DE CUANDO ESTOY DEPRIMIDO

Cuando eso sucede, prefiero estar solo, aislado del mundo, y disfrutar de las cosas sencillas de la vida.  Me deprime mucho no tener dinero. Y cuando no tengo dinero, suelo encerrarme en casa, nadar un poco en la piscina, sugerirle al mozo que lave mi Hummer y el BMW, pero que ponga especial cuidado en el Bugatti Veyron que me regalaron mis padres hace un par de semanas. Le digo a la servidumbre que trate de ser invisible ese día. Que el menor de los ruidos me llevaría a cometer homicidio. Ordeno un par de botellas Perrier Jouet en la terraza, y me siento a meditar, pensar que mis problemas económicos tienen que componerse pronto, que la crisis nos está matando. Levanto el auricular, para llamar al personal de cocina, y pido la presencia inmediata de mi chef. Le explico que quiero un poco de caviar, que vaya al estanque que tengo al fondo del jardín, y que tome cuidadosamente la hueva de los esturiones que mandé traer hace dos años de los mares asiáticos. Un poco de pan, y alguna tabla elaborada con queso Emmental, queso Brie y Camembert. Si me sugiere un queso Azul, o un Roquefort le doy una bofetada y le pregunto que si de casualidad es de Iztapalapa, por lo estúpido y naco, le recuerdo que el Roquefort, o los quesos azules, son prestos para un Vino Tinto suave, ligero y afrutado; y no para el Champagne que estoy tomando en ese momento.

Entonces miro la hora en mi reloj de bolsillo modelo Graves, que fabricó Patek Philippe en 1933 para mi bisabuelo, y que cuando murió él no me lo había heredado, sino que tuve que mandar matar a mi primo, para ser el heredero absoluto de ese reloj. Y entonces descubro que es la hora de sentarme un poco más comodamente en la silla que compré hace dos veranos en la casa de subastas Christie’s in London, y que fue hecha por el diseñador Marc Newson en el 1986, y es una réplica de una similar (pero no de aluminio) del siglo 18.

Entonces tomo la decisión y despido a alguien de mi personal doméstico. Sólo para ver la cara de angustia y desesperación que ponen. Eso siempre me reanima un poco. Porque el tema de no tener dinero siempre me deprime, es decir, lo sufiente para las cosas básicas: el club de golf, el mantenimiento del yate, y los sueldos de los 25 empleados que tengo en casa (son sólo 25, porque vivo solo, tener más personal ya sería un exceso).

Pero esta vez no cederé, no tristeza, no cabrona, ¡te atrapé! Dejaré de ir a Miami este fin de semana, para comenzar a moderar mis gastos, y no ser una víctima más de esta crisis internacional.

Salud y Bon Appetite, no quiero caer en estas depresiones por desesperación. Me parece que  por la tarde viajaré a las Bahamas, ya que es más barato que Miami, porque de verdad, no tengo dinero, y debo comenzar mi plan de economizar y reducir los gastos al mínimo (de mi personal, obviamente, no del mío…)

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