QUIERO QUE SEA SÁBADO TODOS LOS DÍAS.

Y es que es cierto. El día que más me gusta de la semana es el sábado. Supongo que para muchos también lo es. Y es que aún cuando trabajo y soy técnicamente explotado en la oficina los sábados, amo este día. Puedo salir con amigos, aparearme sin parar como una gacela, puedo correr, beberme todo el vino, desvelarme con alguna novia, o mirar series o películas, o jugar video juegos hasta el amanecer.

Los sábados son nobles por eso. Descanso del gimnasio, puedo planear ir a un museo, comer camarones, ir al cine, a un concierto, besarme bajo las sombras con alguien, meterme a un hotel o a una piscina, ir a una fiesta.

Después de la oficina soy libre. Libre. Y eso es una sensación que no cambio por nada. Llego a casa a aventar el portfolios en el banco de la barra de la cocina, enciendo el iPod a todo lo que da, dejo el auto y procuro moverme en bicicleta, o de ride; acaricio y lleno de besos a Simona mi cócker y a Félix mi gato.

Tomo el teléfono y le llamó a mamá. Salgo a comer, o pido una hamburguesa o una pizza. Me olvido del hastío de la semana, de las juntas, del tráfico, del estrés.

A veces me pongo melancólico, entonces escribo, o dibujo. Algunas veces me quedo en casa, busco la serie que tengo pendiente y dejo que el tiempo me relaje. Los sábados soy afortunado. Puedo partirle la jeta a cualquiera en sábado, tengo todos mis sentidos al límite, la sangre erecta, soy poderoso.

Nunca me quiero dormir cuando es sábado, aún cuando el reloj marque más de media noche. A veces son las 4 de la madrugada ya de domingo y doy vueltas por la sala, pensando si hay algo que no he hecho y que no puedo hacer entre semana. A veces me siento en la terraza a mirar el cielo, las estrellas. La soledad no me asusta. He visto a mujeres dormir y yo me salgo a la sala, o a la terraza, con el mate en mano y pienso y pienso durante horas, hasta que amanece.

La vida es tan corta. Apenas ayer estaba en la escuela, o estaba en mi primer empleo, o con la mujer que amaba en ese entonces. Siempre tuve por quien llorar, por quien excitarme. Y siempre tuve momentos de soledad. Muchos. No hay un algoritmo que programe donde estaré, con quien terminaré mis días.

Dios sabe que amo los sábados, que amo a mi gente y que estoy solo. Solo entre los demás.

Ahora pondré un emoticon estúpido de sonrisa para que refleje esa felicidad sabatina:

J

One Response

  1. Thanks for sharing your thoughts on test. Regards

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