KIKI Y LOS PINKIES

Sé que en los útlimos días he tenido abandonado el blog, y es que por fin terminé un proyecto que me tenía secuestrado de tiempo completo. Y mientras me concentraba en trabajar a puerta cerrada, el mundo ha hecho de las suyas. Mi deber como superhéroe es poner las cosas en orden, como deber ser, lo típico, lo de siempre.

Sin embargo, mientras trabajaba y fumaba como estúpido, cebaba el mate como un charrúa, y comía como cualquier gringo culón; muchas historias se escribían alrededor mío. Fue un fin de semana maratónico, durmiendo un par de horas, y para los que se dedican a la arquitectura, sabrán que es muy jodido cuando una entrega está en puerta. Simona (mi perrita) estaba siempre a un lado mío, como esperando la orden: Simona, haz esos renders, Simona, dibuja un corte por fachada, Siomna, haz la maqueta… Pero no, Simona no es arquitecta, es una perra, y sólo me trae el diario, me roba las pantunflas y come como si de verdad los Mayas tuvieran razón en su profecía de que el mundo acabará en el 2012. Y Kiki (mi tarántula rosada) es una facha. No le importa un carajo nada, sólo se mueve de a poco, y espera que le ponga un insecto cerca, para degustarlo lentamente.

Hace una semana fui a Maskotas, esta tienda especializada en animales domésticos. Los empleados ya me conocen a la perfección, porque visito regularmente esta tienda, para comprar grillos o pinkies, para Kiki. En fin, la historia es que esta vez compré dos hermosos pinkies (crías de ratón blanco) para que Kiki tuviera un fin de semana fenomenal. Es como si yo me hubiera traído un servicio completo de Langosta en salsa de Vino Blanco, o en el peor de los casos, un Salmón sellado a la Pimienta, con un buen vino de sepa Riesling (que es de lo que últimamente he estado tomando, porque el vino alemán, además su accesible precio, es un vino aromático, suave, de fácil degustación). Vale, que si fuera de Iztapalapa, con una Coca Cola y unos tacos de tripa, estaría hecho. Pero no señores, no soy de Iztapalapa, y Kiki no es humana, así que sus pinkies prometían ser un gran manjar.

Preparé mi tripoide, mi cámara, un reflector, y puse los pinkies en el terrario de Kiki, dejando correr el video, para filmar a Kiki haciendo su masacre. Pero esta vez, Kiki no quizo hacerlo. No los comió (quizá lo que quería era una langosta, o un salmón).

KIKI Y PINKY

 Kiki se quedó estática, mientras los pinkies se retorcían y dormían, como dos angelitos. Pasaron las horas, la cámara grabó y grabó, hasta que la pila se descargó totalmente. A las 3 horas, descubrí que los pinkies habían tomado el nido de Kiki, y poco tiempo después, dormían plácidamente bajo el cobijo de ella.

PINKY TOMANDO EL NIDO

 

Así que se me pudrió el tema de hacer un documental de “Cómo una tarántula caza un ratón”… Y lo único que pude filmar, fue este ridículo video…

No cabe duda que Kiki es una buena persona, pero muy mala Tarántula. Ahora no dejo de pensar que dentro de poco, tendré que hacerle papillas y darle de comer en el hocico. Y es que todas las mascotas que me han acompañado a lo largo de mi vida, siempre han terminado gobernando. Me han tomado por esclavo, y sólo vivo para mantenerlos. Simona me exige largos paseos en auto (sino tuviera auto, seguramente ya me hubiera morido en la yugular) y Kiki, ya no quiere comer ratones ni grillos. La muy cabrona me está insinuando que le sirva caviar. Tan sólo de pensar en ello, mis testículos se me van hinchando progresivamente.

Simona, Kiki, tengan piedad de mi…

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