INVITACIÓN A DESAYUNAR

Me despierto. Los ojos no los puedo abrir. Tengo sueño y es domingo. Generalmente, a diferencia de muchos, los domingos es el día de la semana que más actividad tengo (fuera del trabajo). El teléfono suena y suena insistentemente. Contesto. Una invitación a desayunar. Me niego. Vuelve a sonar. Otra invitación a desayunar. Increíblemente recibo doce invitaciones a desayunar. Pienso que debería repartir esas invitaciones por el mes, y tendría una quincena de desyunos gratis. Pero el mundo no es tan fácil. Me resisto a entrar a la ducha. Me resisto pero me preparo mentalmente. La cafetara está a punto. El agua está lista para llenar el termo. El mate que hoy prepararé, es un Rosa Monte. Simona (mi pequeña cocker spaniel) mueve su cola. Yo pienso que el domingo debería ser un día descartado en el calendario. ¿Porqué? ¿A qué obece tanta lucidez?

Vamos, que muchas veces pienso que la ilumnación me ha llegado. Pero no en esta ocasión. No. Los domingos, como ya he hablado muchas veces anteriores, es un día familiar. Y si eres uno de esos petisos que viven solos, sobras en cualquier círculo. Niños gritando en cualquier restuarante. Oficinistas que se enfundad en pants deportivos, con estómagos que parecerían de una mujer con contracciones a punto de dar a luz. Los “Malls” o “Shopping Centers” abarrotados de gente que compra perfumes, ropa, y comida rápida. Los bullicios son como para salir de ahí con dolor de ano.

Pensar estar en alguna parte en domingo, puede terminar en vértigo. Y eso es lo que me crea mucha bronca. En México, los estacionamientos son carísimos. te cobran por ir a comprar. No lo puedo entender. Ahora también te cobran por usar el segundo piso del periférico. Te cobran por ir a un baño público (agradezco enormemente ser hombre y poder orinar parado, porque los baños públicos son un tema digno de un post completo).

En fin, todo esto me viene a la mente, cuando sé que terminaré desayunando mientras en la mesa de al lado, estará un payaso (mal maquillado) haciendo figuritas con globos para los niños que no dejan de gritar.

Y como soy un tipo decente, y aún cuando sea invitación a desayunar (ya casi es medio día y aún no me decido entrar a la ducha) tengo que poner la propina, pagar mi estacionamiento, la propina para el cuidacoches, pasar antes a la estación de servicio, y llegar con mi cara sonriente y mosqueada, disculpándome, como siempre, por llegar tarde…

PD. De culquier forma muchas gracias por sus invitaciones a desayunar. Fue una tarea difícil decidirme por una en particular, no soy omnipresente, eso únicamente le corresponde a Dios Todopoderoso, así que allá vamos, mesero con cara de ojete, sé que me servirás mi comida fría, o me dirás con aire de supremacía, “los desayunos se sirven únicamente hasta la una de la tarde”… ¡Juas!, es tardísimo, y la ducha que no deja de amanezarme con arrancarme mi adorada mugre…

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