DE REGRESO A LOS SUEÑOS

Abrí la botella de vino y Porfirio parecía como estar en estado de sitio. Angela se movía graciosamente alrededor nuestro con las copas en la mano. Yo pensaba que afuera todo sucedía, desde el ventanal se veían los fuegos artificiales en diferentes puntos de la ciudad. Bebí un sorbo. Porfirio hablaba del trabajo. Yo sé que además de todo, Porfirio y Angela son mis amigos. Afuera la noche crecía con su oscuridad absoluta. Yo tenía sueño, pero sonreía como un demonio. El aire incrustaba piezas de polvo en los cristales. Hablábamos de todo. De Paris, de los largos pasillos de los aeropuertos, de la crisis ecónomia, de la vida. La sensación de su terraza es como si estuviéramos volando. Las luces de la ciudad titilan con la atmósfera a lo lejos. La altura me produce vértigo, pero también un bienestar casi inexplicable. Porfirio bostezó, y yo contuve mi bostezo. La emoción de trabajar juntos me produce paz. El año argumenta nuevas esperanzas. O nuevos sueños. Todos mis empleos los he conseguido de manera muy poco ortodoxas. Siempre con la copa en la mano, y charlando de sueños y proyectos de arte. No tenía mucho que explicar, Porfirio es mi coleccionista de arte desde hace más de cinco años. Angela, su mujer, tiene una estética perfecta. Y una sonrisa que cautiva. Quizá por la diferencia de edades que tenemos, de alguna manera con ellos me siento como a salvo. Porfirio raya en los sesenta años, y Angela en los 50. Porfirio parece de sesenta años, pero Angela pareciera de 38. Yo comienzo a sentir los estragos del vino. Estamos a media luz. La música es apenas perceptible, pero no podría haber velada sin ella. La madrugada cae como placa de acero. Me despido. Ellos sonríen. Cuando salgo a la calle el viento de madrugada me recuerda que hace frío. Subo a mi auto y pienso en Punta del Este, qué es donde quisiera estar. Una patrulla se me acerca y el policía me sonríe. Todo parece perfecto. Júpiter brilla en lo alto como una estrella más, apenas perceptible. La luna apenas se vislumbra. Si dios fuera rayo o nube, lo atraparía en un parpadeo, y no lo dejaría salir de mi mirada. Lo haría mi cómplice, y mi copiloto. Pero apenas puedo tener los ojos abiertos. Las estrellas me van guiando de regreso a mis sueños, de donde nunca debí salir.

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