CUENTO: VERÓNICA

Verónica se pone de rodillas y comienza a buscar por la alfombra un alfiler. Sus dedos largos y delgados se deslizan suavemente, como una caricia atenta al sobresalto. Su espalda arqueada y sus ojos intensos se inyectan de cuidado al avanzar a gatas tratando de encontrar. Mientras busca, Verónica tararea una canción. Los recuerdos de pronto se agolpan en su mente. Afuera llueve y el viento golpea el cristal de la ventana. Verónica se queda quieta. Se toca los senos tratando de recordar las viejas caricias que hace tiempo ya no sentía. De pronto se siente vulnerable. Un vestigio de excitación recorre su espalda. Verónica se levanta la falda y explora su entrepierna. Se deja caer boca arriba y se acaricia. Descrube que su cuerpo aún es vulnerable al tacto, a las caricias. Sus sentimientos se mezclan. Se pierde en un trance de océano salvaje. Su piel se erecta. Se enfurece. Verónica se pone en pie y camina al espejo frente a su cama. Se quita la blusa y se mira de frente, de perfil. Levanta el pecho, sume el vientre. Aún está extasiada. Sus piernas tiemblan. Su figura aún sugiere la belleza de antaño. Un relámpago ilumina la habitación. Los fotones se incrustan en sus pupilas dilatadas. Hay lágrimas por sus mejillas. Se arranca la ropa y se tira en la cama. Alcanza las tijeras del buró. Verónica cierra los ojos mientras siente la tibieza de la sangre mezclada con el frío metal.


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