Los dedos largos y delgados se deslizaron lentamente para abrir el cajón. Dentro estaba la fotografía. En ella hay una galaxia atravesada por el asfalto. Y un aullido de perros que no fue capturado en esa instantánea. Los recuerdos son una mancha de sangre que fractura a la noche. Los ojos de una mujer bellísima se dilataran en pleno orgasmo en otra parte. No hay frazada que puede abrigar el invierno de su corazón. La anciana se sienta al borde de la cama. Hace tiempo que esa cama es usada únicamente para dormir. Ya no hay jadeos que le den sentido a las noches. Ella era la mujer de otro. Siempre fue así. El reflejo del espejo le regresa una imagen que ella no quiere ver. La vida transcurre afuera de la ventana. El miedo a morir. O a vivir. Todo se tuerce en su memoria. Todo tiene otro nombre. Sus dedos largos se deslizan por el cajón. Ahí sigue el frío revólver.
CUENTO: LA MUJER DE DEDOS LARGOS



