CUENTITO: MAGDALENA Y EL JOVEN PINTOR

El joven pintor abrió los ojos y descubrió que Magdalena aún bebía postrada sobre el sillón. La silueta bajo la lámpara se desvanecía entre los zurcos de humo que desaparecían en el techo raso. El fuerte olor a marihuana invadía la habitación. El laberinto se abría paso por el delirio de Magdalena. Magdalena no creía en el amor, y tampoco tenía tetas, sólo tenía una agradable sonrisa, y además no cobraba caro. El joven pintor no tenía talento. Pero era un buen cliente.


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