Era el oso que caminaba por la ladera este del campo de concentración en donde Adolfito le gustaba pasear en pelotas justo por donde los judíos se bañaban en salsa bbq.
–Soy el oso que viene a liberar a los judíos.
Pero Adolfito corría con sus truzas en la mano por el campo, y los judíos bañándose en salsa bbq.
–Her Adofito, soy el oso poderoso, el libertador, el oso que viene a liberar al pueblo que acostumbra bañarse en salsa bbq, el pueblo sabrocito.– Dijo el oso con un acento desconocido.
Pero Adolfito corría y gritaba, movía sus manitas y ensayaba un discurso que jamás diría, sus truzas en la mano, manchadas de salsita bbq, que algún judío divertido, le había lanzado para invitarlo a bañarse con ellos. El oso también corría, pero Adolfito brincaba por entre los judíos que gritaban de júbilo mientras se revolcaban como puercos en la salsa bbq que anteriormente había sido regada por todo el ghetto bajo las órdenes estrictas del comandante Romel.
Adolfito corría y sus nalguitas temblaban mientras gritaba que se sentía Charles Chaplin y los judíos bañados en salsa bbq le daban nalgaditas. Lamentablemente en todo cuento, siempre existe un hijo de puta, que extrañamente, y para asombro de muchos, no era precisamente Adolfito, sino algún judío llamado Salomoncito, bañado en salsita bbq y descendiente directo de alguno de los sabios de Sión que además de dar la nalgadita, también le introducía el dedito por el recto, hasta encontrar la próstata bañada, como es lógico, en salsita bbq. Adolfito sentía un placer infinito y se preguntaba si la salsita bbq además de picosita, sería de manufactura norteamericana o alemana.
Romel, además del gran afecto que le tenía a Adolfito, también sentía una atracción fatal hacia los genitales del Führer, básicamente al ano de Adolfito, por lo que en un arrebato de frenesí, decidió sacarse también sus truzas, y bañado como cualquier judío en salsita bbq, decidió tomar a Adolfito por la cintura y comenzaron a aparearse. Todos los judíos gritaban de júbilo y aplaudían mientras Adolfito, con los ojos en blanco y los bigotitos sucios de salsita bbq, decía algo como Liebe o Tod. El oso libertador no decía nada, porque en teoría, salvo algunas caricaturas como el oso yogui, los osos generalmente no saben hablar, y además, no pueden. Es un problema de complexión, de diseño, en donde la quijada juega un papel determinante en la posición y acomodo de la faringe, la irremediable interacción entre la caja toráxica y las cuerdas vocales. Habrá científicos que niegan rotundamente la posibilidad de que el oso pueda pronunciar alguna palabra, como por ejemplo: Liebe, o más aún: Führer.
Pero en este cuento de mierda, el oso hablaba y se divertía, y el muy hijo de puta se daba el lujo de inventar palabras: “Cocsderlunguello, mardosilregius”, mientras los judíos retozaban en sala bbq y Aldofito corría con sus pelotitas al aire, y el culito sucio de semen de Romel, y de salsita bbq. Además que su pene se hacía más chiquito de lo que era, a causa del frío, Adolfito sonreía, y de qué manera. El oso entonces se retorcía de la risa, y Adolfito, apretaba sus puñitos y gritaba injurias mientras aventaba sus trusitas al aire, como sinónimo de virilidad o de homosexualismo. Y fue cuando comenzo el bukkake. Adolfito era bañado del semen de todos los judíos en una trinchera, que estaba llena de salsita bbq.
Desde ese día, existe un recuerdo insano de Adolfito y los judíos. Ellos regresaron a sus Sinagogas, cantando algún salmo. Mientras Adolfito hizo llenar el bunker de salsita bbq, para esperar así, tranquilamente, la invasión norteamericana…
¿Y el oso? Bueno, del oso jamás se supo nada, se dice que vive en la India, bajo otra identidad, una identidad de vaca sagrada…