POR FIN ES VIERNES

Mi oficina tiene ventanales que dan al Norte. El sol al atardecer da de lleno. Entonces se produce el efecto invernadero. Tengo un ventilador de pedestal y ventilación cruzada. Sin embargo se hace sentir el calor. El termómetro marca 26 grados centígrados. Yo comienzo a sentirme incómodo. Me estorba la ropa. Desde niño, con el calor, me pongo rencoroso. Tolero el calor con Margaritas en mano, cervezas o micheladas, traje de baño sentado frente al océano. Pero el calor así, en la ciudad de México, que es abrasivo y seco, no lo tolero.

Pero por fin es viernes, y aunque yo trabajo los sábados me emociona que sea viernes.

Los viernes me siento otra vez humano y menos robot. Pienso que las cosas buenas llegan en viernes, o sábado. Me gusta saber que estoy a unos minutos de salir, y olvidarme por un momento, del tedio de la oficina cuando arde a 26 grados centígrados.

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