VIERNES FOTOGRÁFICO: DORNIER 2200

Hace justo una semana, mi hermana estaba a punto de casarse. Yo estaba feliz y triste al mismo tiempo. Esos sentimientos encontrados que se nacen justo cuando caes en la cuenta de que el tiempo pasó, y que dejamos de ser niños. Y los juegos, las risas, las complicidades, el compañerismo, quedaron atrás, quietos en el tiempo, como parte de nuestra historia. Estaba feliz por ella, por sus sueños… Y también estaba feliz porque tenía a mis padres a mi lado, a mi hermano. Viajando como en los viejos tiempos, de cuando éramos chiquitos y nos llevaban a vacacionar a cualquier paraíso, siempre juntos, como una familia pequeña, pero unida que somos. Está de sobra decir que por cualquier miembro de mi familia daría la vida sin dudarlo. Y daría mi vida por verlos felices, siempre.

En una de las aventuras de este viaje que hicimos, me tocó volar en una avioneta de confección alemana (1976) Dornier 2200. Mis testiculos se me subieron a la garganta cuando vi el avión en el que volaría, después de haber estado horas en el aeropuerto para hacer conexión a mi destino. Mamá como siempre lucía bellísima, con esos ojos tan tiernos que tiene, con sus manos tan finas. Papá, como todo buen caballero, elegante y tranquilo. El vuelo, sin contratiempos. El piloto informó que podría haber alguna descompresión de aire que se traduciría en vapor dentro de la avioneta, cosa que sucedió, y el vapor me hizo pensar que acuatizaríamos en cualquier momento sobre el océano. Revisé si no me habría orinado del miedo, y me tranquilicé de no haberlo hecho.

Este es uno de los viajes más bonitos que he hecho en mi vida. Porque una vez más pude ver a mamá y a papá del brazo, paseando por todas partes, como la pareja perfecta que siempre me parecieron. Mi hermano y yo compartimos habitación, y aunque él no lo sepa, me gustaría ser tan guapo como lo es él. Mi hermana tenía los ojos llenos de sueños, y estaba, además de hermosísima, feliz.

Esta es la vista que tenía desde la ventanilla, la hélice derecha del Dornier 2200, el océano y el sol, en ese majestuoso atardecer que sugería la entrada a la tierra de los sueños.


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