DE CUANDO NO LOGRO CONCILIAR EL SUEÑO

Eso sucede generalmente cuando estoy nervioso, o tengo alguna cita importante. Y no sé qué es. El insomnio puede ser una mordida testicular, o en todo caso, a la yugular. Y es que mis queridos forenses, tener insomnio es como para arrancarse las pelotas y tirarlas por la ventana.

Cierro la laptop justo después de media noche. Cosa que he hecho muy pocas veces en mi vida. A los intelectuales como yo, nos cuesta mucho trabajo alejarnos de las páginas que hablan de la teoría de la relatividad, o páginas de ciencia nuclear… (o de Madelyn Marie en todo caso) Y entonces me voy a la cama. Cuando esto sucede, soy muy cuidadoso en la música que selecciono para dormir. Puede ser desde Thievery Corporation, Kruder & Dorfmeister, Friedrich Nietzsche, o Miles Davis. Pero de pronto descubro que no puedo conciliar el sueño. Entonces es cuando regreso al Ipod para buscar una mejor selección. Debussy, Keith Jarret… Pero anoche sucedió algo que yo mismo no esperaba. Decidí poner a Louis Armstrong con What a Wonderful World. Y por alguna extraña razón me puse a llorar. Debería dedicarle un post completo a Armstrong, pero no es para tanto, sencillamente me sentía triste. Sí, con lágrima en el medio de la madrugada y tal. Entonces regresé al Ipod, y me encontré a Cri-Cri. Y fue como haberme encontrado una billetera en la calle con cien dólares, o a la Sirenita con sus nuevos implantes en sus glandulas mamarias, o como pedir un rollo sushi de chile con huevo, o fue como haber descubierto que el Pato Donald va fumando marihuana en el tren de las seis, con Daisy batida en whisky, la falda enrrollada,  cantando “happy birthay Mr. President”.

Y es que cuando se es superhéroe, la situación económica mundial, el sobrecalentamiento global, el asesinato de Michael Jackson y el reverdecimiento de los desiertos en el norte de África, me tienen un poco intranquilo.

Vamos señores, pongamos la salchicha al comal, que después de todo, la vida es una tómbola, y yo tengo que ir a matar dragones, de esos que eructan moscas enamoradas…

O es que al final, ¿Somos hombres o ratones? 

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