Tengo la lengua cansada de tanto lamer esperanzas absurdas. El verdadero problema radica en la posibilidad de lo imposible. Intentar tomar medidas reales de una nube, ordeñar vacas con tetas de color violeta o gritar que te sientes Jesucristo en plena misa con cardenal pedófilo y acólito resentido. La memoria no da para más. La noche fue un poco de sueños que no logro develar. Mi mañana anuncia estrés y ritmo propio de ciudad de México. Yo me estiro en la cama como gato. Dormí con el televisor encendido. Aún un tipo habla de la próstata vencida. ¿O hablan de una escaladora que con cinco minutos al día te modelará las nalgas al estilo de Monique Fuentes? Si dios se asomara esta mañana de su nube, yo sonreiría toda la vida. Afuera una señora camina sin tetas ni sonrisa. Trae biblia y revistas Atalayas. Toca de puerta en puerta. Si hubiera tenido mejor cuerpo, estaría bailando en algún burdel, lo sé cuando abro la puerta sonrientemente y le digo que soy budista.
VIERNES FOTOGRÁFICO: TEPOZTLÁN
Si hay un lugar que me gusta es Tepoztlán, Morelos. Místico y misterioso. Puedo sentir que dios se pasea ahí en mangas de camisa. O entender que el tiempo juega con los sentidos, con las sensaciones… Sí tuviera que escoger un lugar para mi niñez… sin duda, sería este. O quizá para pasar mi vejez… que ya comenzó desde mi pasado cumpleaños…
ESTRELLAS LIQUIDAS
La tarde quema como mirada de felino. El minutero me dicta que debo de ducharme. Es la levedad del ser. Ya casi es invierno. El otoño ha traído consigo viento y resequedad en la piel. Tengo que untarme de crema los brazos, y la sonrisa. No quiero avanzar a tientas esta noche. Quiero buscar una copa de vino, o por lo menos un mate en la nevera. El desierto palpita en alguna parte del mapa. El tráfico escandaliza mis nervios. Yo debo estar en una junta en cualquier momento. Debo de crecer, y hacerme hombrecito. Mi cabello habla de las ideas más absurdas. Tengo las uñas sucias, y los colores han quedado embarrados en la tela. Hay un cuadro que aún no termino. Tengo sed pero no eructo. No hay motivo para la alarma. Estoy adormilado. Ya habrá tiempo para una siesta. Debo de seguir matando orcos en la ladera más próxima. No tengo idea cuánto durarán estos mil años. Me arde la garganta. Añoro que de mis ojos salgan fotones que se incrusten en los rinocerontes que imagino todo el tiempo. Aún no hay manantiales en los desiertos de tu mente. Pero ya inauguraremos una tienda de agua embotellada. O un grifo de donde salgan estrellas líquidas y mitiguen por fin tu sed.
NISAN.:
El templo lucía extrañamente pacífico. Quizá el Gran Maestre se había resignado. Apareció con una toga y la mirada oscura. Mientras caminaba por la sala, yo apreté el anillo que traía entre los dedos. Una paz fingida, que suponía la antesala a un siniestro. Nadie dijo nada. El Gran Maestre sacó un crucifijo y pronunció algunos versos en latín. El silencio era cada vez más grande. Un helado vientecillo recorrió mi espina dorsal. Algunos pronunciaron palabras que no podía entender. Era el mes de Nisán, el mes primero, el mes de Abib. Nadie era judío. Sin embargo alguien dijo: “Siete días comerás ázimos y el día séptimo será fiesta de Yahveh… En aquel día harás saber a tu hijo: ‘Esto es con motivo de lo que hizo conmigo Yahveh cuando salí de Egipto’ “. El Gran Maestre mostró sus ojos. Eran rojos como dos piezas de carbón que arden. Había fuego en su lengua, y la consumación de la cena que Jesús hizo siglos atrás antes de marcharse al Getsemaní. El Gran Maestre dio algunas instrucciones. “Hermanos y paganos del mundo.: “Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año” Hablaba de cuando el pueblo escogido fue liberado de Egipto. Hablaba de Ghetto de Varsovia. “Guardarás el mes de Abib, y harás pascua a Yahveh tu Dios; porque en el mes de Abib te sacó Yahveh tu Dios de Egipto” Había caras de regocijo, había caras de satisfacción. Se podía sentir la alegría de la gente libre. “En el mes de Nisán, el año veinte del rey Artajerjes, siendo yo encargado del vino, tomé vino y se lo ofrecí al rey.” Pero el rey también era un esclavo. O un escarabajo. Tomé mi pene fuertemente entre mis manos, sólo para asegurarme que seguía siendo humano. Yo miraba esclavitud por todas partes.:
BETANIA
Hay un reloj viejo en el muro que se detuvo a las tres cuarenta de alguna madrugada. Amanece lentamente y con la tibieza aún del sueño, me levanto con las ojeras propias del desvelo. Tengo sed. Una corriente de frío entra cuando la claridad empieza a anunciar en el cielo la presencia tímida el sol. Yo tomo un libro de Vargas Llosa. Las noticias siempre son las mismas. Así que apago el televisor y pongo algo de Sarah Brightman. La cafetera me anuncia que es momento de tomar un mate. Son las seis de la mañana. Enciendo un cigarro y me miro al espejo. Repaso un poco los correos que debo contestar, y los que no. La agenda me dicta un día holgado. Quisiera estar frente al mar. El rumor de la ciudad comienza a despertar. La vieja motocicleta del cartero se anuncia 200 metros antes de depositar un sobre en mi buzón. Veo la foto de Salvador Dalí que tengo en uno de mis muros. Cebo el primer mate del día. Su tibieza me reconforta. Descubro un viejo poema que jamás terminé de escribir. La esperé por horas en la sala de un aeropuerto, pero Betania nunca llegó. Su avión cayó en el Atlántico, y yo me quedé con una flor entre las manos, y todas las palabras que jamás pude decir. Recuerdo que esa mañana no lloré. Tampoco me salía palabra alguna, y después de más de ocho horas, la flor seguía en mi mano, marchita y húmeda. Yo me aferraba a ella como para no caer en el abismo. Pero caí. Cuando me quitaron la flor ya estaba en el hospital. Me dieron pastillas para tranquilizarme. Entonces pude llorar.
ATARDECER
Cuando salí a observar el atardecer, las nubes me anunciaron que Noviembre está terminando. Los cielos de otoño son los más hermosos que he visto. Ni en la patagonia ni en Chicado existe cielos con esta particularidad. Las nubes parecieran tejer los sueños que tenía cuando era niño, de cuando me acostaba por horas en el jardín, tratando de descubrir las formas de las nubes mientras imaginaba en el niño de las estrellas, o dragones y unicornios. Era la época en la que yo me preocupada únicamente por caramelos y por mis juguetes. Me gustaría que dios se asomara por detrás de esa nube, y me dijera que por fin exterminó a tanto hijo de puta que anda suelto por ahí. Yo sigo pensando que es hermoso montar dragones de color escarlata, zurcando los cielos hasta encontrarme con él, y sentarnos en alguna parte del universo, para platicarle como es la vida humana…
(Vale mucho la pena darle click a la imágen para que la acceses en High Resolution y puedas ver el cielo tal y como lo estaba mirando esta tarde, mientras dios se escondía tras esas nubes, y en silencio anunciaba todo su podería y el alto grado de estética que tiene en su infinita presencia.)
VIERNES EN LUNES
Escucho el teléfono sonar. La noticia de que mi hermana se desmayó en el tren de Beirut. No siento mucho. Quizá un poco la nostalgia de qué tan lejos estamos. Ella decidió irse lejos, muy lejos de mi vida. Extrañamente papá lloró. Mamá no. Sólo fue un desmayo. Le bajó la presión. En la medida que pasa el tiempo nos vamos orillando o somos más propensos a recibir las noticias en la lejanía. La calle está gris y yo tengo ganas de dormir. Los lunes son los días que menos me gustan de la semana. Aunque son los días también en las que cierro un contrato o alguna clase de negocio. Pero seguiré haciendo lo que mejor sé hacer… Imaginar que es viernes.
FÉLIX Y EL BAÑO
Como todo buen padre, uno siempre se siente orgulloso cuando un hijo vence una resistencia, o tiene un logro. Y Félix, con su mes y medio de vida, y apenas 3 días de adopción, ha hecho del baño, en el arenero… Y además de orgulloso, me siento más tranquilo, porque cuando regreso a casa, ya no encontraré esas sorpresas tan desagradables. Félix es un gatito muy cariñoso, muy inquieto, extrovertido, carismatico, con buen porte, y muy, muy inteligente… Vamos, como yo…

MI SECRETO
Llevo días creyendo que algo va a suceder. Y eso siempre es una tentativa a la huída. A la repentina y drástica mordida de perro con mandíbula babeante y cuatrocientos kilos de presión. Me levanto semidormido, pensando que hoy puedo recibir una buena noticia. No sucede. Sino que la fría mañana me recuerda lo vulnerable que puedo llegar a ser. Tengo sed y abro una botella de agua. Hay un grillo chirriando en alguna parte de la casa. Oigo su grillar y me desespera. Suena el teléfono. Si no es veneno, también puede ser patada testicular. La mañana avanza sin mucho alboroto. Voy al terrario de Kiki, mi tarántula rosada. Abro y comienzo por sacar el recipiente de agua, los grillos que no ha querido comer y que a fuerza de convivir con ellos he tenido que ponerles nombres. Caín y Abel. Kiki generalmente está tranquila. Su característica es que de pronto, dejar de comer. Por semanas o meses. Con sus doce ojos sólo mira a los grillos y los ignora. La muy digna regresa a su nido, seguramente esperando caviar o langostas. Pero esto es lo que hay. Esto es lo que comes, pienso. Ella camina por mis hombros, por mi espalda. Yo aseo cuidadosamente su terrario. Kiki levanta las dos patas delanteras en señal de defensa. Puede morderme si hago un movimiento brusco. Talla las patas de atrás para soltar sus pelos y encajármelos en la piel. Se ha enojado. Yo también estoy enojado. No debe comerme. Soy muy grande para ella, y si me come, morirá de indigestión. Y no quiero que muera. Así que también levanto la guardia. Su ventaja es que ella está en mi espalda. Mi ventaja es que yo, con anteojos, tengo una mejor visión que ella con sus doce ojos. Me quedo inmóvil. Ella se relaja, quizá sea que reciba las vibraciones de The Cure sonando en el iPod. Ella avanza como seducida hacia mis hombros. Yo pongo la mano (según la recomendación de mi veterinario) y por fin decide subir. Su vida se limita a comer grillos, y quedar inmóvil por horas. A veces está pegada en los cristales de su terrario, como mirándome. Sé muy bien que esto es improbable. Pero me gusta imaginar que ella me observa, tal como lo hace Simona, mi cocker spaniel inglés, o Félix, mi minipantera, por horas. Ellas, mis mascotas, pueden confiar en mí. Yo confío en Simona y hasta en Félix, pero no en Kiki. La quiero sí, como se quiere a una tarántula. Con precauciones y cuidados. Con mentalidad fría, calculadora. Con extremo cuidado. Mi trato es cordial, pero defensivo. Su naturaleza puede traicionar a su calma. Su instinto es más grande que su raciocinio. Así que existe una distancia inevitable entre ella y yo. Mi secreto es no esperar nada de ella, para no decepcionarme. Vale, lo clásico, lo normal, lo de siempre, lo cotidiano, como si se tratara de un humano.
VIERNES FOTOGRÁFICO: FÉLIX, EL NUEVO MIEMBRO DE LA FAMILIA
Así es forenses. Esta vez le dedico este post a Félix, el nuevo miembro de la familia M2ATK. Félix es un cahorrito de gato. Duerme en mis brazos como media hora. Se despierta maullando histéricamente. Come una croqueta y se vuelve a dormir. Simona lo mira y me mira. No entiende mucho. Está celosa, pero su instinto protector la hace ceder de a poco aún y pese a sus celos. Ambos se adueñaron de la cama. Yo comienzo a ver el suelo, como la opción más viable… Así son los hijos…



















