KLESKURICHVOG ESCRIBE:

Sin embargo hoy llueve, y cuando llueve se agrisácea el temperamento rojo del ser. Es decir, llueve y de pronto los días de no verte, son el ritmo que se rompe y la melodía parece desacorde. Es la azucena, o el agua de fuego la que nos quema con su frío de luna o de saturno. Entonces tenemos frío y fuego en las venas. No podemos retroceder del todo, porque sabemos que las historias han sido contadas por los sabios primeros. El silencio también es una pena y un campo minado. Llueve, y al llover también se lava un poco la carrocería del ser. Es como lavar al desierto con jabón y manguera. No sabemos nada de aviones, pero de pronto es tan fácil comer lentejas, o cualquier semilla. No cierro los ojos. Estas noches de trabajo y de aburrimiento, también son la antesala en donde se cocinan los sueños. Casi nunca quiero hablar de algo para que no se “sale”. Pero si todo esto se traduce mañana en sueños vueltos realidad, entonces nos reiremos como niños, porque de antemano sabemos que los duendes aún muerden pedazos de estrellas, mastican fuegos siderales, para comenzar a danzar la noche, que quieta se queda….

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