FELICIDADES PAPÁ.

Recuerdo que íbamos caminando en alguna plaza. Yo tendría 6 años. Quería que me compraran algo. No recuerdo el suvenir en cuestión. Generalmente mis padres me compraban todo lo que quería. Pero en esa ocasión me dijeron que no. Íbamos caminando rumbo a un restaurante para comer. Yo iba enojado. Estaba en mi momento de berrinche. Yo mediría quizá 70cms. No más. Y me puse frente a papá. Le pateé la espinilla. Después todo comenzó a suceder en cámara lenta. Mi mamá dijo algo. Papá se me quedó mirando. Quizá por dentro se moría de la risa. Un hobbit atacando a patadas a un verdadero dragón. Recibí una nalgada. De lo más amorosa. Mi padre quizá medía su fuerza, o de verdad yo le parecía una ternurita. Ahora que lo pienso, parecía que cuando papá o mamá me castigaban, les dolía más a ellos. El tipo que medía (para mi dos metros) y era grande como una estatua, atacado por un estúpido niño que era yo, pateando las espinillas de mi adorado dragón; y este gigante hombre sólo se detuvo, me miró con sus enormes ojos miel, y me dio una nalgada que era más como una caricia. ¿Dónde tendría yo la cabeza?

Este hombre, mi papá, trabajaba todo el día. Sé que también se divertía. Pero nunca nos faltó nada. Esto que soy yo, es gracias a mis padres. A su amor, a su paciencia… Papá llegaba de noche, se iba muy temprano. Estaba en los aeropuertos, en juntas, viajando. Los fines de semana dormía. Siempre fue un dormilón y además roncaba. Yo lo escuchaba. Sentía una paz inmensa cuando él estaba cerca de mí. Si mi padre me dio más de cinco nalgadas en toda mi niñez, quizá es mucho. Yo era feliz. Había una paz que mi papá me transmitía. Cuando jugaba con mi hermana a “la mamá y al papá” yo jugaba a ser mi padre. Imitaba todo. Su auto, su personalidad, su carisma.

Quizá ahora pienso que sigo jugando a ser mi padre. No lo logré. Él hizo mucho, mucho. A mi edad él ya había resuelto su vida. Yo no logro hacerlo. A veces pienso que todo se me deshace en las manos.
¿Por qué escribo hoy de mi viejo? Porque ese hombre que es mi héroe, mi arquitecto favorito y el hombre a quien yo amo, hoy cumple años. Ahora tiene más canas y más sabiduría. Ahora es todo un hito. No hay forma de poner en duda lo que hizo por mí. Me salvó de todo. Me cobijo. Me alimentó. Me dio amor. Lo sigo admirando en silencio como cuando niño. Me sigo sintiendo a salvo cuando estoy con él. Sus ojos parecen brillar todo el tiempo. Su paciencia infinita me inspira. Siempre tiene tiempo de escucharme. Me llama, se preocupa, me aconseja, y además no se ríe de mis estupideces.

Él es mi padre. Se me inflama el pecho cuando hablo de él. Nunca fui lo suficientemente digno de tenerle a mi lado. Ni a mamá.

Gracias papá por tu infinita paciencia. Feliz cumpleaños. Te amo.


2 Responses

  1. Me gustó mucho tu texto. Diría, que, mi vida es casi = … Sólo, que con algunas diferencias.

    Por ejemplo: “Si, a mí algo me da pena. Es que de chiquito un día grité: “Policía, llévese a mi papá” O, peor, que le pedí un día a mi hermano… Que matara a mi padre. =?

    Salu2!

    • Gracias Guillermo. Saludos.

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