KLESKURICHVOG Y SIMONA

La gente que ha estado cerca de mi, sabe que llevo más de 4 años preparando una novela. Conformada por cuentos, textos esquizofrénicos (apuntes de Kleskurichvog) y las crónicas (que se componen básicamente en diálogos entre Simona y Kleskurichvog) He recibido mails de amigos que piden que publique los cuentos. Les comento al respecto. Estamos ya en revisiones y diálogos con algunas editoriales. Quieren el material inédito. Pero no por eso les voy a privar de esto. Les dejo una de las Crónicas, es decir, la Crónica 31.

Gracias a todos por el entusiasmo y el apoyo. Muchos de ustedes ya saben de la historia, ya que en talleres literarios, reuniones, en la fundación, recitales de poesía, he leído mucho de lo que abarca este proyecto. Esto va por todos ustedes…

CRÓNICA 31

Simona pensaba que Kleskurichvog había colapsado de tantas ideas mal pensadas. Sacó de nueva cuenta el papelito que encontró tirado bajo la mesa de la sala. Leyó:

“En la luz que se nacía como un molusco, el féretro de los recuerdos tomaba vida de una forma casi rencorosa. Los puntos en donde los moluscos caminaban en rabdomancía, los puntos que a veces eran viruela, los malditos puntos que no eran más que un grupo de estrellas en espera de la eternidad. Como se acostumbraba en los antiguos ritos de iniciación, las pancartas de las híbridas constelaciones, los carteles aún teñidas de la sangre que todas las vírgenes dejaban con pedacitos de hímen embarrada por los muros de los conventos, en donde los obispos, los cardenales, los curas, y hasta el mismo Papa mezclaban ávidamente con el semen que nacía de sus entrañas. Todos los cristos de los muros eran testigos silenciosos de las tremendas caricias del Papa con sus súbditos. Luego de penetrarse mutuamente, se lavaban las manos, se untaban el incienso, las cenizas del cordero, para seguir, eternamente, alabando a los cristos de madera y bronce, en una eyaculación eterna de cucarachas y ratas putrefactas.”

Pero Simona no entendía muy bien la intención del texto. Se pensaba que Kleskurichvog también era una maraña de ideas como bola de estambre, que se abandona en cualquier rincón después de que la vieja que tejía la bufanda para el hijo pródigo, había muerto. Eso era Kleskurichvog, una bola de estambre con agujas y todo. Entonces Simona se agarró una nalga, y comenzó a comprender todo. Era la única forma de tener a Kleskurichvog controlado…

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