HUÍDA

No es real tu sombra que aparece en mi recuerdo carnal. Tampoco esas huellas dactilares que estrangulan mi cuello. No debo aceptar tu orden natural. Tu condición de mujer que copula con las nubes me entristece. Debo estirar la lengua para tocar tu vientre. Y en esta osadía prefiero huir, por las venas de una carretera que serpentea hacia el abismo, en donde hay una mujer clandestina que muestra sus pechos como una dama patricia de la antigua Roma. Un conductor detiene su humanidad vertiginosa justo en donde la mujer mueve los glúteos. Le muestra su cosa ordenando que la meta a su boca. Ella acepta el pago, y engulle, con gusto pero sin pasión. Los ojos son de vidrio, y en la escalinata del palacio de humo, yace un perro transparente con el hocico rabioso. Yo continúo mi viaje, avanzo por las venas de la carretera. Intento olvidarte. ¡Puta Madre! ¡Pero cuanto de amaba! 


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