MICHAEL JACKSON

De momento, y justo cuando estaba a punto de meterme (no recuerdo bien si era el bocado a la boca, o el dedo a la nariz)  me llega la noticia a mi celular de que Michael Jackson había fallecido. No sé bien si me quedé estático. Pero algo pasó. Es decir, claro que nunca fui un fan de Michael Jackson, sino que yo siempre fui el que más contaba chistes de humor negro con respecto a su persona…

Después de la emisión en 2003 de la producción televisiva Living with Michael Jackson, (donde hablaba de su afición a dormir con menores y aparecía de la mano de un joven con quien reconoció haber compartido dormitorio), se despertó una fuerte polémica, que dos años más tarde lo tendrían en los tribunales acusado de pederastia. A mi, después de todo esto, siempre me quedó una sensación de decadencia total. Y vamos, que mucha gente que conozco se rige mucho por la vanidad, y se operan las tetas o la nariz, o las nalgas. Pero cambiar el color de su piel, las facciones y tal, mierda, me aterra. Algo así como coulrofobia, esa fobia que se tiene a los payasos.

No sé si se fue un grande, o un imbécil, o un enfermo mental que vivía obsesionado con el color de su piel, pero confieso abiertamente que me dejó por mucho rato (apenas un par de segundos) estupefacto la noticia. Quizá me pasó lo mismo cuando falleció Juan Pablo ll, ya que ni católico soy, pero la muerte, en cualquiera de las esferas, siempre jode.

Y qué decir de Farrah Fawcett, cuya despampanante imagen y sonrisa deslumbrante la convirtieron en un ícono pop en la década de los setentas como una de las tres agentes contra el crimen de la serie televisiva Los ángeles de Charlie. Yo estaba perdidamente enamorado de ella, a mis escasos seis años de edad, y después, comprendí, que nuestro amor no tendría futuro, por la obvia diferencia de edades.

¿Cuántos niños no mueren de hambre día con día en África? Negros que nacen y negros se mueren. Y qué decir de todos los muertos en las guerras del medio oriente, en las guerrillas latinoamericanas, y miles de muertos a manos del hampa… Millones y millones de inocentes.

Sin embargo, lo que me lleva a esta extraña reflexión, es la muerte de Michael Jackson; y yo al escuchar su nombre, siempre pienso en una bolita de chocolate espolvoreada con azúcar glasé. Convertirse en una sombra blanca de si mismo, sin la frescura que le caracterizaba en sus inicios no merma su memoria, aunque desde luego no la enaltece. Cada vez que aparece uno de sus videoclips de movimientos eléctricos, de la primera época, los ingenuos, los de los zombies, el “moonwalk”, cada vez me aparecen momentos inolvidables… pero que tenía escondidos en el plackard de los recuerdos.

Pero lo mejor que puedo hacer al respecto, es recordar a Michael Jackson como lo que era… Un negro atrapado, injustamente, en la piel de un blanco de naricita respingona…

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