TESTICULIZANDO AL CÁNCER

De pronto el Señor Testículo descubrió que estaba hundido en una depresión leve. Dicen los sabios testiculares, que a esa depresión se le denomina “depresión testicular”. Y no era para menos, Don Testículo, vecino y compañero de parranda del Señor Testículo, padecía de testiculitis. Ambos estaban cansados de ser testículos y en plena depresión testicular, decidieron, sin más, acabar con su existencia. Pero existía el problema de no tener manos, con lo único que contaban era con testiculosis. Pero cada uno se miraba, y eso ya era un logro, porque jamás se vió a un testículo con ojos, y menos mirando. Pero ellos encontraban la manera de mirarse, de estudiarse, de compenetrarse mutuamente, sabiendo de antemano que estarían irremediablemente juntos, por lo que le restara de vida al cuerpo que los albergaba. Entonces decidieron llenarse de cáncer. Y se llenaron de cáncer los muy hijos de puta. Y tiempo después los extirparon. Ahora flotan en un frasco con formol, en lo alto de una vitrina, en el Instituto Testicular de Ciencias Testiculares. Y siguen sin poder mirar, porque nunca tuvieron ojos…

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