EL DUENDE DE MI IMAGINACIÓN

El teléfono me arranca violentamente del sueño. Hace frío. Tengo la sensación de estar viviendo un déjà vu. El horizonte parece limpio. Al menos arriba de mi casa no hay misiles, ni llantos prolongados. Los dedos de la mano los tengo helados. Es domingo. Un duende aparece en mi imaginación. Tiene colmillos de cocodrilo y ojos de cadáver. Yo trato de ignorarlo, porque no es bueno andar imaginando duendes con nariz aguileña. Pero él insiste en manifestarse, así que lo dejo… Lo que más me molesta es que tiene la voz de Michael Jackson, y hace el “moonwalk” mientras se ríe y me muestra sus colmillos filosos. Kiki, mi tarántula, me grita desde tu terrario que la deje salir: “Oye cabrón, a ti no te gustaría estar en un terrario, déjame en la selva, sino el duende que estás imaginando te va a morder la yugular.” Yo me quedo pasmado, me siento en el sillón donde abro los libros y comienzo a ser partícipe de las historias que me cuentan los escritores que escojo. Y vale, debo confesar que de niño tuve un amigo imaginario. Era un niño guapo, casi como yo. La gente decía que se parecía mucho a mí (Mentira, sólo yo lo podía ver). Pero nunca tuve un duende imaginario. Y menos ahora, que ya estoy grandecito; no me puedo permitir este tipo de idioteces. Así que regreso a la computadora a escribir todo esto. El teléfono timbra. Yo no quiero contestar, me asusta la idea que pueda ser dios y me pida algún favor. Así que con un nudo en la garganta me regreso a la cama, para dormir e ignorar las cosas que mi imaginación me dicta. Ahora sólo falta que me pene se ponga a cantar, pienso. Y así sucede. Con una voz prodigiosa, entona alguna obra de Verdi. Pero hábilmente me pongo mis pararrayos testiculares y me tomo la pastilla del sueño. Pero vuelvo a despertar. Despierto del sueño real. Despierto a la realidad, vamos a la vida real, y no a una realidad onírica. Pienso que es jodido despertar en un sueño. Para asegurarme que estoy en la realidad, miro mi pene, glorioso y estático, le pido que cante,  pero él es incapaz de cantar. El duende ya no aparece, o al menos está muy ocupado apareándose con las nubes. Kiki no hablay sé muy bien que nunca habló ¿O sí? Félix está acurrucado justo al lado de Simona, y Simona, con sus enormes ojos negros, me mira como diciendo: “Ya volviste a tener pesadillas.”

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