TEXTO IDIOTAS (EL MOCO DE DIOS)

Y no era para menos, el despertador había sonado y Benedicto se había sobresaltado. Se levantó y se masturbó a toda prisa porque tenía que estar en la Basílica de San Pedro en menos de media hora para la misa de las siete y la oración del breviario. Pero el sueño aún le perturbaba. Y mientras se masturbaba pensaba en lo que significarían esas palabras que escuchó medio dormido en la mitad de la noche: “Y ahora te enviaré un moco” decía la voz, según el sueño de Benedicto, del jefe de jefes, del ente más poderoso de los entes poderosos, de ese sujeto llamado dios. Entonces se apuró limpiándose con las sábanas y subiéndose su trusa salió de sus aposentos. Georg, su secretario, lo siguió a toda prisa, con la velocidad máxima a la que puede correr un hombre de 50 años, que ha vivido en plena masturbación y vida santa. “Somos los grandes masturbadores” dijo Benedicto, mientras Georg le alcanzaba una toallita húmeda para limpiarse las manos. “Límpiese las manos Padre, qué le huelen a semen, y a la hora de la hostia, puede envenenar a nuestros cardenales con sus residuos de semen amarillo.” “Cuidadito cabrón”, dijo Benedicto, “recuerda que soy el papa y te puedo chingar”. Entonces Georg se jaló la sotana hacia afuera, porque se le había metido entre las nalgas. Ambos corrieron para iniciar la misa. Benedicto habló del su sueño frente a sus cardenales, arzobispos y obispos. Todos se quedaron helados. Alguno dijo en voz muy baja: “Es la profecía del moco apocalíptico” Pero Benedicto comenzó con el vino, y las hostias “carajo, tenía razón Georg, las manos me huelen a semen”. Pero sin importarle demasiado, comenzó a repartir la hostia. Pero estaba el tema del moco, y Benedicto no podía estar tranquilo. Georg salió de la misa por la correspondencia personal de Benedicto. Había una carta en especial que le llamó la atención. Venía en una fina placa de oro escrita en hebreo. “Mierda” pensó Georg, “Benedicto pedirá que la traduzca y yo pienso que esto no es una sinagoga, y nosotros no somos judíos, somos alemanes” Pero llevó la placa de oro hasta el salón en donde se disponían a tomar el desayuno Benedicto y sus secuaces. Para no tener que traducirla, ya que había reprobado lenguas antiguas en el seminario 28 años atrás, decidió inventar una pequeña historia. “Benedicto” dijo Georg, “bajó el ángel borona y me pidió que le entregara esto personalmente” Entonces Benedicto tomó la placa, y sin entender nada de hebreo, exclamó: “¡tiene un moco la tabla de la ley!”.

Georg un poco avergonzado de ser tan puerco, balbuceó: “quizá tenga que ver algo con el sueño del moco de dios” Y de pronto todos se hincaron para rezar. “Habemus Mocus, Habemus Mocus” decían los secuaces del papa. Benedicto en cambio, se apuró, “ya no me da tiempo de masturbarme” pensó, y abordó el helicóptero para subir al monte Sinaí por más instrucciones. Pero hubo una falla mecánica y el helicóptero se vino a bajo, haciéndose moco…

“Tranquilo,” dijo Georg, poniendo compresas frías en la frente de Benedicto, “fue sólo un sueño.” Y Benedicto, masturbándose bajo las sábanas lentamente, dijo, “¡pero qué sueño más hijo de puta!”.
FIN

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