DESCANSE EN PAZ CARLOS MONSIVÁIS

Esa tarde llovía de a poco. Yo estaba sentado en una banca del Parque Labastida, en Oaxaca. Había pocos turistas. Estaba observando los cuadros de los pintores (malísimos) que exponen ahí. Yo mismo había sacado un par de cuadros para intentar venderlos en esa plaza. Me sentía consternado, tenía un par de días que había llegado a Oaxaca, y todo parecía negativo. Se me acercaron dos tipos diciendo que eran de Holanda. Estaban interesados por uno de mis cuadros. Negociamos. De pronto volteé y vi que venía el Maestro Francisco Toledo acompañado de Carlos Monsiváis. Yo había estado en el taller de Toledo un año atrás, en Juchitán. Me puse nervioso. Dejé a los holandeses hablando y caminé hacia donde iba Toledo. Me acerqué. Coincidentemente tenía en mi mano “Escenas de Pudor y Liviandad” de Carlos Monsiváis.

Toledo es un tipo que se pasea por los calles del centro de Oaxaca en mangas de camisa. Un tipo sumamente sencillo y un gran Maestro. Torpe y nerviosamente me acerqué y lo saludé de mano. Le di el libro a Carlos Monsiváis y le pedí que me lo firmara. El me sonrió. Hizo cualquier garabato. Me dijo: “¿Estás vendiendo tus cuadros ahí?” y yo asentí. “Al rato pasamos” dijo. Nunca pasaron. Pero yo estaba feliz. Tenía el libro en las manos con su garabato. Regresé a donde los holandeses y me preguntaron quien era ese señor. “El autor de este libro” me limité a decir.

Dos años más tarde, cuando viví en Guadalajara, inicié un periódico infantil y una fundación para ayudar a los niños de la calle. El proyecto consistía en buscar “Escritores consagrados” para que me apoyaran con sus textos. Mario Benedetti fue el primer contacto. Carlos Monsiváis el segundo. Cuando hablé por teléfono, él había olvidado por completo “nuestro encuentro en Oaxaca”. Pero yo nunca lo olvidé. Carlos Monsiváis era un tipo inteligentísimo. Mordaz, elocuente, de ágil prosa, una retórica impecable, irreverente, inolvidable.

Ayer escribí mi columna acerca de la muerte de José Saramago. Hace poco más de un año, escribía acerca de Mario Benedetti. Hoy, se va un grande. Carlos Monsiváis.

La muerte es tan injusta. Tan puta. Llega cuando menos se le quiere, cuando menos se le espera. Carlos Monsiváis es uno de los hombres que más he admirado. Un tipo sencillísimo que podías encontrarlo en el Salón Corona (ciudad de México) o en un café de San Ángel. Su corazón no le bastaba para apoyar cualquier injusticia social. Era tan irreverente, tan pragmático, tan sarcástico. Un hito en el mundo intelectual mexicano, en el mundo de las letras y la cultura.

Muere Carlos Monsiváis a los 72 años de edad. Era tan bello. Podías ver a todos los gatos del mundo en sus ojos. “(…) No vamos a limitarlo en adjetivos absurdos, en falsos convencionalismos… no vamos a encasillarlo, es decir, matarlo.”

M2ATK
México DF, a 19 de Junio de 2010.


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