EL SEÑOR DEL AMOR

Con sus labios oscuros canta el señor del amor, eructa colores y moscas enamoradas, se balancea con los ojos cerrados y se llena todo con la sangre de muchos sueños rotos; los alaridos de la gente son sus alaridos en otras bocas. El señor del amor es un señor enamorante que llora abejas y espinas. Se levanta, canta los alaridos de todas las gargantas entre enjambres y colores. Eructa. Se incomoda, y tras los matorrales, orina tibiamente arcoíris. Se sacude la cabeza y se esparce mil estrellas. Con sus labios oscuros canta laberintos. Se talla los ojos, se dispersa a las nubes que se congregan en sus cejas. Cuando el señor del amor abre sus labios oscuros, muestra unos dientes impecables de lodo y cenizas. Sus ojos son dos bolas de fuego que calcinan todo lo mirable. En su mente no cabe mas idea que la de extender las alas y volar por los pantanos. Se mete un dedo a la nariz y saca una mariposa. Los murciélagos de su cerebro vuelan como espermas por las sábanas de sus recuerdos. El señor del amor se balancea con sus ojos cerrados mientras suda copiosamente espinas y flores podridas. Todos los alaridos de la gente, son los insomnios del señor del amor. Mientras se balancea, canta colores. Se rasca las orejas, y por sus oídos se escapan catarinas. Cuando el señor del amor está llorando abejas y espinas, cierra sus puños de donde nacen cientos de girasoles y estrellas que hacen el amor en una manta galáctica de lunas y colores que huelen a silencios. A veces el señor del amor se entristece de frío y calentura. Luego, el señor del amor, se levanta y se viste de dios, entonces es cuando se carcajea, llora de tanta risa metáforas y abejas. Después baila tomado de la mano con todos sus sueños. Se queda callado, mastica los sonidos de un piano antiguo que toca sinfonías de viento y de lluvia. Cuando el dolor de la tierra es dolido en el doliente y doloroso alarido del señor del amor, siempre se escapa una abeja llorada que incrusta el aguijón en la nariz boluda y roja del señor del amor. Entonces él aprieta sus labios oscuros, entrecierra los ojos y sus pestañas bajan como lenguas. Con ellas, lame lentamente el semen de tortuga que escurre dudosamente por su frente de rocas y desiertos. El señor del amor está cansado. Cierra la puerta y eructa colores y moscas enamoradas. Con sus labios oscuros canta el señor del amor esquinas y espirales. Se llena todo de la sangre de muchos sueños rotos, mientras los alaridos de la gente, son sus alaridos en otras bocas. Se alivia dulcemente el dolor que se llueve en esta dolorosa, dolida y doliente tierra. Llora un poco de espinas y abejas. Va al retrete y orina luces y arcoíris. Entonces fatigado se tira en la cama de viento y de estrellas. Suda violines y pianos. Saca un papelito de himen y escribe con lunas y abismos. Abre la cajonera en donde guarda laberintos y metáforas y enciende un solecito para después fumárselo. Se tapa del frío con vellos y madera. Cierra sus ojos, sus labios oscuros, y después de mecerse entre eructos de moscas enamoradas y pedos de colores, se duerme soñando que vuela con unas alas hechas de tela de himen, hilvanadas con hilos de todos los dioses, mientras volando, llora al doliente y dolido dolor de la tierra; llora a las nubes que se llueven entre relámpagos de sueños, arriba en las montañas; llora de alivio y tristeza, el señor del amor. Yo lo observo y escribo esto con un lápiz casi invisible para que, como un secreto, suene en tu mente muy despacito…

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