MAMACITA CHINGONA: JOAQUÍN SABINA

No haré una reseña del concierto porque ya la prensa se encargó de hacerlo desde el primer concierto. Sino que voy a describir los colores que sentí.

Si bien debo reconocer que fui, desde siempre, un bohemio precoz, quizá por la amistad que tenía ya con arquitectos trasnochados cuando yo apenas era un jovenzuelo inocente que apenas sabía que el pene únicamente servía para hacer pipí. A veces acompañaba a mi padre a alguna oficina, mientras los arquitectos se desvelaban haciendo algunas propuestas, presupuestos, dibujaban, etc. Y yo estaba pendiente apenas de la hora en la que llegaría la pizza, y jugaba con el fax (que para mí era un instrumento de magia, porque ¿Como podía ser posible que metieras un papel y saliera del otro lado, en otro lugar, como copia fotostática?). Entonces nunca faltaba alguno que escuchara a Joaquín Sabina.

Alguna vez me metí a un bar, a mis escasos 17 años, en donde una mujer bailó y se desnudó. Yo tenía la quijada desencajada. No podía concebir que esa mujer tuviera las medidas perfectas. Y todos los viejos panzones y arrugados le mandaba copas, flores. Yo recuerdo que me limité a escribir en un papelito: “Eres la diosa de toda mi idolatría”. Se lo di al mesero. Seguramente todos se morían de la ternura, al verme ahí, desgarbado, asustado, tomando mi primera cerveza en una noche que había decidido hacerme “hombre de mundo”. Cuando ella estuvo bailando, me miraba y sonreía contoneando su cuerpo, mostrando sus pechos y sacudiendo su cadera de forma casi sexual. No hubo más shows. Ella era la estrella de la noche. Salió, y todos los caballeros (vulgares hombres casados que en un acto de magia se habían quitado sus argollas que delataban su estado civil) se ponían de pie ansiosos de que esa musa que-era-toda-caderas, se sentara en su mesa.

Ella traía la servilleta en donde yo había escrito mi peculiar epígrafe. Se me acercó y me dijo a quemarropa: “¿Tú escribiste esto para mi, nene?” Yo como ya era un “hombre de mundo”, apenas asentí, pero creo que me temblaba todo el cuerpo. Entonces se sentó en la mesa, y dijo: “Nadie me había escrito algo tan intenso”. Yo en esos momentos ya había leído gran parte de los libros de Mario Benedetti. Sabía muy claro, “que la poesía consigue cosas, y mujeres”. Mi característica que ha asombrado a científicos y psicoanalistas, es que poseo una memoria casi fotográfica. Había memorizado muchos de los poemas de Mario Benedetti. Sin embargo no hice uso de ese “armamento” sino que me quedé mudo. Ella me preguntó claramente mi edad, pegando sus carnosos labios a mi oído. Yo dije que tenía veintiuno. “A mí me puedes decir la verdad” dijo. Entonces yo dije “quince”, sencillamente para ponerle dramatismo al asunto. Entonces se levantó y me dijo: “No gastes tu dinero aquí´, espérame afuera, en diez minutos salgo. Así que “Solté al barman mil de propina” (mentira, pero sí di como un dólar, hahaha) “apuré la cerveza de un sorbo” y salí.

Todos los hombrecillos me miraban con rencor, porque cómo era posible que un chico que apenas tuviera el dibujo del bigote, se hubiera llevado a tremenda hembra del lugar. El mesero me vio con cierto respeto, que lo perdió justo cuando vio la propina que había dejado. Cuando ella salió me besó, largamente me besó. Yo no sabía ni por donde tomarla. Así que ella guió mis manos a su cintura, y me acarició el pecho (que les recuerdo, aún no tenía un maldito vello). “¿A dónde vas a llevarme?” me preguntó. Le dije que la llevaría hasta su casa, y después me iría, porque al otro día tenía que ir a la escuela. Subimos al taxi y ella comenzó, literalmente a devorarme. Llegamos a su casa, y me dijo: “Pasa, que no muerdo”. El taxista me veía con respeto, admiración, y envidia. Antes de entrar le dije: “Quiero que seas mi novia”. Ella seguramente se cagó de la risa mil veces por dentro, pero me miró con ternura. Le pregunté si quería ir a tomar un helado al día siguiente, etcétera. Ella me dijo que sí. “¿De verdad crees que puedes ser el novio de una chica como yo?”. Yo estaba asustado. No sabía qué pasaría en su casa. Ella se echó en un sillón, y me dijo: “acércate, que quiero sentirte”. Y me violó, así como lo oyen, me violó y no una vez, sino más de tres veces (y no porque yo fuera un exquisito bombón, sino que dada mi edad y mi inexperiencia, padecía ese mal que aqueja a los hombrecillos adolescentes: eyaculación precoz).

¿Debo decir más al respecto? No. La vi un par de ocasiones más. Yo me estaba enamorando, y decidí alejarme, porque aunque ella aseguraba que tenía veinticinco años, ahora sé que por lo menos tenía una treintena. Pero el problema no era ese. Sino que ella era realmente una gran máquina de follar. Sin duda. Además que era diez centímetros más alta que yo, trigueña de piel aceitunada, pechos operados, labios carnosos, ojos profundos, cabello teñido, seguramente ya se había acostado con todos esos viejos panzones, porque tener un BMW en la puerta, mientras yo me movía apenas a duras penas en un Volkswagen que se me descomponía a cada media hora, no era obra de la casualidad. Ella me pidió que la presentara a mis padres. ¿Se estaba enamorando? Decidí alejarme porque comencé a sentir celos por su profesión. Pero confieso que regresé un par de ocasiones “a brindar con su silla vacía”. ¿Qué me quedó de todo esto? Quedar enganchado con Joaquín Sabina. ¿Porqué titulé el post de esa forma? Porque cuando cantó Marita (Mara Barros, la dueña de esas piernas que están en la fotografía) Joaquín Sabina dijo con su gesto desenfadado e irreverente: Mamacita Chingona.

¿Y los colores que sentí en pleno concierto? Nada, solamente eran los colores de la melancolía…

Larga vida al señorón Joaquín Sabina. ¿Viste lo que me haces escribir grandísimo cabrón?

 

Set List:

Tiramisú De Limón
Viudita De Clicquot
Ganas De
Medias Negras (con Poema-Intro dedicado a México)
Aves De Paso
Peor Para El Sol
Por El Boulevar De Los Sueños Rotos
Llueve Sobremojado (con Jaime Asúa)
Esta Boca Es Mía (Panchito Varona)
Amor Se Llama El Juego (Gª de Diego)
Como Un Dolor De Muelas (Mara Barros)
Y Sin Embargo Te Quiero (intro Barros)
Y Sin Embargo
Cristales De Bohemia (Intro)
Cristales De Bohemia
Una Canción Para La Magdalena
Peces De Ciudad
Cerrado Por Derribo
Embustera
Calle Melancolia
19 Días Y 500 Noches
Princesa
Vinagre Y Rosas
Noches De Boda/Y Nos Dieron Las Diez
Contigo
La Del Pirata Cojo
Pastillas Para No Soñar
Crisis

 

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