CUANDO ESTÉ MUERTO

Tengo esa extraña particularidad de llegar tarde a todas partes. Y no es divertido cuando pasa el tiempo, y ya no eres un adolescente. Miras para atrás y te das cuenta que llegaste tarde a todas partes. A la escuela, al trabajo, a tu primera cita, a las reuniones con tus amigos, al aeropuerto, al gimnasio… a todas partes. Y ese es un problema grave. Y honestamente no sé por qué sucede. Tiendo a ser un tipo más o menos ordenado. Mantengo mi casa limpia, mis cosas ordenadas, tengo un smartphone en el que agendo mis citas, mis tareas cotidianas; pero por algún extraño motivo, siempre, aún cuando planeo mis citas, llego tarde. Y esto pasa por lo siguiente. Soy demasiado disperso. Mi cabeza siempre está en otra parte. Vamos, que generalmente trato de ser muy coherente con lo que hablo, pero mi cabeza está en otra parte. Nunca he logrado definir en dónde es a donde se van mis pensamientos. Y sucede que a veces siento que debo hacer esto antes de salir de casa, o lo otro, o aquello. Como hacer un dibujito que nunca terminaré. O escribir un verso que dejo abandonado y con el paso de las horas, el cambio de estado de ánimo, el poemita ese que empecé hace unas horas, pierde su vigencia y por lo tanto su fuerza, y pierdo total interés. A veces me angustio, para ser honesto. Y es que alguna novia tuvo que esperarme por tres horas en alguna plaza comercial. Recuerdo perfectamente cuando yo llegué con mi sonrisa estúpida y sensual, con mis excusas, disculpándome por mi tardanza. Ella ya tenía resentimiento en la mirada. Cosa que con el tiempo la hartó, y llamó por teléfono llorando un día, diciendo que yo no mostraba ningún interés en la relación. Y supongo que era cierto. A medias. Es decir, claro que me gustaba esta mujer, pero su existencia no tenía la fuerza necesaria como para captar toda mi atención para dejar de dar vueltas por la casa antes de salir, tarde, acelerando el auto como un enfermo, para llegar a mi cita tres horas después.

¿A qué viene todo esto? Viene porque justo cuando estaba escribiendo este post, la priemra idea era escribir un poema. Escribí casi dos cuartillas de mierda. Literal. Mierda literaria, basura, tiempo perdido. Lo leí y no sentí nada. Y en el mismo procesador de texto, borré una línea, otra, hasta que borré todo y ahora escribo esto. Sin sentido. Vamos, sin sentido en principio.

Quizá ahora he asumido las cosas con más ligereza. Generalmente cancelo mis citas sociales, o más aún, confirmo de última hora mi asistencia, porque sé que algo va a pasar antes. Y siempre pasa. Al único lugar al que quiero llegar tarde es a mi muerte. Esa es la verdad. Y seguramente será la única cita a la que llegue a tiempo, porque no depende de mi.

Pero tengan por seguro que cuando me estén velando, yo no estaré presente. Sino que estaré dando vueltas por ahí, con el cabello despeinado, la mirada en todas partes, perdido, con una idea que no se concreta, con bocetos, dibujos, escritos, tratando de hacer algo que me haga soñar, aunque ya esté muerto.


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