primera vez que me salí de casa soñaba con ser libre. Mirar de frente al horizonte y aventurarme a conocer lugares insólitos. Tenía miedo, claro, ante lo desconocido. Me he encontrado a gente maravillosa en este andar, y gente de mierda. No encuentro alguna otra forma de clasificar a la gente. Aunque debieran existir subgrupos de la gente de mierda. La gente de mierda cobarde, que te da por la espalda, pero esconden la mano, y la gente de mierda que de frente ataca. De ésta última hay muy pocas personas. Podría respetar dignamente a un enemigo por el simple hecho de atacar de frente. Pero tampoco tengo enemigos. La gente de mierda a la que me refiero, es a esa gentecilla que existe como parásito en la sociedad. Sin talentos, sin ideas propias, esas fuerzas brutas que mueven los audaces. ¿Por qué digo todo esto, queridos amigos, fans y lectores? Bueno, entremos en materia…

Hace unas semanas había detectado que Simona, mi amada cocker spaniel, tenía una infección en sus orejas. Es una infección común en esta raza. Y esto se debe a que se acumula cierta humedad bajos sus enormes orejas. Así que fui a la Veterinaria Valle Dorado, sobre boulevard Valle Dorado, y el veterinario me dijo que necesitaba un tratamiento, le limpió las orejas a Simona con un algodón. Me dijo que no tenía el medicamento, que debía comprarlo en alguna otra parte y llevarle a Simona al día siguiente. Me dijo que le debía quinientos pesos. Vamos, quinientos pesos se pagan. Pero ¿Quinientos pesos por limpiar con un algodón las orejas de Simona en menos de un minuto? Seamos sensatos. Además que el grandísimo cabrón trata a las mascotas como si fueran objetos, me dice que le debo QUINIENTOS PESOS más DOSCIENTOS PESOS (alrededor de $60USD) del baño de Simona. Le pregunté si al día siguiente también me cobraría esa misma cantidad, y me dijo que no, que solo me cobraría trescientos cincuenta pesos ($20USD). Bueno, se me subió la sangre a la cabeza y pensé todas las posibilidades. Desde castrarlo, romperle la nariz, quemarle su veterinaria o pagarle. Decidí por la última: le pagué. Me salí con Simona y fui a recoger mi auto el autolavado, que está a dos calles. Y cuando pasé, vi al veterinario salir de La Barbacoa El Mexiquense, que está a un lado de su veterinaria, con una sonrisa de satisfacción. El grandísimo hijo de puta se fue a desayunar barbacoa con el dinero, producto de sus ganancias, por haber pasado algodón en las orejas de Simona. Decidí no atropellarlo.

Vamos, que a nivel profesional siempre he sido muy respetuoso, porque lo que hay atrás de un simple acto profesional, involucra horas de estudio, experiencia, etcétera. Pero no se necesita un título profesional para decirme lo que yo ya sabía sin tener una puta idea de la medicina veterinaria: Simona tiene una infección en las orejas. Vamos, que cualquier idiota podía percatarse de eso, yo mismo lo hice, y por esa razón la llevé a consulta. Cambié de veterinaria.

Sobre el Blvd. De los Continentes hay una clínica pequeñita, llamada Chuchos y Mininos. Honestamente el nombre me dio cierta ternura. Y ahí estoy, con un médico veterinario zootecnista llamado Cuauhtémoc Rocha. Un tipo al que voy a definir con una sola palabra: Amoroso. Un profesional sin duda, además de que ama su profesión. Su diagnóstico fue, que además de la infección en las orejas, Simona presentaba un cuadro de Hipertiroidismo, por la falta de brillo en su pelo, y alguna otra sintomatología. Me dijo que él confiaba mucho en un médico muy experimentado, llamado Francisco Álvarez Cámara. Así que tuve que llevar a Simona a la calle de Copérnico, en la Col. Anzures. Además de que el doctor me cobró 1,500 pesos ($120USD) por la consulta, detectó un tumor y una infección en el útero de Simona. Se operó de emergencia y estuvo hospitalizada 3 días. Debo decir lo siguiente: Cuauhtémoc Rocha y Francisco Álvarez, tratan con un amor especial, real y no fingido, a las mascotas. Hay humanismo y profesionalismo. Y pagas lo que tengas que pagar. Aunque sean 1’500USD por la operación.

¿Y a qué viene todo esto? Bueno, a que la gente de mierda siempre aparece cuando menos los necesitas, pero que también aparece la gente honesta. Y esto equilibra un poco a la sociedad.

Ahora estoy de enfermero en casa cuidando a Simona. Lo cómico de esto, es que Félix, mi gatito, imita a Simona, y se echa como si estuviera convaleciente. No sé cómo sentirme al respecto. Respeto la decisión de Félix y la solidaridad para con Simona. Debo llevarles la comida al sillón a ambos. Y ahí están, esperando que yo corte el jamón y las salchichas en pedacitos, y se los dé en el hocico, mientras miran el televisor. ¿Habíais imaginado a alguna mascota que mira el televisor?

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One Response

  1. A eso se le llama amor🙂 p.d. mi chuchita también ve tv.

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