CUMPLEAÑOS

Mientras enciendo el iPod en el auto, los postes en la calle lloran la luz de la luna que no aparece por ninguna latitud. Los fotones se van incrustando en mis pupilas mientras manejo. Tengo la sensación de un déjà vu. Esto ya lo viví mañana, me repito como para no perder la lucidez. El espejo retrovisor me pregunta tres veces si ya he nacido. Yo le contesto tres veces que sí. Escucho el motor de una avioneta que maniobra a 3 mil pies sobre mi cabeza. No es dios, estoy seguro de ello, y por alguna extraña razón sé que dios no viaja en avioneta. Le doy la última exhalada al cigarro que encendí minutos atrás. El frío me recuerda que sí existo, que estoy vivo. O por lo menos eso me hace creer. La ciudad parece fresca, renovada, limpia. Yo tengo sensaciones múltiples. No le doy permiso a la nostalgia que me venza esta noche. ¿O sí? No se trata de estar solo o no. Sino de retratar a la soledad y dejarla muerta en el placard. El otoño parece un invierno sideral. Tiene olor a estrella agonizante. Sin embargo las tonalidades de verdes y amarillos ocres que van cayendo por el suelo, como antifaces de árbol, o lágrimas de mamut, le dan cierta tibieza al helado viento que se incrusta en mi piel. Ya es mi cumpleaños. Simona va dormida y es más de media noche. Suena el Concierto No. 3 de Brandeburgo. No tengo sueño y estoy ansioso. Una patrulla avanza sin luces tras de mí. Lo sé cuando encienden la torreta y me indican que me pare. Uno de los policías baja mientras yo lo estudio por el espejo lateral. Cuando dijo que le mostrara mis papeles me di cuenta que le faltaba un diente. Después de sus fallidos intentos de extorsión y los ladridos de Simona, el policía regresa a su patrulla mientras la noche le inyecta de frío los pulmones.

Quiero llegar a casa y ser testigo de la muerte de los relojes despertadores. No quiero dejar que la mañana caiga como filo de guillotina sobre mis sueños. Mi cumpleaños no se resiste al demoledor paso de la ternura del recuerdo de mi madre haciéndome un pastel. Hay una parte de mí que se niega a crecer. Quiero que la noche plutónica salude a ese niño que fui y que no soy más. Y que le diga que lo extraño…

One Response

  1. Gracias pequebu…

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