LAS UÑAS DE LOS PIES

Si algo detesto en la vida, es cortarme las uñas de los pies. Claro que ir con el pedicurista, puede ser de lo más traumante, como cuando voy con mi dentista. Son situaciones que detesto en realidad. Es algo con lo que no puedo, y aunque parezca  muy exagerado mi comentario, un día antes de asistir a mi cita (que ya he cambiado por más de 3 ocasiones argumentando cualquier mentirilla como que mi auto está averiado, o que fui requerido como superhéroe que soy, para salvaguardar la ley y el orden) padezco de insomnio.

Muchas veces he pensado en patearle la cara a la que está acomodando la toallita, con su cortauñas delgadito y su sonrisa bonachona. Toma con una delicadeza cada uno de mis pies, los masajea en una tinaja con agua y sales, y empieza… Yo, por alguna extraña razón, comienzo a pensar en los grandes asesinatos de la historia, comienzo a odiar en silencio a la persona que trabaja con mis uñas, comienzo a sentir un sudorcillo frío por la nuca, y las venas del cuello comienzan a inflamarse. Si ya de por sí, en situaciones normales, mi perturbada mente idea cosas absurdas, ahora bien, frente a la pedicurista, comienzo a sentirme como Jack el Destripador. 

Y siempre comienza con el clásico comentario: “Ya tenía mucho que no venía Joven Fotógrafo” (creo que para ella, el decir “Joven Fotógrafo” le da cierta paz a su tan absurdo trabajo, como decir: “Sí, estoy jodida, pero estos pies son de un artista, de un emperador, de un rey…” Si yo fuera Benedicto, la mandaría al infierno de una buena vez (suponiendo claro está, que el viejo ese tuviera el poder para hacerlo). Entonces empiezo a imaginar como sería si asestara mi pie derecho en su nariz respingona (gracias a una cirugía)… su cabello rubio (teñido, obviamente) se sacudiría, y caería de espaldas levantando las piernas (su minifalda se le iría al pecho, y yo me reiría como un loco… “Ay joven, usted conoce a mujeres muy bellas, ya me metí a su página, a mí me gustaría ser modelo” pero yo (como siempre lo hago) le diré: “Así es Martha, cualquier día de estos te hablo, para incluirte en el libro…” Entonces ella dirá: “Ay joven, usted siempre me dice eso, se me hace que me está tomando el pelo, nada más me hace ilusionarme toda”… y yo estaré cerrando un ojo, para medir bien la distancia que hay entre mi pie y su cara….

No es cierto Martha, ya sé que leerás este blog, pero como te prometí, iba a dedicarte un post… Y es éste… Por cierto… tenemos cita la semana entrante… ¿Verdad?

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