SERÉ UN ANCIANO CABRÓN
2012/09/05

Mientras ella me platicaba mis ojos comenzaron a ponerse rojos. Rojos de sueño. Pero los abrí lo más que pude. Y apreté los puños como para sacudir, de la manera más discreta, el sueño. Finalmente, y después de muchas sospechas, por fin soy consciente de que a lo largo de mi vida, nunca he podido sostener la atención por más de 5 minutos con nadie. Ni con la tipa más buena.

Supongo que esto es triste. Y lo supongo porque de alguna manera creo que la gente, al menos por ahora, ha comenzado, si no a entender, por lo menos a justificar esa extraña característica mía. A veces me levanto o volteo a otra parte, reviso mi celular o veo el reloj, y cuando ya no soporto más, hago una broma estúpida o cambio el tema de plática, demencialmente. Mis amigos son buenos conmigo. Hacen alguna pausa o balbucean algo, o simplemente me dejan hablar. Puedo hablar por horas, y hacer bromas de todo tipo, pero me cuesta mucho poner atención en algo. Desde siempre. Aunque finjo poner atención, mi mente siempre está en otra parte.

Recuerdo cuando mamá me regañaba y me preguntaba cosas yo preparaba mi cerebro para sus interrogatorios. Ella era muy insistente y enfática, podían pasar horas y ella seguía preguntándome el porqué de mi reacción o cierto comportamiento. Mi hermana se saturaba, rompía en llanto. Yo podía sostener el regaño y la insistencia de mi madre porque sencillamente me fugaba. Claro que sentía hasta marearme. Que los pies se me fusionaban con el piso. Pero fingía poner atención. Mi cerebro ya en esos momentos era una pelotita de naftalina. Mi mente estaba en cualquier otro sitio, navegando en algún recuerdo o surfeando en algún sueño. En la escuela siempre fue igual. Yo entendía con la primera explicación las matemáticas. Después me fugaba y llenaba mis cuadernos de dibujos sin sentido. Mi madre sabe que no miento, porque ella se escandalizó de que no tuviera apuntes de nada, sino cuadernos llenos de dibujos.

Después de tantos años sigo siendo el mismo. Siempre estoy en otra parte. En las juntas apenas presto atención. Y no es porque no me interese. Hoy escuché a alguien decir: “Alejandro es un genio, y tiene look de genio, y manías de genio”. No soy un genio. Simplemente soy disperso. Mucho. Y no es que me haya comenzado a preocupar. Seguramente seré un anciano cabrón e hijo de puta. Ignorando a todos. Sentado en alguna terraza, con el mate en mano, habano entre los dedos, mirando al infinito, repasando mis nubes, mis cielos, como para asegurarme de no olvidar ningún recuerdo, de traerlos conmigo cuando la muerte, esa hija de la chingada, por fin me lleve.

LO CORRECTO
2012/09/04

Vivimos en un mundo ruidoso. A veces perdemos la dirección de donde buscar los sueños. El miedo nos hace escondernos. Quizá esto no suponga cobardía alguna. Solo es el salvoconducto para preservar la tranquilidad.

Somos tan pendejos. La zona de confort es una delgada línea rota. Con las sombras, esa línea se confunde en la oscuridad. Pero no hay nada que temer.

Las historias ya están escritas. Únicamente cambian los actores. Alguien va a vivir nuestra historia y la terminará de otra forma. Sin duda esto nos da otras posibilidades. Intelegir nuestra existencia como una eternidad nunca fue la mejor opción. Por solo un instante dejamos de ser polvo. Somos un saco de vísceras razonantes. No somos otra cosa. No pretendamos ser otra cosa. A veces, hacer lo correcto duele. Duele muchísimo, pero es lo correcto.

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DE CUANDO VOY AL GIMNASIO
2011/09/02

Bueno, hace mucho que no escribía en mi blog. Por diversas razones que no nombraré, porque son aburridas. Y además sé que nos les interesa. Tampoco haré un show con ello. Tengo algunos fieles lectores que me animan, y otros que seguramente me desprecian. Cosa que me chupa un huevo (Ustedes disculpen la jerga latinoamericana, pero me salió la frase del corazón).

 Cuando es viernes, el peor castigo para un mortal es ir al gimnasio. Porque mientras tus amigos se emborrachan en algún bar o se encierran en un motel con alguna bella lolita, uno tiene que estar entrenando para… No tengo idea para qué; pues no competiré jamás en un torneo internacional de Kick Boxing, ni estaré en la MMA o en la UFC, o en la WEC. Pero voy puntual a mi entrenamiento. Para recibir patadas, puñetazos, y salir adolorido, con mi cara de idiota, sonriéndole al mundo que no me hayan roto la jeta mucho.

 En el gimnasio hay toda clase de personajes increíbles. Y sé que me odiarán cuando me lean, pero es cosa que debo hacer, escribir acerca de ellos, ya que son esa especie de fauna con la que convivo todos los días.

 He encontrado muchos perfiles. Los hay desde el chavito flaquito que sueña con tener una musculatura espectacular, o las señoras pasadas de peso, que pasan horas haciendo ejercicios cardiovasculares para bajar esas lonjas que no ceden.

 La mayoría son tipos arriba de los treinta años, en su mayoría divorciados, que intentan modificar sus cuerpos con la esperanza de resultar atractivos a una chica 10 años menor. Y es patético. Los musculosos, los entrenadores, son farmacias con patas. Es bien sabido que una musculatura bien desarrollada en un cuerpo propio de un latino, es moderada. Y requiere de años de trabajo. Pero los asteroides, la testosterona, las hormonas, son el pan de cada día. Jamás habrá un cuerpo musculoso naturalmente por comer atún y jalar peso libre dos horas diarias. Se requiere inyectarte cualquier clase de mierda para poder lograr esos cuerpos deformes y marcados. Pero todos los que están ahí (Me excluyo totalmente) están en una constante competencia silenciosa para tener los mejores bíceps, pectorales, tríceps, pierna, nalga, pecho… Tristemente veo a muchas mujeres que no tienen nalgas haciendo sus ejercicios para glúteo. En un año ninguna evolución en ellas. Pero ellas tienen las miradas llenas de esperanzas, se miran al espejo, levantan las nalgas, y nada.

 La música electrónica suena por todas partes. Ayer platicaba con un amigo que se inyectó hormonas, y un día amaneció mamado de repente. Él tiene una altura de 1.65mts. Está feliz con su cuerpo, se mira al espejo mientras hace mancuernas. Sonríe. La seguridad ha vuelto a él. Yo le dije: “¿Y cómo te va con tu nuevo cuerpo?” Y él, con su sonrisa franca y su felicidad desbordante me dice: “Pues este cuerpo le gusta a las mujeres”. Y yo, con mi agradable forma de ser, mis bromas increíbles y las cosas chistosas que digo cuando me siento inspirado le digo: “El problema debe ser cuando te quitas los bóxers, porque es bien sabido que los asteroides reducen el tamaño de los testículos y el pene…”

 Él me mira con cierto rencor. Es cierto. Le he dado en el amor propio. “Cabrón” me dice. Y sigue ejercitando sus bíceps. Yo me doy la vuelta, y hago la siguiente analogía: “Un tipo de 1.65mts de altura no pudo tener jamás un pene gigante. Seguramente era un “pito chico”. Y con los asteroides se le desapareció. Por eso su felicidad fingida, su mirada con cierto rencor.”

 A mí, en mi caso, no me cabe la polla en los calzoncillos.


PAPÁ…
2011/06/15

Él tiene la sonrisa de las estrellas en sus labios, sabe un poco de todo. Luchó como guerrero la batalla del tiempo, usó sus habilidades para construirnos un mundo mejor. Vivió al límite y jugó con fuego sin salir lastimado. Construyó media ciudad. De sus manos finas salían los dibujos que yo siempre quise imitar. Siempre fue un gran misterio para mí. Sus tiempos transcurrían afuera, haciendo negocios, tomando una copa. Yo crecía, y eso no evitaba que yo lo mirara como se mira a un héroe. Es al único hombre que soy capaz de besar. Su cabello es casi blanco. Pero sus ojos son intensos. ¿A dónde van todos los sueños, papá? ¿Dónde quedaron aquellos tiempos en los que comíamos pizza, yo siendo un enano y tú, tan callado siempre, nos mirabas con ternura? Esos viajes en donde yo me metía a la alberca y tú pedías una copa de futuro, de esperanza. En mis juegos quise imitarte. Jugaba a ser tú. Quise ser arquitecto como tú. Quise siempre ser tú. Aún quiero ser tú. Fino y silencioso. Caballero.

Me has perdonado todo. Has sido paciente y tolerante. Eres mi héroe silencioso. Mi arquitecto favorito. El tiempo no se detiene papá. Hoy más que nunca entiendo cosas que hace 20 años no entendía. A mi edad ya habías construido un futuro lleno de sueños y esperanzas. Yo no he hecho nada de mi vida. Sólo soy guapo y ya (perdón papá, mis bromas estúpidas de siempre). Si soy guapo es porque me parezco a ti, en todo caso. ¿Te fijaste que yo escribo con mayúsculas, imitando tu caligrafía? ¿Te fijaste, cuando trabajaba a tu lado, como me esforzaba para que me miraras y vieras que yo también era rescatable? ¿Recuerdas que cuando comencé a pintar quería pintar tus cuadros?

Las veces que charlamos y me llenas de verdad, me quedo quieto, en silencio. Nunca pude ser como tú, papá. No tengo ese talento. No pude construir lo que vos hiciste a mi edad. Soy una mala copia tuya. Malísima. Jamás podrá una serpiente tener la altura de un dragón.

Eres mi dragón favorito. Gracias papá, por haber sembrado en mi las semillas que hoy me hacen sobrevivir. Eres el tipo más cabrón (lo digo con irreverencia y ternura, con respeto y admiración) que conozco porque pudiste enamorar a la mujer más bella y fascinante: Mamá. Tú y mamá, son los grandes amores de mi vida. Lo sabes de sobra ¿Verdad papá?

Feliz cumpleaños papito.

Te amo.


LA CAJITA VERDE
2011/05/21

Recuerdo esa cajita verde musical de cuerda, que al abrirla sonaba una melodía de Chopin, tenia una bailarina que giraba en la pequeña pista. Mamá ahí guardaba sus anillos, esos que se ponía en sus dedos tan finos y tan blancos. Me gustaba mirar a la cajita y a mamá. Quizá yo tendría unos seis años y mamá dejaba que yo abriera esa cajita y yo era feliz. Por esa época mi mamá sonreía mucho. Mamá hacía todo para que yo estuviera bien. Alguna vez me pegaron en la escuela y mamá estaba tan indignada que ella mismo me enseñó a boxear. Mamá nunca fue boxeadora y además nunca supe de donde sacaba sus técnicas, pero poco tiempo después me metió al Tae Kwon Do. No sé porque de pronto tuve ese recuerdo. Pero lo tuve y de pronto tomé conciencia de que estaba llorando.

Mamá ya no sonríe tanto. Ni yo sonrío tampoco como antes. Y es que extraño esos tiempos cuando mamá se sentaba a mi lado y también me miraba y me miraba con sus ojos llenos de ansiedad, llenos de magia… y yo me sentía a salvo.


CARTA A MAMÁ 2
2011/05/07

A veces, un día, amanece, como siempre o casi siempre, o ese siempre que conocemos únicamente. Antes no amanecía, por lo menos así lo demuestran las pruebas de carbono, con sus científicos despeinados, tratando de demostrar que evolucionamos de un chango o una ladilla. Pero cuando amanece, y caemos en la cuenta de que ya no amanece igual que hace unos años atrás, entonces es cuando comienza el problema. El problema no es que amanezca y ahora seamos adultos y la vida pueda resultar tan esperanzadora o tan patética de acuerdo a la suerte que nos haya tocado.

Yo en mi caso puedo sentirme casi afortunado. Y digo casi porque a veces me gustaría que las cosas fueran de diferente manera. Pero lo que he vivido, lo he vivido bien. Eso pienso. Eso siento. Vivir hasta morir. Pero cómo extraño esos amaneceres de domingo, cuando mi hermana y yo nos levantábamos temprano, y queríamos impresionar a nuestros padres haciendo un desayuno terrible, pero que se comían con su infinito amor. Quizá eran los días más felices de mi vida, cuando era un niño y mamá bajaba de su habitación, radiante y hermosa como siempre, y papá, un tanto desenfadado, queriendo vivir su domingo acostado.

Y un día amaneció y esos días quedaron tan atrás. Un día ya era un adulto y nunca me enteré como fue, un adulto lleno de manías y pretextos para alejarme de la gente. Mi “siempre” se reduce a mis pequeñas vivencias y aventuras en un viaje que de pronto siento que nunca terminó. He olvidado los rostros de la escuela. El nombre de compañeros, las novias. He olvidado lugares, caricias, manos… Olvidé todo, o mucho del todo que me conforma.

Pero lo que nunca pude olvidar son esas tardes mágicas cuando mamá horneaba unas galletas y nos sentábamos con ella después de la tarea y nos platicaba del pasado, o nos leía un libro, o jugábamos…

Nunca se sabe cuando va a terminar eso. Pero un día termina y todo cambia. Y yo me niego a dejar eso atrás. Fui el niño más feliz. Mi madre es para mí el gran amor de mi vida. No necesito un diez de mayo o un tercer domingo de mayo para recordarle lo tanto que la amo. Trato de ser constante en mis muestras de amor. Porque el tiempo de mi madre es mi tiempo. Cuando ella decida hacerse estrella o galaxia, yo quiero irme con ella, a explorar otros valles de este interminable universo.

Si estás leyendo esto mamá, quiero que sepas que estoy buscando la forma de que alguien me lleve de regreso a los viejos tiempos, cuando nos divertíamos tanto y nos leías a Jorge Isaacs, o nos cantabas alguna canción y después acariciabas mi cabello antes de dormir, y me mirabas con esos ojos infinitos que tienes, y me decías que me amabas, y yo fingía dormir, sabiendo que lo más valioso que tuve en mi vida, fuiste tú. Te amo mamá.


VIERNES FOTOGRÁFICO: DORNIER 2200
2011/02/25

Hace justo una semana, mi hermana estaba a punto de casarse. Yo estaba feliz y triste al mismo tiempo. Esos sentimientos encontrados que se nacen justo cuando caes en la cuenta de que el tiempo pasó, y que dejamos de ser niños. Y los juegos, las risas, las complicidades, el compañerismo, quedaron atrás, quietos en el tiempo, como parte de nuestra historia. Estaba feliz por ella, por sus sueños… Y también estaba feliz porque tenía a mis padres a mi lado, a mi hermano. Viajando como en los viejos tiempos, de cuando éramos chiquitos y nos llevaban a vacacionar a cualquier paraíso, siempre juntos, como una familia pequeña, pero unida que somos. Está de sobra decir que por cualquier miembro de mi familia daría la vida sin dudarlo. Y daría mi vida por verlos felices, siempre.

En una de las aventuras de este viaje que hicimos, me tocó volar en una avioneta de confección alemana (1976) Dornier 2200. Mis testiculos se me subieron a la garganta cuando vi el avión en el que volaría, después de haber estado horas en el aeropuerto para hacer conexión a mi destino. Mamá como siempre lucía bellísima, con esos ojos tan tiernos que tiene, con sus manos tan finas. Papá, como todo buen caballero, elegante y tranquilo. El vuelo, sin contratiempos. El piloto informó que podría haber alguna descompresión de aire que se traduciría en vapor dentro de la avioneta, cosa que sucedió, y el vapor me hizo pensar que acuatizaríamos en cualquier momento sobre el océano. Revisé si no me habría orinado del miedo, y me tranquilicé de no haberlo hecho.

Este es uno de los viajes más bonitos que he hecho en mi vida. Porque una vez más pude ver a mamá y a papá del brazo, paseando por todas partes, como la pareja perfecta que siempre me parecieron. Mi hermano y yo compartimos habitación, y aunque él no lo sepa, me gustaría ser tan guapo como lo es él. Mi hermana tenía los ojos llenos de sueños, y estaba, además de hermosísima, feliz.

Esta es la vista que tenía desde la ventanilla, la hélice derecha del Dornier 2200, el océano y el sol, en ese majestuoso atardecer que sugería la entrada a la tierra de los sueños.


FELIZ SAN VALETIN :S
2011/02/14

El amor. Vaya palabra. “Me gusta cuando estás en estado de coma, porque estás como ausente.” Bien, si existen momentos cursis, este día es uno de ellos. Festejamos porque la mercadotecnia así lo dicta. Festejamos y regalamos chocolates para que nuestras novias se llenen de barros o de lonjas. Y eso es terrible. El amor va un poco más allá de todo esto. Supongo que el amor, el verdadero, el de antaño, es más grande que tú y que yo. Puedes ver a las parejas tomados de la mano, con unas rosas, un globo en forma de corazón, paseando idiotamente por las plazas, los parques, por las avenidas. Y es patético. No es que sea un grinch del amor. No, para nada. Aún me considero un tipo romántico. De verdad. Me gusta hacer el amor, y mucho. Sencillamente pienso que días como estos son patéticos. ¿Por qué?

He pasado días como estos con alguna mujer que años después, jamás volví a ver. Es curioso, la gente se promete amor eterno, y como decía Sabina: “(…) qué poco dura la vida eterna”… Con el pasar de los años en una relación se va terminando de a poco la magia, la pasión. Y queda, o la costumbre, o el amor. El hombre, como es sabido, es un animal de costumbres. Y hoy por hoy, la gente en su mayoría tiene pánico de estar sola. Entonces puedes ver a parejas que no durarán más de dos semanas. O de un mes. El tiempo es relativo, pero sabes de antemano que son relaciones que no durarán.

Poetas que escriben cartas de amor bellísimas, con la esperanza de coger. Y no cogen. Mujeres que sueñan con su príncipe azul. Pero en realidad andan con un latino panzón y cervecero, que sólo quiere coger.

Pero hoy es el día de San Valentín. Los cafés, los restaurantes están a reventar. También los moteles. Y todos fingen que aman y que son amados. Como fingir un orgasmo. Mañana termina la euforia y todos regresarán a lo cotidiano del amor. De cuando ella se deja engordar para joderlo, y él se tira gases por toda la casa. La vida en matrimonio, esas cosas. Qué bello es el amor.

A mí me gusta cuando la NASA busca vida inteligente en otros planetas. Siempre se me agita algo en mi interior con la esperanza de que ahí esté el amor de mi vida, esperando por mí, con su lencería y su maldad, lista para comenzar la danza del amor, entre jadeos y cortoscircuitos.

Feliz San Valentín, forenses.


 



VIERNES FOTOGRÁFICO: THE KISS
2011/02/11

Sin duda, una de las mejores cosas que me han sucedido en la vida son mis mascotas. Félix es un gato alegre y se ganó un lugar en mi corazón. Simona es mi compañera desde hace cinco años. Soy su mundo. Me alegran,  Simona me cuida a su manera, y Félix atrapa lagartijas en el jardín y me las pone a mis pies para que me alimente. Cosa que no haré. Pero ese gesto es, para los que conocen de animales, una ofrenda que él me trae. Y eso es enorme.  Simona ha lamido mis lágrimas de mi rostro, ha llorado cuando yo estoy enfermo. Ladra, brinca y mueve su cola… y me hace una fiesta increíble cuando llego a casa. Eso me hace feliz. Me entiendo mejor con ellos que con mis mujeres. Vamos, que no han sido muchas, pero sí las suficientes como para darme cuenta que no han valido la pena, no lo suficiente. Quizá el amor de mi vida se ahorcó con su cordón umbilical al nacer y es por eso que no la encuentro. O de plano la mamá la abortó. No importa. Seguiré saliendo con mujeres hermosas como parte fundamental de mi terapia para superar esa tragedia.

¿Se dan cuenta como divago? El tema es que por fin es viernes. Viernes Fotográfico. Y esta vez toca a esta instantánea, en donde mis dos mascotitas se miran con amor.

Sean buenos, forenses.

 


PRENAVIDAD
2010/12/21

 Mis mejores navidades fueron cuando era niño. El preámbulo de esta peculiar festividad me inflamaba el pecho de sentimientos varios. Quizá era porque mi casa estaba llena de amor. Recuerdo claramente cuando adornábamos el árbol. Mamá siempre hacía un postre, y era tan emocionante ver los grandes ojos marrones de mamá brillando, con su silueta tan perfecta, su piel tan blanca y su sonrisa infinita. La casa tenía un aroma a ponche. Mamá ha sido y será siempre el gran amor de mi vida. A veces nos leía un cuento o nos platicaba alguna historia de Navidad. Teníamos en ese entonces un proyector en casa. Papá preparaba la pantalla y apagábamos las luces para ver algún cuento de Navidad. Yo era feliz. Infinitamente feliz. Pero el tiempo pasó. Ahora soy un adulto lleno de manías, de recuerdos. Podía amanecer pegado a la ventana para descubrir a Papá Noel. Mamá terminaba abrigándome y llevándome a la cama. Me acariciaba mis mejillas, y seguramente la llenaba de ternura. Era buenos tiempos. Todo era magia.

A veces me gustaría estar de regreso en esos tiempos, cuando mi única preocupación y mi única responsabilidad era la de ser feliz. Que alguien le diga a mis padres que quiero estar de regreso. Que quiero esa navidad de cuando era niño, y mamá podía consolarme toda la noche, y todo el día.


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