Quizá sea un poco la dualidad de las que todos seamos presas, o es que en verdad soy un cabrón, pero he pensado últimamente que todos tenemos una doble personalidad. La gente tiende a ser de una forma, y aparentar ser otra. Es por eso que existen tantas personas que se toman una fotografía en bikini en el baño, o en la sala de su casa. O quizá también sea que frente a nuestros padres seamos de una forma, y frente a tu pareja de otra, frente a tu jefe de trabajo, frente a tus amistades, o en la Iglesia (los que van, yo absolutamente no piso una Iglesia, a menos que sea en un comportamiento puro y estricto de turista). Me divierte mucho cuando alguien toma un librillo de frases y se pone a actualizar su status en Twitter o Facebook, sin nombrar al escritor en cuestión, queriendo parecer inteligentes, aunque su ortografía los delate. En la medida que descubro eso, reconozco sin lugar a dudas que la mitad de las cosas que veo en la gente es falsa. Y no me entristece, ni me desilusiona, y es que al final somos seres camaleónicos, es un instinto propio de sobrevivencia. En mi caso, yo soy igual en todas partes, siempre llego tarde a todas partes, me río de las mismas cosas, camino orgulloso de mi erección, o de mis ojeras, y hablo de sexo con mamá, que además de sabia, mi madre me tiene toda la paciencia del mundo en esta etapa de mi vida en donde comienza a salirme vello en el pubis, en la cara y en las áxilas. Y por todo esto, sin afán de justificar esta pieza que he hecho, les muestro con una sonrisa en la cara, dueño absoluto de mi doble personalidad, esta escultura que he nombrado: “Doble Personalidad”.






