Archive for the ‘Apuntes’ Category

A MAMÁ…
2013/02/23

Aquí es donde entreno mamá, cuando salgo a correr. Este lugar tiene cierta magia, cierta fuerza. Aquí es donde salgo en bicicleta también, regularmente los fines de semana ¿Te acuerdas cómo me enseñaste a montar, cuando niño, mi bicicleta de E.T.? ¿Cuando corrías atrás de mí sosteniéndome del asiento para que no cayera de la bicicleta? Pues un día dejé de caerme.

No soy nada sin ti. Tú y yo tenemos una conexión infinita y eterna. No soy yo cuando estás enferma. No logro controlar la tristeza. Ya quiero que te alivies y podamos ver este estúpido video que hice, para mostrarte el lugar en donde corro, y podamos reir, y finjas que no te has aburrido, solo para no hacerme sentir mal.

Te amo tanto mamá.

LAS MIODESOPSIAS Y YO
2013/01/15

Esto me ha pasado y estoy muy triste. Vamos, que no se va a acabar el mundo. Sin duda tengo que ir al doctor y que me valoren. Tengo miodesopsias. Tranquilos, no es contagioso. Pero está de la chingada. Es decir, para los que no saben que son las miodesopsias y las fotopsias:

Las miodesopsias [del griego, myōdes 'similar a mosca' y òpsis 'visión'] o moscas volantes [del latín, 'muscae volitantes'] o también cuerpos flotantes son un defecto ocular que se manifiesta en la visión como un conjunto de manchas, puntos o filamentos (a menudo en forma de telaraña) suspendidos en el campo visual. Se trata de opacidades que se forman en el humor vítreo, el cuerpo gelatinoso que rellena el globo del ojo, y que con el paso de la luz proyectan su sombra sobre la retina. En la mayor parte de los casos, son una consecuencia natural del envejecimiento de este cuerpo vítreo, que va perdiendo agua y disminuyendo de volumen. Esta disminución da lugar a que se separe de la retina y colapse. En consecuencia, las proteínas vítreas que han perdido agua se condensan perdiendo transparencia. Aunque estas manchas parecen estar frente al ojo, en realidad flotan en el interior de este.

Causas

Se han identificado como principales factores predisponentes la edad y la miopía. Se observa un aumento en la incidencia de las miodesopsias con la edad. En el segundo caso, se argumenta que los miopes, por disponer de un ojo más alargado, tienden a acelerar el proceso de desprendimiento vítreo.

En cualquier caso, no se ha conseguido identificar con precisión la relación causa-efecto, de suerte que los factores indicados no explican de por sí la aparición y la progresión de las moscas volantes. También se apuntan la diabetes y las operaciones de cataratas como causa de su aparición. En una proporción mucho menor, las miodesopsias pueden ser consecuencia de una enfermedad ocular grave, como la uveitis, hemorragias intravítreas o desprendimiento de retina. En otras ocasiones pueden ser ocasionadas por incidencia de luz directa de tipo LÁSER sobre el ojo, provocando la condensación del humor vitreo.

Problemática

En la mayoría de los casos, las miodesopsias se consideran una circunstancia normal e inocua, que no compromete la visión. En una proporción más reducida, las moscas volantes pueden estar relacionadas con procesos que comprometen la integridad de la retina. Por ello, cuando aparecen de forma muy repentina o asociadas a fotopsias (destellos de luz), debe acudirse a un médico. En este caso, el procedimiento de diagnóstico suele conllevar un examen de fondo de ojo, por medio del cual se examina el estado de la retina para descartar la existencia de una enfermedad o lesión grave. En estos casos, las miodesopsias tienen la consideración de sintoma.

Tratamiento

No existe un tratamiento efectivo y seguro contra las miodesopsias. Cuandos las opacidades son pocas, y tras unos meses, los pacientes se adaptan a ellas, amortizándolas en su campo de visión. No obstante, las moscas raramente desaparecen físicamente, y se mantienen visibles, en particular al mirar superficies homogéneas, como el cielo despejado.

No se ha demostrado relación entre las opacidades vítreas y el uso de complejos vitamínicos basados en vitamina A, luteína y otros componentes. No existen datos objetivos ni referencias médicas de pacientes que hayan mejorado sus opacidades como consecuencia del consumo de estos preparados.

Cabe referir dos recursos de gran excepcionalidad en el tratamiento de miodesopsias. Por una parte está la vitrectomía, que es propia de otras problemáticas oculares pero que va teniendo más aceptación en el mundo para ser utilizada en la miodesopsia. Ésta cirugía consiste en la extracción del humor vítreo y su sustitución por una solución salina. Por la otra, está el uso de la fotodisrrupción por medio del láser. Este método trata las opacidades con descargas láser. En unos casos se busca disgregarlas para hacerlas menos visibles, y en otros desprender sus anclajes, para que se desplacen a la periférica del campo visual. Se ha argumentado que es un método no exento de riesgos sobre la retina y de cuestionable eficacia sobre el problema en sí.

Las recomendaciones generalmente aceptadas, se basan en aprender a convivir con las midesopsias utilizando los siguientes procedimentos:

No “perseguir” las “manchas” con la mirada, ni tratar de enfocarlas; no hacerles caso como si fuesen moscas reales.

Evitar las superficies muy claras; mirar temporalmente a lugares con matices y varios tonos de color.

Cuando se trabaja con computadoras, procurar no utilizar fondos de colores planos muy claros.

Se recomienda consultar a un oftalmólogo si repentinamente:

Aparece un nuevo cuerpo flotante, aunque sea solo uno.

Se perciben centelleos de luz (cuando el humor vítreo roza la retina o tira de ella, causa la sensación de centelleos de luz).

Se sufre la pérdida de la visión lateral, especialmente en personas con edades mayores a 45 años.

Bueno, esto fue repentino. De pronto vi como una pelusa flotando y la seguí viendo. Muevo el ojo y estas pelusas o gusanos se mueven como se mueve una basurita que flota en el agua, o pero aún, como si flotara en aceite. Llega a ser desesperante. Hasta dolores de ojo he tenido. No quiero exagerar. Me da ganas de llorar. Pero después me limpio las lágrimas con billetes de mil pesos y se me pasa rápido.

En serio, me encuentro preocupado. Estar viendo miodesopsias flotando puede ser esquizofrénico. Termina por cansar. ¿Qué pasará cuando comience a ver elefantes, vacas o dinosaurios?

No lo sé. Me cago en la ciencia, en el deterioro del cuerpo y en todo. Me da ganas hasta de vomitar. Espero mañana no quedarme sordo. Ya no podré hacer bizcos mientras me apareo (mentira, nunca he hecho bizcos).

No sé qué pase conmigo, pero por lo pronto, voy a escuchar el Caprice 24 de Paganini y cerrar los ojos. Y pensar que no tengo un trastorno en el ojo, sino simplemente un trastorno mental. Sería más fácil para mí. Etcétera.

NAVIDAD
2012/12/26

Después de todo, Navidad es una de las épocas que más disfruto del año. Desde niño estas épocas me derriten. Mis recuerdos casi siempre son los mismos. Mi familia, pequeña, reunida en la mesa, con la cena, la charla, las velas, el árbol de navidad, las luces, las ansias por los regalos, la música de fondo. Mi padre al lado de mi madre. Mis hermanos…

Pocas veces al año coincidimos en una cena con esa ceremonia. Pocas veces estamos reunidos. La Navidad, es un pretexto para estar juntos, para reiterar el amor que existe entre nosotros. Amo aquellos tiempos en los que me iba a la cama y esperaba a Santa Clous hasta que me vencía el sueño. Añoro cuando me despertaba emocionado por los juguetes, y corría en pijama a buscarlos bajo el árbol. Echo tanto de menos esas Navidades de cuando era niño.

Fui un niño muy feliz, demasiado feliz. Jamás voy a tener una Navidad completa si alguno de los miembros de mi familia llegase a faltar. He crecido, pero mi corazón, mis ansias, mis sueños, se quedaron en mi niñez, en mi mamá con su cabello hermoso, con su sonrisa, o en mi padre con su mirada tranquilizante, cuidándonos, llenándonos de amor; de aquella época de cuando era niño, y lo único que importaba es que fuera feliz.

Gracias Mamá, gracias Papá.

PD. Feliz cumpleaños, Jesús de Nazareth.

EL TIEMPO
2012/09/25

El tiempo es un incansable asesino. Me asusta. Creo que últimamente, seguramente por el paso de los años, he comenzado a tomar conciencia de muchas cosas. Soy un cabrón. Sí, un pedazo de cabrón cuando debo serlo. Sin duda. Pero nunca busco hacer daño real e intencional a nadie. Es más, siempre me sensibilizo con la gente desamparada. Si no tuviera a mis padres vivos, seguramente sería un revolucionario. No un reaccionario ni un pendejo haciendo protagonismo con cara de intelectualoide, haciendo análisis político y marchas sin sentido. No. Eso es para débiles. Yo estaría haciendo guerrilla, seguro, eso pienso. Siempre admiré al Che Guevara. De esa forma concibo la revolución. Con ese romanticismo, con esa garra, con esa rabia.

Pero tengo a mis padres vivos y los amo. Y eso está por demás. Además que el tema del post no es la guerrilla ni mi testosterona. No. Sino el tiempo.

Mi niñez y mi adolescencia se fueron volando. Escuché a mamá por teléfono y recordé lo bella y glamurosa que es. Qué siempre fue. Recordé a mi padre, gran arquitecto, frente al sastre, haciéndose sus trajes a la medida. Yo no tengo un traje en el armario. Soy una facha.

Mi hermana ya es madre. Ya está lejana. Ahora tiene su núcleo y su familia. Mi hermano anda en su mundo, sus gadgets, su carrera, sus amigos. Yo ando en mi mundo, vagando por la ciudad, sentado en la oficina. Diseñando, preocupado, harto del tráfico y la ciudad. Con un núcleo muy cerrado de gente cercana, de amigos reales unos cuántos. En unos años, yo seré el anciano de la foto, en unos años, seré el recuerdo de unos cuantos. El tiempo me asusta. Me asusta el cambio que ha venido sucediéndose en mi vida todo el tiempo. Estoy solo.

Mi jefe me mostró unas fotos de cuando era estudiante. Eso terminó de impactarme con el tema del tiempo. Todo pasa. Todo queda atrás, como un recuerdo nebuloso.

Afuera ya ha comenzado a llover. Las gotas agolpándose en la ventana me anuncian que será un caos cruzar la ciudad, llegar a casa. Aún falta entrenar, cebar un mate, acariciar a mi gato Félix, a Simona, mi amada cocker spaniel.

No se me asusten mis cabrones, que no estoy de bajón, solo que hoy, mientras caminaba después de comer de regreso a mi oficina, se me vino a la mente mis años felices, de cuando era niño, y mi única preocupación era que mi mamá no me revisara la tarea…

LO CORRECTO
2012/09/04

Vivimos en un mundo ruidoso. A veces perdemos la dirección de donde buscar los sueños. El miedo nos hace escondernos. Quizá esto no suponga cobardía alguna. Solo es el salvoconducto para preservar la tranquilidad.

Somos tan pendejos. La zona de confort es una delgada línea rota. Con las sombras, esa línea se confunde en la oscuridad. Pero no hay nada que temer.

Las historias ya están escritas. Únicamente cambian los actores. Alguien va a vivir nuestra historia y la terminará de otra forma. Sin duda esto nos da otras posibilidades. Intelegir nuestra existencia como una eternidad nunca fue la mejor opción. Por solo un instante dejamos de ser polvo. Somos un saco de vísceras razonantes. No somos otra cosa. No pretendamos ser otra cosa. A veces, hacer lo correcto duele. Duele muchísimo, pero es lo correcto.

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TACOS DE CANASTA
2012/02/10

Sin comentarios…

ATTACK (Kiki)
2012/01/16

Finalmente, y después de casi 4 meses sin comer, Kiki anoche se cenó esta suculenta cucaracha de Madagascar. Kiki, mi Tarántula Rosada, es una mascota un tanto extraña. En más de una ocasión a acaparado toda mi atención. Y es que su comportamiento solitario e independiente, su desenfado, esa cautela con la que se mueve, me hacen admirar y quedar seducido, amar a la vida en cualquiera de sus formas.

Ya sé que hay personas que no pueden ver una araña. Yo, en cambio, soy muy dado a observar las técnicas instintivas de Kiki. Me informan que es muy grotesco ver a una tarántula comer. Yo pienso que es más grotesco ver a Agustin Carstens comiendo Kentucky Fried Chicken.

¿Ustedes que opinan? Debatan, forenses.

 

PRIMER DÍA DE TRABAJO, GANAS DE ORINAR, SALCHICHA COCIDA
2011/11/02

Hace algún tiempo que no me acerco al blog. Y es que he estado inmerso en diferentes aventuras. Los que somos superhéroes a veces tenemos poco tiempo de postear entradas al blog, porque nuestro deber es cuidar que el mundo no acabe. Pero esta vez hice una pequeña excepción.

Los que me conocen saben que he cambiado de empleo. Hace un par de semanas fue mi primer día de trabajo en un despacho de arquitectos diferente. No diré el nombre por seguridad. Porque las mujeres podrían ubicar el lugar en donde trabajo y esperar a que salga para violarme. Mi mamá dice que desde niño fui nalgoncito. Y por lo tanto siempre corrí peligro, y que debo cuidarme de las mujeres que se me acercan para no sufrir violación. Y yo le hago mucho caso.

Hoy les hablaré de mi primer día de trabajo. Y todo esto sucede porque yo vivo al norte de la ciudad de México, y para trasladarme, necesito usar el Viaducto Bicentenario que corre desde Valle Dorado y termina en Conscripto para seguir por el Periférico hasta Viaducto. Todas las mañanas, lo primero que hago después de verme al espejo, es cebar un buen mate. Esto supone tomarme casi dos termos antes de ducharme. En ese tiempo aprovecho para preparar el desayuno de Simona y Félix (Para los que no me conocen, ellos son mis hijos, una Cocker Spaniel bellísima, y un gato negro con patas blancas).

Corro a la ducha, me visto como puedo, subo las laptops al auto y acelero, sabiendo que nunca faltará algún cabrón que me cierre el paso, o en el mejor de los casos, recibiré un par de mentadas de madre con el claxón de algún compañero de tráfico, porque al cabrón fui yo, el que cerró el paso.

La mañana transcurría sin sobresaltos. Puse algo de música en el auto, tomé el iPhone y fotografié el amanecer sobre el Viaducto Bicentenario y lo posteé en Twitter, con mensajes propositivos, de muy buena vibra, y casi se podía adivinar mi sonrisa y mi optimismo en cada twitt que escribía mientras los autos rugían a mi lado y yo era, uno más en esas venas de tráfico que se inflaman por las avenidas de la ciudad de México a las 7 de la mañana.

Todo parecía perfecto. Llegaría, aún y pese al tráfico, veinte minutos antes de las nueve de la mañana a mi oficina, y mi jefe diría: “Qué chico tan puntual”.

Para bajar del Viaducto Bicentenario a Periférico Sur, se hace un embudo. Bajan el flujo de autos por la lateral. Justo en el desemboque, están las obras que continúan al Viaducto. Por esa alegre razón, la lateral del Periférico se reduce a dos carriles, en donde vienen los pobres que no pueden pagar el Viaducto, los más pobres que viajan en Microbús y nosotros, los que bajamos del Viaducto. En ese cuello de botella puedes estar una hora sin problemas. Pero a mi no me importó, porque yo escuchaba a Saint Germain en el auto, y había previsto el tiempo de tráfico, y llegaría a tiempo a la oficina. Así que sonreía a mis compañeros de tráfico y continuaba sin problemas.

Lo que no preví, fueron esos dos termos que me tomé en la mañana de mate. Así que sentí el primer calambre, ese pequeño aviso de que se están acumulando los dos litros de esa exquisita bebida sudamericana en la vejiga y anuncian sus ganas absolutas de salir al mundo. El primer calambre me puso alerta. Así que comencé a acelerar y no dejar pasar a nadie, inclusive cambié la música y decidí poner a Metallica y a Rammstein para poder manejar más agresivo. De Conscripto a Polanco es casi un Kilómetro. Justo frente al Conservatorio Nacional de Música, hay una Gasolinera en una cuchilla al cruce de Palmas y Periférico. La meta: Llegar ahí para poder correr al baño y orinar sin problemas.

Las ganas de orinar se iban acumulando en la medida que el tráfico no avanzaba. Era matemáticamente perfecto el algoritmo. Era exactamente proporcional las ganas de orinar en aumento, que la desaceleración de los autos en ese tramo. Einstein hubiera dicho cualquier pendejada, hubiera hecho alguna fórmula para representar ese momento. Yo apretaba para que no se me escapara alguna gotita de orín. Y comenzó a ser insoportable. Comencé a sudar frío. Apretaba y me aferraba al volante del auto con mis manos ya temblorosas. Como buen superhéroe busqué una solución ante esa problema que se me presentaba. “¿Qué haría Batman en esta situación?” me preguntaba, “¿Que haría Superman, el Capitán América o el Che Guevara?” Recordé que traía un sandwich envuelto en una servilleta, acomodado perfectamente en una pequeña bolsa de plástico. Ya casi no podía moverme. Pero aún así hice un esfuerzo, solté una de mis manos del volante y comencé a buscar histéricamente. Aventé el sandwich al asiento del copiloto. Me bajé la bragueta y justo se me emparejó una camioneta con una mujer que se me quedó mirando como diciendo: “Qué gran pene”. Ese acto me inhibió. Puse la bolsa por un lado mientras yo ya tenía los ojos desorbitados, la cara roja, las manos temblorosas, y con una ganas terribles de llorar. Pensé que podía llorar mucho para que el líquido saliera en forma de llanto, pero recordé mis clases de ciencia, y supe perfectamente que no existe ninguna conexión entre las glándulas lagrimales y mi vejiga.

Comencé a ver negro, las imágenes se me oscurecían, sentía que en cualquier momento habría una explosión de vejiga en mi auto. Cosa que me hizo reaccionar, porque jamás se ha sabido que un superhéroe muera en el tráfico por explosión de vejiga. Así que volví a jalar la bolsa, abrir mi bragueta, porque ya era imposible contener esos dos litros de mate. Yo temblaba y comenzaron a darme espasmos. Pensé en Gustavo Cerati y tuve miedo de caer en estado de coma. Recordé ese viejo dicho que dice que el que madruga Dios lo ayuda. No vi a Dios en ese momento ayudarme a orinar dentro de la bolsa. Oriné. En esos momentos pasaron por mi cabeza los cinco mil años de historia hombre. Pensé en Napoleón Bonaparte orinando antes de una batalla. Pensé en el primer homo erectus orinando antes de abandonar África. Pensé en los Samurais, en los romanos, en los fenicios, en los egipcios, en Cleopatra, en Cristobal Colón orinando antes de pisar América, en Newton, en Gandhi, en Nelson Mandela, en Nietzsche, en Shakespeare, en todos los hombres queriendo orinar.

Ahora orinaba y parecía eterno ese momento. Se conjugaba ahí un placer infinito que no sé describir. Pero lo que tampoco preví, es que eran dos litros que salían con potencia y con una tibieza aterradora. Por alguna estúpida razón la bolsa se conservó intacta, sin gota de orín. Había orinado fuera de la bolsa sobre mi humanidad, sobre mis pantalones, sobre mis piernas, sobre el asiento del auto. Sentía esa tibieza por mi trasero, por toda la zona media de mi cuerpo. Puse la bolsita de plástico nuevamente en el asiento del copiloto, estaba intacta. El tráfico comenzó a avanzar. Por mi costado finalmente apareció la gasolinera y Palmas. Yo ya tenía la mirada llena de rencor. Llegué veinte minutos antes de las nueve a la oficina. Tenía ganas de llorar.

Cuando me bajé del auto estaba mojado todo mi hermoso trasero, y el pantalón por la parte de enfrente hasta las rodillas. Caminé torpemente hacia un Oxxo. El frío de la mañana comenzó a enfriar mi pantalón. Ahora solo faltaba que me diera pulmonía. Compré un café. Salí del Oxxo y abrí las piernas un poco, y cuidadosamente me vacié el café entre las piernas. Tampoco preví lo caliente del café. Así que pegué un grito terrible, puteé hasta que me cansé, bailaba en la calle como un idiota, la gente que pasaba me esquivaba y me miraba como cuando se mira a un loco. Me ardían los testículos y el pene. Pensé que jamás tendría descendencia, que mi pene era ahora una salchicha cocida. No podía caminar con las piernas cerradas. Caminaba como si me hubiera bajado del caballo en mis clases de equitación y estuviera rozado. O como si me hubiera violado un mamut. Así subí al cuarto piso de la oficina. Así me recibieron. Lo primero que dije fue: “Se me vació encima el café que traía entre las piernas mientras manejaba”. Me miraron con ternura y pena ajena en el trabajo. Pasé al baño y traté de asearme de alguna forma. Comenzaba mi primer día en el despacho. Yo había llegado veinte minutos antes de mi hora de entrada tal y como me lo había propuesto. Así comenzaba una nueva etapa en mi vida.


APUNTE DE INSOMNIO 1
2011/09/19

Quizá solo sea el insomnio, la locura, la soledad, el viento. De pronto el sueño es avanzar hasta llegar al olvido. Detenerse a beber agua, o bailar mientras el tren sacude la calma. Todo se parece a ti, a las estrellas que viajan vertiginosamente en el espacio. Las galaxias colapsan, se expanden, se contraen, como amantes en una cama de piel, o de tristeza.

Hoy las nubes me dictaron figuras que no entendí. Los dibujos que hacía de niño, quedaron olvidados en un montón de basura inertes en el tiempo. De alguna forma todo ha quedado atrás. Las risas con los amigos en algún bar, el filtreo con las cajeras de algún supermercado, todo quedó atrás. Los pensamientos me ametrallarán al amanecer. Una melodía de Keith Jarrett suena amargamente. El piano podría generar lágrimas auditivas. Pero ignoro todo eso. La noche dice que así sea.


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