DE CUANDO ME ROMPO UN DIENTE

¿Existe sonido más torturador que el del taladro de un dentista? No lo sé caballeros, quizá lo más parecido sería escuchar a Thalia cantando al estilo de Marilyn Monroe el “Happy Birhtday Mr. President” a Obama. Y es que señores, el sonido del torno es algo tan torturante que en lo personal, prefiero encontrarme en una playa nudista a Elba Esther Gordillo bailando al ritmo de una samba. Bueno, no, creo que exageré, retiro lo dicho, mejor me quedo con la primera opción: dejar que el dentista introduzca sus perversas manos en mi angelical boca, mientras arrastra su torno por todos mis dientes y sonríe bajo su tapabocas, feliz de hacerme ver mi suerte mientras me retuerzo de dolor y mis oídos sangran por tan peculiar sonido.

Astronautas, aclaro que evito generalmente lugares que afecten mi, ya tan escasa, salud mental. Y cuando voy al dentista, lo más que puedo hacer, es soltar un par de bromas para parecer simpático, y así, en un intento que generalmente es infructuoso, “suavizar” la tarea que parecen disfrutar los dentistas… Hacerme doler hasta el prepucio de cuando me curan la boca.

Para los que son asiduos lectores a este blog, sabrán que soy un imán de las cosas bizarras y de las tragedias. No he conocido a ser más desgraciado que yo. Soy el tipo que seguramente atraerá un rayo caminando por la campiña, o si un pájaro decide dejar caer sus heces, ten la seguridad que en ese momento estaré bostezando, y aterrizará el producto fecal del ave en cuestión en mi boca. Así es señores, a mi me puede suceder cualquier cosa. Y he aprendido a vivir con eso.

Y el día de ayer, no fue para menos. En un resbalón de lo más estúpido, fui a impactar mi boca al lavamanos, y me fracturé un diente. Me dolió hasta el ano (lo digo son la seriedad que implican estos hechos). Y con dolor anal, fui a visitar al dentista. Mi diente se partió en tres partes. Así que mi sonrisa no era lo más estético que podías encontrar por la calle. Pude haber sonreído a un niño para traumarlo de por vida (cosa que no hice, y aún sigo sin entender porqué). Me limité a quedarme quieto, con la boca apretada, pensando que debería de estar en una playa nudista viendo bailar a la maestra Gordillo, o en todo caso, encontrarme a Felipe Calderón en mi mesa, con una tanga de peluche y estampado de leopardo, cantando el Himno Nacional al ritmo de Pasito Duranguense.

Si bien el dicho que dicta “al que madruga dios lo ayuda” en mi caso funciona de una manera inversa. Me había levantado a las cinco menos quince de la mañana. Por alguna cuestión que no logro comprender, ya no me fue posible conciliar el sueño, así que decidí levantarme, y comenzar mi día sin contratiempos. “Si tuviera una cita esta mañana, sería el primero en llegar.” pensaba. Poro no fue así. Después de cuatro días sin afeitarme, decidí sacarme el vello de la cara después de haberme duchado. Simona pudo haberse carcajeado, lo sé, sus ojos me miraban como diciendo: “Te estás haciendo viejo, flaco” o “Mira hasta donde has caído”.

Así que con la boca deshecha, y mi traumatismo dental, acudí al dentista. La recepcionista parecía un toro. Una mujer que compensaba su baja estatura, con una “carrocería” de tractor o camión de volteo. Pienso que si la señora alcanzaba 1,60 mts de altura, su volúmen traducido a kilogramos, podía igualar, sin problemas, al de un elefante. Y además usaba “casquete corto”. Y tenía una cara de pocos amigos. Si se me hubiera dejado venir como jugador de la NFL, no estaría escribiendo en este blog; sino que estaría siendo velado tristemente bajo el cobijo de mis seres queridos. El dentista en cambio, es un hombre esbelto, con calvicie, y sus brazos peludos me hacían pensar que el cabello que alguna vez tuvo en la cabeza, se le había trasmutado a los brazos. Me tomó rayos X, me reconstruyó el diente, y después me cobró. Cuando me cobró sentí claramente como los testículos se me inflaman proporcionalmente al precio que él había estipulado. ¿Tengo que pagarte grandísimo pedazo de salame después de que me torturaste? Obviamente no externé mi pensamiento, porque con un puñetazo me hubiera fracturado todos los dientes de un solo acto; o de una orden que él hubiera dado, la mujer toro me hubiera hecho una estocada y yo habría muerto en el acto, con todos los dientes y huesos rotos.

Así que hoy, mientras escribo este post, he decidido hacerme una intervención quirúrgica. Mientras a Alejandra Guzmán le amputan los glúteos, yo me haré poner bolsas de aire en la boca. Esto seguramente amortiguará la caída, y no me romperé más los dientes.

Queridos lectores y dentistas del mundo, me despido alegremente con mi sonrisa ya completa, que tengo que llamar al cirujano para preguntar las posibilidades, y después a mi terapeuta, porque después de imaginar a Elba Esther Gordillo moviendo las caderas al estilo Shakira, o a Felipe Calderón en tanga de leopardo, reconozco que necesito ayuda psicológica, más que un dentista después de una  fractura dental.

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