NOCHE DE BRUJAS

Hay luna llena, me di cuento de ello cuando las nubes testificaban con hilos de plata su presencia. Sé que arriba de mi ser hay millones de asteroides amenazando la vida, tal y como la concebimos. La calle estaba atestada por hordas de niño y adultos disfrazados al puro estilo halloween yankee. Descubro que la temperatura ha descendido considerablemente, porque mi nariz está roja y helada.

Me encabrona que haya tanta pobreza en mi amada América Latina. La pobreza no es natural. Es otro invento del hombre. Eso me enferma. Estamos hechos de la misma materia. Somos el mismo saco de vísceras, con diferentes envolturas. No soy superior al indígena que me sonrió esta mañana, cuando le di la mano porque me contó la historia de sus amados muertos. Ni tampoco es superior ese hijo de puta que casi atropella a los niños que pedían una moneda en el semáforo.

Somos los hombres de maíz. Aún tenemos la esperanza, de cómo cuando se nació el mundo, que la pelea que no se llueve para aliviar a la tierra es inútil. La tierra está dolida. La noche avanza proporcionalmente a mi desvelo. Saco un cigarro para hacer más llevadero el frío que comienza a calarme los huesos. La señora que abraza al nene en la mitad de la noche, no está pidiendo un dulce. Ella pide una oportunidad. Aquel niño que avanza con su calabaza de plástico, está intentando soñar. Preservar sus sueños aún y pese a su entorno. En México es día de muertos. Hay muchos cadáveres que deambulan por las calles de la ciudad. Muchos muertos en vida.

Me enferma como la señora que mueve las nalgas y me coquetea, hace unos minutos le ha gritado a su sirvienta que no sirve para nada. Los políticos se siguen enriqueciendo en la medida que empobrecen a sus pueblos. Hemos perdido la sensibilidad del dolor ajeno. Hemos perdido la calma, y las buenas costumbres. No quiero traicionar mis sueños de niño. Aún no me arrepiento de seguir haciendo dibujitos, o de vivir en la manera en que vivo. Me duele mi gente, mi sangre, mi pueblo. Me duele tanto en lo que nos hemos convertido. Somos incapaces de ayudarnos, de extender las esperanzas. Estamos destinados al fracaso.

Si Dios se disfrazara de alivio y aliviara al doliente y dolido dolor de la tierra, yo le daría todos mis dulces.


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