JUEVES FILOSÓFICO: MIENTRAS ATRAVIESO LA CIUDAD.

Eran las dos de la madrugada, y yo cruzaba la ciudad. El frío había menguado un poco su poderío. Yo había bajado la ventanilla para encender un cigarrillo. La ciudad respiraba, sí, pero existía una quietud que para los habitantes de la ciudad de México, resulta irreal. Claro que no faltó en el cruce de Insurgentes y Viaducto, las mariposillas nocturnas ataviadas con su excesivo rouge, las piernas desnudas, y la lencería enmarcando los genitales con los que trabajan estas mujeres y prometen placeres efímeros y prohibidos. Siempre veo alguna patrulla rondándolas, seguramente extorsionando o buscando algún favor sexual. El semáforo por alguna extraña razón duraba más de lo que debiera durar. Siempre se detiene algún auto de buen nivel económico, con un tipo panzón, calvo, cuarentón, encendiendo sus luces intermitentes, para negociar la cópula. La cara de casado hacía evidente su mierdaencefalia de este tipo. No quiero pensar que después llega a su casa, su mujer en cama, y él después de su faena sexual, se duerme, argumentando que la junta que tuvo con estos clientes que llegaron del extranjero, lo ha dejado muerto.

Sin duda el tema de la prostitución es tan polémico, como necesario. A través de la historia, el oficio que comúnmente conocemos como el más antiguo, ha sido parte fundamental del desarrollo de las sociedades. No estoy ni a favor ni en contra. Pero debo reconocer que la gente cuando está manejando, o transportándose a sus lugares de trabajo, llevan una cara de “mal cogidos” terrible. “El hombre de hoy, tan evolucionadito que se cree, no ha asumido total y naturalmente su sexualidad, como dios manda, la mayoría de los problemas que tenemos, se deben a que vivimos en un mundo de mal cogidos, militares mal cogidos, políticos mal cogidos, al pueblo se lo cogen, pero él mismo es incapaz de instrumentar respuesta, frente a esa violencia sexual que supone la explotación”. (Guión de la película El Lado Oscuro del Corazón, de Eliseo Subiela).

Es tan patético encontrarme a gente así todo el tiempo. Pero esto pasa, siempre pasa, y no dejará de pasar. La ciudad entreteje historias tan viles, tan llenas de tristeza y soledad, que me angustia. Siempre que miro por la ventanilla de un avión, el hombre, allá abajo, parecen tan indefensos, tan absurdos. Somos animales territoriales. Ambiciosos y testarudos. Absurdos.

Peleamos por unas cuántas monedas. Reñimos porque ya no tenemos en qué creer, en que fundamentar nuestras esperanzas y proyectos de vida. Es tan fácil reír, mojarte bajo la lluvia, escuchar buena música, hacer el amor. Pero somos seres tan complejos, que nos creemos eternos. Y el tiempo cobra su factura cada mañana, Un día despiertas y ya no eres el mismo. Y todo queda atrás. No te llevas nada, el sentimiento de posesión está tan distorsionado. Los objetos que poseemos, son objetos que tenemos qué defender. El objeto en sí nos posee. Vivimos preocupados por el auto, por la casa, por la moda. Evitando que nos sean arrebatados. Evitando que cualquier hijo de puta pretenda robar las cosas que nos producen tranquilidad.

Yo sigo manejando de regreso a casa, mientras pienso en todo esto. Pensando que lo único que nos rescata y nos aleja considerablemente de lo vulgar es el arte. Porque si piensas bien un poco en lo que digo, te darás cuenta que vivimos preparándonos para ser mejores que el de al lado. Vivimos preparándonos para tener mejor poder adquisitivo. Y esta sociedad ha olvidado lo que la fraternidad significa. Olvidamos que somos seres sociales, eso tan básico, y que nos necesitamos unos a otros. Tan sencillo como diseñar un plan económico diferente, y en lugar de escuchar a tanto hijo de puta hablando que ahora el nuevo impuesto es para las comunicaciones, para hacer el amor, por respirar. Es tan estúpido pagar por tener un servico que ya de por sí pagas. Es tan absurdo. Para reactivar las economías, deberíamos copiar modelos de otros países. Bajar los impuestos, para que la gente tenga dinero para gastar, y gastando reactivar la economía. Y no pretender que el gobierno tenga dinero mientras el pueblo se caga de hambre. Pero los borregos hacen lo que el pastor dicta. Somos (como sociedad) fuerzas brutas que mueven los audaces.

Por eso creo que el artista debe vivir donde el arte se ha movido, con la esperanza de ser subversivo, porque sino es solo laborterapia, permitida dentro de un manicomio.

Y claro, si me preguntan a quien quiero orinarle la cara, la respuesta es muy obvia…

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