CARTA A MAMÁ 2

A veces, un día, amanece, como siempre o casi siempre, o ese siempre que conocemos únicamente. Antes no amanecía, por lo menos así lo demuestran las pruebas de carbono, con sus científicos despeinados, tratando de demostrar que evolucionamos de un chango o una ladilla. Pero cuando amanece, y caemos en la cuenta de que ya no amanece igual que hace unos años atrás, entonces es cuando comienza el problema. El problema no es que amanezca y ahora seamos adultos y la vida pueda resultar tan esperanzadora o tan patética de acuerdo a la suerte que nos haya tocado.

Yo en mi caso puedo sentirme casi afortunado. Y digo casi porque a veces me gustaría que las cosas fueran de diferente manera. Pero lo que he vivido, lo he vivido bien. Eso pienso. Eso siento. Vivir hasta morir. Pero cómo extraño esos amaneceres de domingo, cuando mi hermana y yo nos levantábamos temprano, y queríamos impresionar a nuestros padres haciendo un desayuno terrible, pero que se comían con su infinito amor. Quizá eran los días más felices de mi vida, cuando era un niño y mamá bajaba de su habitación, radiante y hermosa como siempre, y papá, un tanto desenfadado, queriendo vivir su domingo acostado.

Y un día amaneció y esos días quedaron tan atrás. Un día ya era un adulto y nunca me enteré como fue, un adulto lleno de manías y pretextos para alejarme de la gente. Mi “siempre” se reduce a mis pequeñas vivencias y aventuras en un viaje que de pronto siento que nunca terminó. He olvidado los rostros de la escuela. El nombre de compañeros, las novias. He olvidado lugares, caricias, manos… Olvidé todo, o mucho del todo que me conforma.

Pero lo que nunca pude olvidar son esas tardes mágicas cuando mamá horneaba unas galletas y nos sentábamos con ella después de la tarea y nos platicaba del pasado, o nos leía un libro, o jugábamos…

Nunca se sabe cuando va a terminar eso. Pero un día termina y todo cambia. Y yo me niego a dejar eso atrás. Fui el niño más feliz. Mi madre es para mí el gran amor de mi vida. No necesito un diez de mayo o un tercer domingo de mayo para recordarle lo tanto que la amo. Trato de ser constante en mis muestras de amor. Porque el tiempo de mi madre es mi tiempo. Cuando ella decida hacerse estrella o galaxia, yo quiero irme con ella, a explorar otros valles de este interminable universo.

Si estás leyendo esto mamá, quiero que sepas que estoy buscando la forma de que alguien me lleve de regreso a los viejos tiempos, cuando nos divertíamos tanto y nos leías a Jorge Isaacs, o nos cantabas alguna canción y después acariciabas mi cabello antes de dormir, y me mirabas con esos ojos infinitos que tienes, y me decías que me amabas, y yo fingía dormir, sabiendo que lo más valioso que tuve en mi vida, fuiste tú. Te amo mamá.


2 Responses

  1. Yo quiero eso, quiero que me recuerden así.
    Tu mamá debe estar súper orgullosa de tener un hijo que le demuestra en todo momento su amor por ella.
    Es delicioso leerte.
    Besos

    • Gracias guapa.

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