DEL SUEÑO AL MUNDO

Mientras camino tengo la sensación de ir tomado de la mano de un delfín. No es la primera vez que sucede, y casi adivino que no será la última. Es como meterme a la cama y dormir con peces o langostas. O hablar con tenedores. El problema radica cuando uno intenta salir del cuento. En mis cuentos siempre sucede lo absurdo. Como cuando Simona (la de mi novela) hace el amor cerrando los ojos mientras se le escapan mariposas por la boca, o se hinca a orinar piedras. O Kleskurichvog, que toca el saxofón de su imaginación, y deja morir a un pato de hule en la bañera. También sucede que a veces un cíclope de dos ojos camina frente al Mar de Plata, u otro que es cíclope miope, y llora porque no han inventado los anteojos para cíclope. Pero de pronto debo dejar de escribir la novela y salir al mundo real. Ese en donde ya no haces el amor, y no te hincas a orinar piedras, sino sangre de las patadas que recibiste por tus secuestradores. El mundo en donde tu imaginación se ve reducida a las preocupaciones, porque a un hijo de puta se le ocurrió que debes pagar más impuestos. O peor aún, cuando no eres cíclope, pero te sacan un ojo, o te cortan un dedo o una oreja, para avisar a tus familiares que si no pagan el rescate, no te dejarán morir como un pato de hule en la bañera, sino de dos balazos a quemarropa en medio de las cejas.

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