¿LA ARQUITECTURA ENVEJECE?

Sí, envejece. Ayer que platicaba con una amiga, llegábamos a esa conclusión. Invariablemente la arquitectura envejece, pero no puede pasar de moda, porque después del vestir, nos enfrentamos “al espacio” como una primera necesidad. La humanidad necesita de un espacio para salvaguardarse, para su óptima “evolución”. Por ello el desarrollo constante para cubrir esas necesidades tan básicas como primitivas. Podemos abordar la arquitectura de diferentes formas. Nunca el arquitecto se hace millonario, no al menos desde el plano donde yo la abordo, que es el diseño. La arquitectura es un acto de pasión. Claro que si eres un desarrollador inmobiliario, o te inclinas por la industria de la construcción, descubrirás que eso sí genera mucha pasta. Pero el oficio del arquitecto trata, paradójicamente, de enfrentar al artista con una realidad, que muchas veces no es la más grata. Y no puedes tener un estilo propio(La arquitectura esta reprimida por la costumbre, los estilos son una mentira. Le Corbusier), ni definido, ya que cada proyecto es invariablemente diferente. Porque el lugar, las características del terreno, los clientes (que siempre son tan diferentes), y los presupuestos, tienden a ser determinantes en el desarrollo de tu concepto (“La arquitectura es una mezcla paradójica de poder e impotencia”. Rem Koolhaas). No inventamos nada, nunca. Sino que la creatividad del arquitecto radica en esa inventiva de combinar los pocos elementos, las pocas texturas, y los caprichos de la luz, de una manera infinita (Lograr el todo con lo mismo”. Lloyd Wright). Creo que esa es una de las bellezas fundamentales y apasionantes de la arquitectura. Lo más parecido a ejercer el oficio es como si estuvieras de vacaciones en Saturno, y te encontraras con una “saturnino” y te pidiera que le describieras el agua. Porque la arquitectura es como vender algo que no existe, que el cliente en cuestión necesita, pero que tampoco sabe como será. Creo que el talento no radica en cuan capaz puedes ser para resolver problemas. Sino en la capacidad que tienes para plantearte problemas.

Se dice que la arquitectura descansa en tres principios básicos: la Belleza, la Firmeza y la Utilidad. La arquitectura se puede definir, entonces, como un equilibrio entre estos tres elementos, sin que uno rebace al otro. No tendría sentido tratar de entender un trabajo de arquitectura sin aceptar estos tres principios fundamentales.

Según Mies Van Der Rohe deberíamos distinguir el núcleo de la verdad. Pues sólo las preguntas que se refieren a la esencia de las cosas tienen sentido. Las respuestas que encuentran su generación en torno a esta pregunta, son su aportación a la arquitectura. Una de las grandes verdades de la arquitectura radica en que jamás puede ser obra de uno sólo. Imposible. Por eso te puedes cagar de la risa cuando descubres a un intelectualoide mostrando un libro sin dar créditos a nadie. Porque eso sencillamente no es cierto. Cualquier arquitecto lo sabe. Ese es un problema de “wannabiísmo”. Es un acto vulgar, y cómico. La arquitectura involucra el trabajo de “muchos” para el desarrollo del concepto, o de la idea primera. Se requiere de muchas visiones, de muchos aportes.

“El arte en general, y naturalmente también la arquitectura, es un reflejo del estado espiritual del hombre en su tiempo.” Mathías Goeritz

Siempre tengo la sensación de que el ser arquitecto se asemeja a ser un ilusionista, o un vedendor de sueños. El hombre envejece, “antes no se morían los que se mueren ahora”. Y con el tiempo, te das cuenta que las obras quedan ahí, hablando de su tiempo, y de los hombres que habitaron esa época. Por lo tanto envejece. La arquitectura es la voluntad de la época traducida a espacio.

Por lo tanto, seguiremos diseñando atmósferas, objetos que generan espacio bajo la luz… Seguiremos dando batallas en este nuestro tiempo, retratando como fue nuestra época. Es emocionante para el artista tener esa sensación de estar participando directa e indirectamente en la historia. No importa que en ciudades como la ciudad de México, la riqueza esté en manos de unos cuántos. Porque el arquitecto puede intervenir, no de una manera determinante, pero sí participativa, en esa extraña labor de dignificar a la existencia humana…

“Hemos trabajado con la esperanza de que nuestra labor coopere en la gran tarea de dignificar la vida humana por los senderos de la belleza y contribuya a levantar un dique contra el oleaje de deshumanización y vulgaridad.” Luis Barragán.

M2ATK

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