LA CENA DE KIKI

Quizá he sido un poco obsesivo con los cuidados de Kiki, mi tarántula rosada. Pero vamos poniendo claro el asunto. Kiki me tiene obsesionado con su comportamiento. Siempre me ha fascinado el diseño de las arañas. Recuerdo que cuando era niño, un amigo y yo atrapábamos arañas todo el tiempo. Buscaba algún frasco en la cocina de mamá, y salía con este niño a los jardines a atrapar arañas. Alguna vez se nos cayó el frasco en casa. Y las arañas corrieron por todas partes en el patio. Mamá se escandalizó. Pero por alguna extraña razón, mamá siempre me perdonaba todo. Mi hermana dice que yo fui, y sigo siendo el consentido. Yo creo que mamá nos ama por igual. Pero yo soy más carismático que mi hermana. Sin duda. Es como si ella fuera una araña y yo una mariposa bellísima. Frágil y maravillosa, por lo tanto, pues necesito de más cuidados.

Pero regresando al tema, forenses, las arañas puede resultar terroríficas para muchas personas. Y yo en cambio, siempre tuve un inusual interés en ellas. Vamos, una obsesión, que con el tiempo, se ha ido quedando en mi estilo de vida. No quiero decir que muchas mujeres con las que he salido sean unas arañas, no. Ahí sí he sido muy selectivo. Pero con respecto a las arañas, he tenido algunas cuantas como “mascotas oficiales”, a partir de que vivo solo.

Los investigadores afirman que las mujeres no pueden dejar de temer a las arañas e incluso nacen con un miedo natural a los insectos de ocho patas.

Aunque ya se tenía conocimiento de que las mujeres son cuatro veces mas propensas a padecer aracnofobia que los hombres. Pruebas realizadas con bebés, donde se les mostraban imágenes de arañas, demostraron que incluso antes de cumplir el primer año de edad las niñas les temen, mientras que los varones ni se inmutaron con estas.

Psicólogos de la Universidad Carnegie Mellon afirman que sus hallazgos sugieren que las niñas están genéticamente predispuestas a temer a los animales potencialmente peligrosos. También suponemos que están genéticamente programadas para tener esos terribles gritos y llamarnos por una araña que no sobrepasa el medio centímetro de tamaño.

El psicólogo David Rakison declara que las mujeres podrían venir predispuestas al miedo a arañas y serpientes, porque sus picaduras representaban un peligro especial para las mujeres de la prehistoria, cuyos hijos morían o tenían una vida muy difícil sin su madre. Los hombres en cambio tenían afrontar los riesgos para encontrar comida.

Estudios anteriores en adultos y niños arrojan que el 5,5 por ciento teme a las serpientes y el 3,5 a las arañas.

Yo soy un macho que derrama testosterona por todas partes (bueno, eso tenía que decirlo, aunque no tenga nada que ver con este post).

En fin, después de un mes que Kiki cambió de exoesqueleto (he documentado su proceso y lo puedes ver AQUI), finalmente ha tenido una cena decente: Un pinky (cría de ratón). Esto equivale para un humano como yo, a una cena como la que propongo: Un Pannette a la Sorrentinna (Pannette en salsa de jitomate con queso) Scallopine al limone (Escalopa de ternera flameada en salsa de limón) acompañado de un Bianchi Borgoña (es mi vino favorito, y espero que no me odien por mi fineza).

Señores, les dejo el video que he hecho, y una serie de fotografías…

 

VER GALERÍA COMPLETA AQUÍ

 

 

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