LOS HUMANOS PODEMOS, AL FIN, JUGAR A SER DIOS

Me fascina la idea de poder inventar, crear, avanzar, conquistar, resolver, razonar, comprobar, y explicar. Es decir, los caracterízticas fundamentales que tiene el ser humano, y que seguramente (o debieran) diferenciar al hombre sobre las demás bestias que existen sobre nuestro planeta. Lo bizarro que encuentro en todo esto, es que preocupa muchas veces más, si Ricky Martin se declara gay (cosa que ya sabíamos desde siempre) o que si Shakira no acepta tener los senos pequeños y requiere terapia. En la medida que el hombre se va divorciando de los ideales, cae en un completo absurdo.

La relflexión que Carl Sagan  hace (y que de ahí nace su libro “The Pale Blue Dot”) frente a esta fotografía de la Tierra tomada por la sonda espacila Voyager 1 a 6.000 millones de kilómetros mostrando a la Tierra como un pixel de luz azul apenas perceptible por el fulgor del Sol (Fotografía tomada el 14 de Febrero de 1990), Carl Sagan apunta: “(…) La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida (…)” Y finaliza: (…) Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.”

¿A qué viene todo esto? ¿Qué sopresa nos tiene preparado este joven de ojos tristes? Bien, entremos en materia. Anoche seguí la cámara que tuvo a bien abrir a la comunidad mundial la CERN, respecto al experimento de coalición, aceleración de partícular, recreación del Big Bang, y la búsqueda de evidencias de un eslabón perdido conocido en la teoría como ‘el bosón de Higgs’, comúnmente llamado la ‘partícula de Dios’ y cuya existencia fue teorizada por los científicos Peter Higgs, François Englet y Robert Brout hacer cuatro décadas.

Pero ¿Qué es la CERN?

La Organización Europea para la Investigación Nuclear (nombre oficial), comunmente conocida por la sigla CERN (sigla provisional utilizada en 1952, que respondía al nombre en francés Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire, es decir, Consejo Europeo para la Investigación Nuclear), es el mayor laboratorio de investigación en física de partículas a nivel mundial.

Está situado en la frontera entre Francia y Suiza, entre la comuna de Meyrin (en el Cantón de Ginebra) y la comuna de Saint-Genis-Pouilly (en el departamento de Ain).

Como una instalación internacional, el CERN no está oficialmente ni bajo jurisdicción suiza ni francesa. Los estados miembros contribuyen anualmente 1.000 millones CHF (aproximadamente € 664 millones, US$ 1.000 millones).

El experimento

En este avanzadísimo ingenio que opera en Suiza, a cien metros bajo tierra, se registró el choque de partículas a velocidades jamás alcanzadas. Por primera vez la tecnología humana era capaz de recrear la energía primigenia que dio lugar al universo, el ‘Big Bang’, la explosión cósmica de un inefable poderío que originó todo y que se pudo reproducir a escala en el mayor colisionador atómico del mundo. Los científicos del Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN) conseguían, por fin, ayer desencadenar choques de protones de alta energía la súper-velocidad de 7 Teraelectrovoltios (TeV), un choque generador de una energía récord que recreaban las condiciones que siguieron a aquel estallido universal de hace casi 14 millones de años y que supone a su vez el inicio de un esperanzador camino para desvelar los grandes enigmas del cosmos.

Los físicos y técnicos responsables del super-acelerador de partículas tienen la «certeza» de que repetirán esta hazaña «con éxito varias veces a lo largo de la semana que viene y durante este año». Así lo cree James Gilles, quien comparó el experimento con el lanzamiento de dos agujas desde lados diferentes del Atlántico, esperando que chocaran. El LHC aún no ha desplegado todo su potencial. Está diseñado para producir choques a una velocidad de 14 TeV, lo que supone alcanzar el 99,99% de la velocidad de la luz, un hito que podría ser una realidad en 2012.Científicos de todo el mundo procesan y analizan ya los datos de la espectacular colisión en una gigantesca red de ordenadores. Buscan evidencias de un eslabón perdido, vamos, de la ‘partícula de Dios’.

Esta partícula sería crucial para explicar la masa de las partículas elementales y por qué sus masas son tan diferentes entre sí. Los físicos sueñan con que los experimentos del LHC permitan esclarecer la composición de la «materia oscura» y la «energía oscura», elementos invisibles que podría explicar un 96% del cosmos. «En este tipo de física, lo importante de la observación de nuevos fenómenos es recoger estadísticas. Nos dará una idea de cómo fuimos creados».

Quizá hemos olvidado que estamos destinados a la extinción. Un día, sabemos que el Sol colapsará, y con ello, colapsará nuestro planeta, tal y como lo conocemos. O las manchas solares (como ya es sabido por muchos) variarán de forma considerable, afectando sin duda, a nuestro planeta. Ya ha habido extinsiones, colapsos, y destrucción en la Tierra. El univeso es cíclico. La existencia también. La vida (que no ha podido ser explicada) es circunstancial. Es decir, no somos eternos. Pero el hombre ha olvidado eso. La población mundial está dolida. La miseria no es natural. Es un invento del hombre. Y como tal, puede ser erradicada. Podremos explicar, con un 96% de exactitud nuestro orígen. Pero jamás podremos explicar, porque nos hemos matado los unos con los otros. Jamas podremos explicarle a un niño de Argelia, del Congo, de Sudáfrica, porque no tuvo la misma suerte que un niño obeso y grotesco hijo de un político norteamericano. Jamás podremos explicar la vida, sino sabemos vivirla. Jamás podremos explicar qué hicimos todo este tiempo, mientras duró la raza humana.


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