SALIR DEL PASO

Ayer llovía. Me di cuenta que caían las primeras gotas cuando salí de casa. Mi coche se había averiado, así que tenía que recogerlo. El mecánico es un tipo que siempre intenta hacerse el simpático. Yo lo escucho con la paciencia de un monasterio. A veces sonrío a destiempo. Como cuando me dijo que su madre había muerto. Yo estaba pensando en que las primeras gotas de lluvia se aceleraban vertiginosamente, y que la llovizna en cualquier momento se convertiría en aguacero. Entonces lo volteé a ver y sonreí. Después lo miré de reojo. Él sé quedó estático.

— Somos pocos, pero locos —le dije.

Creí que había contado cualquier cosa y yo dije cualquier idiotez. Después torpemente quise arreglar la situación. Pero ya era tarde. Vi que me miraba con resentimiento. Sin embargo tengo una habilidad para hacer sonreír a la gente, para reparar el mal. Le dije que era mejor hablar de otras cosas antes que ponernos a llorar. Que nunca tengo una palabra puntual para un deceso, pero que mi corazón estaba con él. Salí del paso.

Entonces suena mi teléfono. Escogí como ringtone algo de David Alvarado. Tengo dos opciones, bailar la canción o contestar. Contesto. Si me pongo a bailar, mi mecánico se podría pensar cualquier cosa. La lluvia cae insistentemente. Pienso que si mi auto no se hubiera averiado, no me hubiera enterado de la muerte de esta señora desconocida. Pero la lluvia comienza a hacer estragos en mi ropa. Tengo frío. Regreso a casa y mi teléfono vuelve a sonar. Esta vez bailo, el mecánico se ha quedado atrás.

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