ESPERA

Cuando era niño, mamá amaba el poema Número 20 de Pablo Neruda. Yo la escuchaba tomando leche tibia y una galleta recién horneada. Nunca quise hacer el servicio militar. Siempre creí que la guerra era el acto más vil que la raza humana pudo inventar. Hoy sé que la pobreza es antinatural. Es un invento del hombre. Y como tal puede ser erradicada. Puedo sentarme bajo la lluvia a esperar que salga el arcoíris. A veces lloro. El jardinero viene a mi casa y me cuenta historias de cuando él era un triunfador. Yo lo escucho, pero mi mente regresa a cuando era niño y no tenía que escuchar a los jardineros del mundo hablando de sus trabajos anteriores cuando ganaban mucha plata y tenían autos y mujeres. Mamá hizo todo para que yo fuera un hombre de bien. Me enseñó todo, y de todo. Si alguien me hubiera dicho que crecer es una mierda, no sé qué hubiera hecho. Extraño esas tardes en la que mamá tomaba el libro de Pablo Neruda y me leía con su voz melancólica. Extraño el olor a panqueque recién horneado. Mamá usaba el cabello largo y negro, su piel blanquísima iluminaba mi existencia, sus ojos escrutadores y lindos me seducían. Hoy no saldrá el arcoíris. No hay lluvia. Pero hay un frío que cala los huesos. Hay días en los que puedo sentarme a esperar a la luna. O a un ruiseñor.


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